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Tiger King: Una sobredosis de locura estadounidense en Netflix

Joe Exotic, dueño de un zoológico, cantante de country y polígamo, es el protagonista de esta docuserie que revela el oscuro mundo del tráfico de tigres.

La directriz de mi jefe fue clara: mira tres o cuatro capítulos y a partir de ahí hacer una reseña de lo que podíamos esperar de esta serie. No pude: eran las tres de la madrugada cuando apagué el televisor luego de ver los siete episodios de Tiger King. Y créanme, esta docuserie de Netflix que desmenuzaré a continuación, vale cualquier tipo de ojera. 

Tiger King se centra en Joseph Maldonado-Passage, mejor conocido como Joe Exotic, propietario de un zoológico en Oklahoma. Los tigres son la mayor atracción de este sitio y, en cierta manera, también Joe y sus canciones. Para ponernos en contexto, los directores de la serie, Rebbeca Chalkin y Eric Gode, explican que en Estados Unidos hay más tigres en cautiverio que los que hay en su hábitat natural. Lo que parece una simple estadística, es la introducción para mostrarnos, casi como si fuera un reality show, la lucha a muerte por dominar este mercado.

El primer capítulo, llamado Not Your Average Joe, presenta a Joe, un sujeto muy particular, con un corte de pelo de los años 80, aficionado a las armas y que intenta sacar adelante su negocio con un programa en Internet. El argumento parece una idea de los creadores de South Park luego de consumir ácido y que bien podría protagonizar David Spade (imagina a Joe Dirt). El tono paródico cambia muy rápido de color cuando conocemos a Carole Baskin, la rival de Joe.

Baskin también tiene un zoológico, también se beneficia económicamente de los tigres, también tiene un extraño pasado —y fácilmente podría ser interpretada por Mellisa McCarthy en nuestra versión cinematográfica imaginaria—, y acusa públicamente a Joe de maltrato animal. El duelo entre Joe y Carole abre una caja de pandora que deriva en una serie de eventos desafortunados, arrastrando a un montón de personajes secundarios. 

Esos personajes secundarios son los que redondean la trama —digna de los hermanos Coen. Por ejemplo, conocemos a otros dueños de zoológicos, como Bhagavan Antle (una mezcla entre el famoso ilusionista Penn Jillette y Will Ferrel). Como si fuera un culto religioso, Antle recluta mujeres hermosas para explotarlas, administrar su negocio y vivir con ellas. Joe lo ve como un modelo a seguir y en consecuencia inicia la poligamia con dos hombres. ¿Les parece que cada línea que escribo es más disparatada que la anterior? Les aseguro que ni eso los preparará para lo que verán.

A diferencia de otras docuseries disponibles en Netflix, como Wild Wild Country o Making a Murderer, que echan mano de técnicas audiovisuales depuradas, como la música del compositor Gustavo Santaolalla, la recreación histórica y los planos artísticos, Rebbeca Chalkin y Eric Gode tienen plena conciencia de la peculiar historia que tienen entre manos, por lo que agregan en diferentes capítulos canciones que fueron compuestas por el propio Joe Exotic, lo que resalta el egocentrismo del personaje y recuerda a mockumentaries, comoWalk Hard: The Dewey Cox Story (2007).

Cuando terminé de ver Tiger King, me vino a la mente un pasaje del libro Crónicas de América profunda, de Joe Bagant: "Puedo vislumbrar la razón de que millones de urbanitas, cuyas familias vinieron de ciudades europeas superpobladas y desembarcaron en Ellis Island, no alcancen a comprender los vínculos entre las armas, la supervivencia y el patriotismo de los primeros colonos celtas y germánicos que habitaron estas tierras. La razón es que la pólvora apenas forma parte de sus vidas. Por desgracia, esa completa falta de conocimiento y experiencia no impide a los liberales urbanitas no aficionados a la caza creer que saben a ciencia cierta qué es lo mejor para los demás, o simplemente reírse de aquello que no comprenden".

Esa es la sensación que me dejó la serie al final: nos reímos de lo que no comprendemos y esa risa, obviamente, no es sana. Porque más allá del cierre que intentan los directores en el último capítulo, un tímido alegato a favor de los derechos de los animales, lo que nos deja atribulados es la incapacidad de los involucrados para comprender el problema en su justa dimensión. 

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