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The Irishman: La larguísima nueva historia sobre mafiosos de Martin Scorsese para Netflix

[Reseña sin 'spoilers'] Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci forman el reparto de lujo de una película que echa mucha mano de la tecnología de rejuvenecimiento.

The Irishman

Robert De Niro.

Netflix

Voy a obviar las declaraciones recientes de Martin Scorsese sobre las películas de Marvel y el cine que tan fáciles son de sacar de contexto y de poner en su contra. Y tengo que aclarar que a pesar de lo mucho que me gustan Goodfellas y The Departed, mi película preferida de Scorsese no es ninguna de ellas. Tampoco lo son Taxi Driver o Raging Bull sino la intimista y falta de toda violencia The Age of Innocence.

Dicho esto, hablemos de The Irishman. La película del cineasta italoamericano para Netflix y que reúne a los tres pesos pesados de la actuación Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino no me ha parecido la obra maestra que a muchos otros críticos.

Se trata de un filme increíblemente bien elaborado, dirigido, rico en su uso del lenguaje cinematográfico, con interpretaciones magistrales y una utilización muy interesante de la última tecnología de moda en Hollywood: la del rejuvenecimiento digital de actores. Pero The Irishman es también una película increíblemente larga, que trata temas que Scorsese ha abordado ya repetidamente en su filmografía y que tiene un reparto de lujo sí, pero donde los personajes femeninos son insignificantes. No es que The Irishman no pase el test de Bechdel. Es que es una película que parece hecha antes de la era en la que cobró relevancia tener al menos dos personajes femeninos que hablen entre sí de algo que no sea un hombre.

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Al Pacino, Robert De Niro.

Netflix

Hay muchas cosas en The Irishman que te van a sonar de algo. Desde los planos secuencia con cámara en mano recorriendo pasillos a modo de presentación de los espacios y protagonistas; a la historia mafiosa en la que hay invariablemente un personaje con poca paciencia y que acaba perdiendo los papeles, exasperando a todo el mundo y buscándose problemas; el uso de actores fetiche en la filmografía de Scorsese, ya no solo De Niro o Pesci, también Harvey Keitel, Jack Huston (Boardwalk Empire), Ray Romano (Vinyl) o Bobby Cannavale (Vinyl). Por no hablar de los paralelismos o guiños a Goodfellas. The Irishman está ambientado en la Costa Este estadounidense en un periodo comprendido entre las décadas de los 50, 60 y 70. Las mujeres vuelven a fumar, llevar uñas larguísimas y lucir peinados de pelo cardado. El crimen organizado se retrata con la sabiduría de un infiltrado. Y el club Copacabana y el barrio Little Italy de Nueva York hacen un cameo.

Más allá de la nostalgia que pueda entrar en momentos como la primera vez que Keitel aparece en la pantalla inmaculadamente vestido y con gafas oscuras o cuando el personaje de De Niro empieza a hablar italiano, The Irishman cuenta también con una larga lista de actores de reparto que hemos podido ver en series del género mafioso como Boardwalk Empire (Aleksa Palladino, Louis Cancelmi) o The Sopranos (Kathrine Narducci, Paul Herman, Steve Van Zandt). Además de incluir a algunos veteranos de The Wire (Domenick Lombardozzi, Paul Ben-Victor) con los que siempre apetece reencontrarse. Jesse Plemons y Anna Paquin completan el reparto con dos personajes que no acaban de exprimir sus muchos talentos. Sobre todo el de ella, todavía no entiendo para qué necesitaba Scorsese a una actriz ganadora de un Oscar que en la película apenas tiene una frase de diálogo.

Más allá de esa fórmula de "grandes éxitos" de Scorsese, la historia de The Irishman está basada en el libro I heard you paint houses (He oído que pintas casas) sobre la misteriosa desaparición de Jimmy Hoffa (Pacino), un famoso sindicalista estadounidense. Hoffa es un adicto al helado con vinculaciones con la mafia y que no soporta que la gente llegue tarde. De Niro es a su vez "el irlandés" Frank Sheeran, alguien que se dedica a la pintura de casas (la metáfora que usan en la película y que al parecer usaba la mafia para referirse al hecho de matar a alguien por encargo). El tipo de persona que se estaciona entre dos espacios de aparcamiento, ocupándolos ambos, y que es capaz de darle una paliza a un tendero delante de una de sus hijas.

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Robert De Niro y Joe Pesci.

Netflix

De Niro, que luce unos ojos azules tan desconcertantes como su supuesta cara de trentaitantos años conseguida a base de digitalización, interpreta a este irlandés que acaba mezclado con el crimen organizado de la mano de Russell Bufalino (Joe Pesci). Mentiría si dijera que en ningún momento sentí cualquier tipo de empatía por alguno de estos hombres.

Esta historia basada en hechos reales pero que no deja de ser una especulación sobre lo sucedido con Hoffa está entretejida con momentos de la historia estadounidense como la presidencia de John F. Kennedy, su asesinato y el escándalo del Watergate. En una de las pocas licencias que Scorsese se permite para el humor en la película, el cineasta nos presenta a los miembros de esta red mafiosa que van cruzándose en la vida del personaje de De Niro explicándonos de qué forma y cuándo murieron, congelando el fotograma y añadiendo unas palabras explicativas en la pantalla. La mayoría de ellos fueron asesinados, gajes del oficio.

Mentiría si dijera que no disfruté mucho en algunos momentos de esta película, como una secuencia entre De Niro y Pacino -- dos de los actores que hicieron que me enamorara del cine -- en la que ambos comparten una habitación de hotel y van en pijama. Es una escena muy doméstica para dos intérpretes muy serios. Pero más allá de estos momentos para los nostálgicos del cine, The Irishman tiene problemas.

Por un lado está el uso de esa tecnología para rejuvenecer a sus personajes. Los planos medios de De Niro, Pacino o Pesci son fáciles de aceptar o hasta creíbles, pero a la que la cámara se acerca un poco más a estos actores, se nota que hay algo (¿píxeles?) sucediendo en sus rostros. Luego está el hecho de que los tres tengan prácticamente la misma edad en la vida real pero el espectador tenga que creerse que en The Irishman De Niro es en realidad bastante más joven que los otros dos, solo porque su rostro ha sido rejuvenecido un poco más que el de ellos.

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Jesse Plemons, Ray Romano, Robert De Niro, Al Pacino. 

Netflix

Pero mi mayor queja acerca de The Irishman es su duración. Tres horas y media es mucho tiempo. Es un título que recomiendo ir a ver al cine, para examinar en la pantalla grande el rostro digital de De Niro en toda su magnitud. Pero también porque tengo la sensación de que es imposible ver de una sola vez esta película desde la comodidad del sofá de casa. Si hubiera visto The Irishman en Netflix sé que a la hora y media de empezar hubiera parado para estirar las piernas o comer algo. Viéndola no pude evitar pensar: ¿por qué demonios no ha hecho Scorsese una miniserie de 4 ó 5 episodios? Podría haber desarrollado un poco más a algunos de los personajes. Además de darle al espectador la opción de simplemente pausar la visión en momentos escogidos por él mismo.

A pesar de mis problemas con esta película, sigo creyendo que es uno de los títulos imprescindibles de 2019. No solo por la forma en la que un cineasta ha revisitado algunos de los temas que han definido su carrera, ni por el uso de la tecnología, sino porque si hay algo en lo que Scorsese innova realmente con The Irishman es en la reflexión que hace sobre las implicaciones que tiene envejecer y cómo, con el tiempo, todos podemos acabar siendo insignificantes.

The Irishman se estrena en Netflix el 27 de noviembre y se distribuye en cines estadounidenses a partir del 2 de noviembre.

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