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Woody Allen y su crisis televisiva

[Reseña sin 'spoilers'] ¿Has visto ya 'Crisis in Six Scenes'? Es difícil pensar que el guión de esta serie se hubiera desarrollado para la pantalla pequeña si su autor no fuera el genio de Manhattan.

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Un fotograma de Crisis in Six Scenes.

Amazon Studios

La entrevista que Woody Allen ofreció el año pasado durante el Festival de Cine de Cannes debería habernos hecho sospechar. Que Allen dijera que nunca había visto Mad Men o The Sopranos no era buena señal. Que el maestro de la comedia romántica hubiera recibido el encargo de escribir y dirigir una serie para un medio de prestigio como Amazon y no se hubiera formado con los pilares de la era dorada de la televisión no tenía buena pinta. Que sus hábitos televisivos se limitaran a béisbol y las (excelentes eso sí) entrevistas de Charlie Rose no prometía mucho.

A pesar de ello le dimos una oportunidad. No queríamos prejuzgar el talento del genio de Manhattan. Y el viernes pasado nos dispusimos a una sesión televisiva completa para ver los seis episodios que Amazon había estrenado de la primera (y única) temporada de la serie de Allen, Crisis in Six Scenes.

La sensación de decepción no se hizo esperar. Más que una serie de seis episodios, Crisis in Six Scenes parece una película larga (de la que Allen escribió el guión y nunca se molestó en reescribir o pulir para eliminar esas secuencias superfluas y que no llevan a ningún lado). Los episodios terminan y empiezan en puntos aleatorios, como si ese filme largo simplemente se hubiera dividido en pedazos de longitud equitativa para cumplir con la definición de "serie".

Pero esto no es una serie al uso, y mucho menos un producto de la televisión de calidad a la que tan acostumbrados nos tienen Netflix, HBO, Showtime, la BBC, AMC, FX o el mismo Amazon. Si el guión de Crisis in Six Scenes tuviera un autor diferente a Allen sospechamos que la serie no se hubiera producido nunca.

Y es precisamente la marca Allen lo único que consigue redimir mínimamente a Crisis. Eso es si te sigue divirtiendo ver a Allen interpretando al típico neurótico e hipocondríaco que habla demasiado y no acaba de estar contento con nada.

En ese caso, échale un vistazo a Crisis in Six Scenes. La serie está ambientada a finales de los 60 y Allen interpreta en ella a S.J. Munsinger (la similitud con el nombre J.D. Salinger no es casual y podríamos eximir Crisis in Six Scenes sólo por las referencias repetidas al autor de El guardián entre el centeno). Munsinger es un escritor que ha recibido el encargo de escribir una serie de televisión y no parece tener muy claro cómo hacerlo, aplaudimos la capacidad de Allen de autoreferenciarse y burlarse de sí mismo. El escritor está casado con Kay (Elaine May), una especialista en terapia de parejas muy aficionada a disfrutar del vino y que participa en un club literario lleno de viejas glorias. El matrimonio básicamente vive una vida de lo más cómoda en una casa a las afueras de Nueva York hasta la llegada de Lennie (Miley Cyrus), una activista política que consigue revolucionar todo el mundo que rodea a S.J.

El tema de la radicalización política, que en el caso de Lennie y aquellos con quien la joven habla roza lo extremo y ridículo, es uno de los temas que pretende abordar la serie. Por suerte no se deja de incluir un "Cuidado con los fanáticos, sin importar lo justa que sea su causa" de labios de su protagonista. Sin este dogma, el mensaje de Crisis podría no haber quedado nada claro.

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Woody Allen y Elaine May en un fotograma de Crisis in Six Scenes.

Amazon Studios

Y es que la "serie" de Allen está planteada como una especie de comedia del absurdo casi teatral. Sus personajes hablan y hablan sin parar y se nota una evidente carencia de dirección de actores y prácticamente dirección en sí. La cámara puede estar fija en un plano abierto durante varios minutos sin que se produzca mucho dinamismo o cambio en la planificación. Una técnica, la de la poca dirección de actores o el uso de planos fijos, que funciona en algunos filmes de Allen pero de la que aquí se abusa más y parecen casi una muestra de descuido y poco esmero.

A pesar de la música de tonos jazzísticos y pegadizos que Allen usa; de la riqueza de un reparto de actores amigos del autor y lleno de veteranos como Lewis Black o Joy Behar; o del uso de chistes y temas recurrentes que van repitiéndose a lo largo de la serie, la mayor crítica que podemos hacer de Crisis in Six Scenes es lo poco televisiva que es.

Y es que le recomendamos a Allen que, incluso si nunca vuelve a atreverse con la pequeña pantalla, disfrute de una sesión de sofá y un poco de mafia italoamericana o publicistas neoyorquinos. Siempre es mejor atreverse a practicar un nuevo arte habiéndose empapado de los clásicos primero.