'The Hobbit' o cómo Peter Jackson extendió las palabras de Tolkien

Peter Jackson alargó cada vez más los libros de J.R.R. Tolkien en cada película de sus dos trilogías, hasta llegar a la menor proporción entre las palabras del texto y los segundos en pantalla en 'The Hobbit'.

En la trilogía de 'The Hobbit', cada segundo de película equivale a 3.12 palabras en el libro de Tolkien. Cortesía de Warner Bros. Pictures

Hace unos pocos días, mientras navegaba por Internet, me encontré con una nota que aseguraba que mientras ver las tres partes de la adaptación cinematográfica de Peter Jackson de The Hobbit requiere de 8 horas y media de tiempo, la lectura del libro del escritor inglés J. R. R. Tolkien, en una sola sentada, llevaría apenas poco más de 5 horas.

Algunos meses atrás alguien ya había hecho el ejercicio de comparar la forma en que habían sido construidas estas adaptaciones de la literatura a la pantalla: qué tanto del material escrito se convertía en minutos de película.

En The Fellowship of the Ring, cada 16 palabras se transformaron en 1 segundo de película. Para The Two Towers, el promedio bajó a 13. Y en The Return of the King éste cayó a 11 palabras del libro por cada segundo de película.

Las cintas de The Lord of The Rings, junto a las películas de Harry Potter, fueron las grandes producciones que pusieron el tono para que Hollywood centrara el resto de la década en la construcción de sagas y franquicias. Y quizás Peter Jackson pagó el precio de imponer esta moda cuando decidió adaptar The Hobbit.

Ok, quizá The Hobbit era mucho material para una sola película. Pero sacar de ese libro una trilogía entera en la que cada parte dura lo mismo que las versiones extendidas de las diferentes entregas de la saga de LOTR, sí resulta una exageración.

En la más reciente saga fantástica de Jackson, cada segundo de su nueva trilogía equivale a 3.12 palabras en el libro de Tolkien.

Esta fiebre hollywoodesca por crear trilogías le puedo haber dado a Jackson el argumento para conseguir la aprobación de su proyecto en tres partes, a pesar de o sin importar que la filmación se realizaría de manera continúa y total al inicio del plan.

Observando el resultado completo, es probable que Jackson haya dado prioridad a su curiosidad geek-nerd sobre las herramientas y juguetes que podía utilizar en esta trilogía (evidentemente un paso adelante de lo que logró en El señor de los anillos). En The Hobbit, eligió darle rienda suelta a esas extravagancias en cada posible escena y secuencia, lo que llevó a un innecesario alargamiento de buenas partes de la trilogía (la memorable cena de Bilbo y los enanos en la primera entrega es más larga que la cuaresma).

Para ser una cinta de aventura y acción, en partes de The Hobbit no sucede gran cosa.

Si en todo caso, de ser preciso el dato que compara la duración de la lectura de The Hobbit (la novela) con la duración de las películas de Jackson, es claro que la película está llena de paja y de material innecesario -- por lo menos equivalentes a 3 horas.

Siempre he tenido la interpretación de que las películas son como conversaciones con sus directores. Ellos ponen un tema y lo tratan de cierta manera o con cierto tono, provocando ciertas reacciones.

En esta ocasión, es como si Peter Jackson, emocionado en contarme un libro que le gustó, de describir los dragones, de narrar las persecuciones entre enanos y elfos, se tomara más tiempo en narrarlo de lo que me llevaría leer el libro.

Y eso se siente un tanto extraño, porque lo había hecho muy bien con The Lord of The Rings.

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