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Televisión y cine

Un extraño enemigo: La propuesta mexicana de Amazon Prime no inspira ni emociona

[Reseña con algunos 'spoilers'] Televisa y Amazon presentan una serie inspirada en los violentos eventos del 2 de octubre de 1968 en México. Pero, cuando todos los personajes son deleznables, ¿qué opciones nos quedan como audiencia?

Como mexicano, tenía muchas ganas de que Un extraño enemigo, la nueva serie de Amazon Prime producida por Televisa, me gustara.

Pero tras ver los primeros dos episodios, la serie sobre los sucesos que llevaron a los trágicos eventos del 2 de octubre de 1968 -- una matanza estudiantil perpetuada por el gobierno mexicano -- me decepcionó en muchos frentes.

Un extraño enemigo está estructurada como un thriller político en donde los gobernantes y poderosos mueven todas las piezas y el resto de la población -- incluyendo los estudiantes -- son sólo sus peones. El protagonista es el maravilloso Daniel Giménez Cacho, uno de los mejores actores del país quien apareció en el debut de Alfonso Cuarón, Solo con tu pareja, en los años 90. Pero a Giménez Cacho le han dado una tarea extremadamente difícil: llevar el peso de una serie con un personaje deleznable.

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Daniel Giménez Cacho es Fernando Barrientos en Un extraño enemigo.

Amazon

Claro, en la historia reciente de las series de las plataformas de streaming hemos visto este recurso antes. Basta pensar en House of Cards. Pero mientras el personaje de Kevin Spacey era creativo y carismático, el de Giménez Cacho (Fernando Barrientos) es gris y despiadado, sin las capas necesarias que le darían otra dimensión: un poco de su historia familiar, un gesto humano de vez en cuando, una pizca de sentido del humor. A Francis Underwood le bastaba mirar a la cámara directamente para hacernos cómplices; en el caso de Barrientos, el efecto de conocerlo es un malestar estomacal.

En estos primeros dos episodios se nos ha indicado varias veces que Barrientos podría tener una historia más profunda y humana. Pero el recurso torpe y obvio que eligió el director Gabriel Ripstein es un niño fantasma que se le aparece a Barrientos en ocasiones para hablarle y reafirmarle su convicción de que todo el terror y el caos que está sembrando en México es por una buena causa. Obvio, pronto sabremos quién es ese niño. Lo que pasa es que ya no me importa mucho saberlo.

(Otra decisión decepcionante es la de filmar toda la serie con un estilo de colores deslavados que recuerda a la tecnología Technicolor y que no hace justicia a las buenas locaciones, como Ciudad Universitaria o la alberca olímpica).

Barrientos es el director de la llamada DNS, un brazo de la secretaría de Gobernación dedicado al trabajo policial sucio. Alfonso Corona del Rosal, el regente de la Ciudad de México, quiere desaparecer la unidad, por lo que Barrientos decide apoyar a su jefe, Luis Echeverría, para desestabilizar la ciudad y hacer quedar mal a Corona del Rosal frente al presidente, Gustavo Díaz Ordaz, cuya única obsesión es ejecutar unos Juegos Olímpicos sin contratiempos.

Pero los creadores de la serie nos quieren hacer creer que el aparato policial mexicano es lo único que controla las riendas de la crisis impulsada por las demandas de estudiantes que buscan más espacios de expresión. Como dije antes, en estos dos episodios los estudiantes son solamente títeres, y todos los personajes que han estado en cámara son o instrumentos del poder, o los poderosos que mueven esos hilos. Es una perspectiva muy unidimensional de un tema complejo.

Entre esos poderosos están dos de las figuras políticas más odiadas de la historia de México: Díaz Ordaz, a quien como presidente de México se le culpa de las masacres. Y Echeverría, quien fuera su sucesor y a quien también se le conoce por su mano dura. Uno pensaría que con el foco en estas dos figuras de la política mexicana podríamos sentir más empatía por los otros personajes de la serie, pero Barrientos incluso hace que Díaz Ordaz parezca un político iluso y manipulable. Pero no lo era, y ese es parte del problema de esta serie.

Claro, esta es una serie de ficción. Pero al elegir temas y personajes históricos, los creadores se han metido en camisa de once varas. Tienen que decidir cuán fieles serán a esa historia conocida, y cuánto se van a desviar. Al elegir una sola línea narrativa (el poder lo controla todo) han dejado fuera otras, dando una sensación de simplificación que el tema no merece. A eso hay que sumarle una selección musical mediocre -- sobe todo al final de los episodios que vi -- y un ritmo que no acaba de marcar suspenso, intriga y, mucho menos, giros de tuerca que hagan la narrativa más interesante. Pasar de maldad a maldad, de atrocidad a atrocidad, de incompetencia a incompetencia es un tanto deprimente. Las mejores series tienen picos y valles -- no suceden siempre en el mismo plano.

Para los mexicanos, el 2 de octubre está lleno de recuerdos dolorosos. Es una etapa infame de la historia mexicana que requiere salir a la luz para conocerse y entenderse mejor. Un extraño enemigo quiere ser una serie inteligente y entretenida, pero en ese afán simplifica los eventos de 1968, un momento histórico complejo que tendrá que esperar otra oportunidad para explicarse mejor.

Un extraño enemigo se estrena en Amazon Prime el martes 2 de octubre.