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Televisión y cine

The Boys o por qué extraño Friends y The Office

[Opinión] 'The Boys', la oscura serie de superhéroes de Amazon Prime, tiene un nivel de producción alto, personajes complejos y un giro interesante para el conocido género perfeccionado por Marvel. Entonces, ¿por qué me dejó deseando ver 'The Office' y 'Friends'?

The Boys, la serie de superhéroes imperfectos recién estrenada en Amazon Prime, está muy bien hecha y ofrece un giro interesante al conocido género.

Entonces, ¿por qué me dejó deseando ver algo más ligero, digerible y, hasta cierto punto, más fácil de procesar?

La serie trata sobre una corporación llamada Vought que gestiona los poderes de muchos de los superhéroes del mundo. Pero no solo los alquila para proteger ciudades como Baltimore, sino que también les lleva su imagen y carreras cinematográficas. En este mundo, los superhéroes te rescatan y salvan la vida, pero también te venden cereal, pasta de dientes y revistas de supermercado.

La élite de estos superhéroes se llama The Seven, los siete seres más poderosos y populares de la cartera de Vought. Entre ellos encontrarás símiles familiares: Homelander (el Superman del grupo), Translucent (el Hombre Invisible), Black Noir (Batman), Deep (Aquaman), A-Train (Flash) y Queen Maeve (Wonder Woman). Al grupo se acaba de unir una héroe soñadora y con principios llamada Starlight.

Sin embargo, la mayoría de estos superhéroes no son lo que parecen: son egoístas, violadores e, incluso, asesinos. En los primeros dos episodios (lo único que he visto hasta ahora) hay abuso sexual, un asesinato a sangre fría y un par de muertes en las que los observadores quedaron totalmente bañados de sangre. En la primera escena que los vemos juntos, los superhéroes pasan más tiempo debatiendo sus ingresos (reciben un porcentaje de ventas) que sus misiones.

También hay algunos humanos: en el primer episodio conocemos a Hughie y su novia Robin, quien es el víctima de la velocidad de A-Train en una de esas dos escenas sangrientas que mencioné. Hughie conoce a Butcher, un tipo sospechoso que al principio dice ser del FBI y quien claramente quiere vengarse de The Seven. Su procedencia e intenciones son siempre un tanto nebulosas.

Hasta aquí todo bien. De hecho, la producción de la serie es excelente, así como las actuaciones y los giros de tuerca en la historia. Elisabeth Shue está muy bien como la líder corporativa de Vought, y el Butcher de Karl Urban es exquisitamente denso. La acción es intensa, y la mezcla de humor negro con gore está bien calibrada.

Entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que desde la creación de las series de streaming (House of Cards, Orange is the New Black, Russian Doll, Narcos, Maniac -- incluso Stranger Things) hay una competencia entre los escritores de estos programas por ver quién nos deja más ansiosos y estresados en las noches. Todas las series que listé me han dado pesadillas, y a todas he vuelto para terminar de verlas porque cumplen con mis expectativas: buenas premisas, sólidos guiones, personajes interesantes, actuaciones completas. Las producciones de cable (desde Los Soprano, Breaking Bad hasta Game of Thrones) son sus predecesoras y funcionan de forma similar.

Usemos un restaurante como ejemplo: A veces queremos algo rápido y familiar (una hamburguesa), y otras algo exótico e innovador (hígado de llama en salsa de zarzamoras salvajes, trufa blanca y vinagre de 500 años) pero, en general, queremos algo variado. Incluso, me atrevería a decir que en el día a día queremos esa comida hogareña que nos hace felices y sanos.

Las series clásicas (de la televisión del siglo anterior) -- como The Office, Friends y The Big Bang Theory en el lado de las comedias, CSI, Law & Order y Suits en el lado de los dramas --, ofrecen algo similar a la comida del hogar: comfort. Las series de Amazon, Netflix y Hulu (también HBO, aunque no es un servicio de streaming tradicional) están diseñadas, en esencia, para causar un impacto temporal. Las otras, las sitcoms y series de drama inspiradas en la televisión del siglo XX, están diseñadas para generar familiaridad: conoces a los personajes y sabes de lo que son capaces, con muy pocas sorpresas. Incluso, cuando había sorpresa, eran del tipo de las que te advertían con semanas de anticipación. Incluso, la gran variable en esas series es la anécdota: los personajes y la fórmula siempre son iguales; lo que varía es la situación.

Insisto: creo que terminaré de ver The Boys. Sin embargo, ya extraño esas series que me daban un gozo más sereno, más tranquilo. Las que en ocasiones tenía encendidas en el fondo porque sabía que podría verlas una y otra vez. Son valores creativos y de producción diferentes; resultados distintos; experiencias muy disímiles.

Quizá algunas series como Stranger Things, La casa de papel o Las chicas del cable están ya cayendo en fórmulas que las ayuden a perpetuarse en el tiempo (algo que, en el contexto de esta columna, no es algo malo). Pero es posible que su dependencia en el shock -- que viene en su génesis -- acabe siendo su condena.

Está muy bien que existan los The Boys del mundo, pero verlos me hizo caer en cuenta una cosa: la reciente popularidad de Friends y The Office en Netflix habla, también, de que los espectadores queremos algo que nos deje dormir más tranquilos y contentos en las noches.

Porque, volviendo a la analogía de la comida, ahorita me hace falta un buen caldito de pollo. Los tacos de entraña y cabeza me los reservaré para después.

The Boys se puede ver ya a través del servicio de Amazon Prime.

Reproduciendo: Mira esto: La casa de papel 3: Momentos que nos han dejado con ganas...
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