Start-Up Chile: la central de la innovación en el Cono Sur

La incubadora es financiada por el gobierno chileno, que recibe 'startups' de todo el mundo para ayudarles a afinar, mejorar e impulsar sus proyectos.

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En un amplio espacio situado en la avenida Providencia, una de las principales arterias de Santiago, la capital chilena, tres decenas de personas trabajan en sus computadoras portátiles. Algunos charlan entre sí, otros hablan por teléfono. Son todos emprendedores procedentes de todo el mundo con un objetivo común: desarrollar sus compañías con la ayuda de Start-Up Chile, un programa creado por el gobierno chileno a través de la agencia Corfo a finales de 2010 para fomentar la llegada de startups al país y estimular así el crecimiento chileno.

Cuatro años después, más de 2,400 candidatos se presentaron a la más reciente convocatoria para lograr una de las 100 plazas de la aceleradora, que permiten a estos empresarios instalarse por seis meses en el país con ayuda económica, apoyo y asesoramiento.

Una aceleradora tiene como objetivo impulsar proyectos que ya se encuentran en desarrollo, aunque Start-Up Chile va más allá, al contar además con la misión social de estimular el ecosistema local.

"Start-Up Chile es una plataforma de atracción de emprendedores de alto potencial de los polos de innovación más importantes para poder cambiar la mentalidad y el ecosistema local a un sistema que esté mirando de manera global", dice el director general de Start-Up Chile, Sebastián Vidal.

Para ello, el programa no escatima en beneficios para las startups. Alrededor de US$35,000 para cada una sin pedir aportación a cambio. Un año de visado. Un espacio donde trabajar. Ayuda a los emprendedores para instalarse, para abrir una cuenta bancaria, para contratar un plan telefónico... Apoyo, asesoramiento y acceso a inversores y mentores. A cambio, el emprendedor debe contribuir con lo que Start-Up Chile llama "return value agenda", es decir, tiempo para ayudar a desarrollar la estructura empresarial chilena con conferencias, mentoría, trabajos específicos y otras posibilidades.

Tras cuatro años de programa con tres convocatorias al año, Start-Up Chile puede presumir de cifras. En septiembre de 2014 había apoyado 883 proyectos de casi 2,000 emprendedores de 71 países y llevado a cabo 3,800 actividades, como talleres, conferencias y encuentros empresariales. 259 proyectos han levantado capital que suma más de US$105 millones. Entre los éxitos se encuentran, por ejemplo, Flipter, una solución para encuestas que fue adquirida recientemente por 1World Online; Lab4U, que ha desarrollado una aplicación para convertir tu teléfono en un minilaboratorio con el que estudiar ciencia y acaba de ganar el Intel Global Challenge 2014; WeHostels, que permite reservar camas en hostales y contactar otros viajeros y fue adquirida el año pasado por StudentUniverse, o CruiseWise, una web de cruceros adquirida también en 2013 por TripAdvisor.

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Sebastián Vidal (derecha), presidente ejecutivo de Start-Up Chile, en sus instalaciones en Santiago, Chile. Marta Franco/CNET

Pero, independientemente de hasta donde lleguen estos proyectos - como en cualquier programa de este tipo, muchos acaban desapareciendo - una de las principales ventajas para los participantes es común a todos: la entrada en una red de contactos de emprendedores a nivel mundial.

Así lo cree el venezolano Rafael Odreman, fundador y director ejecutivo de la web de productos de diseño Disenia, que se encuentra ahora en Santiago como participante en la generación actual del programa: "Yo creo que a lo que más se le saca provecho es a los contactos, al ecosistema que se crea aquí, a tener startups que vienen de todo el mundo a desarrollar su idea".

El estadounidense Alex Soble, fundador y desarrollador de la aplicación Little Texting Diary, es de la misma opinión. "Después de haber pasado por Start-Up Chile, uno tiene conexiones muy fuertes con básicamente todo el mundo, conoce mercados por todo el mundo".

Durante el tiempo que pasan en Chile, los emprendedores no solo trabajan en su proyecto, sino que reciben asesoría, charlas, acceso a mentores, inversores... Referentes en la industria como Steve Wozniak, cofundador de Apple, o Tina Seelig, directora ejecutiva del Stanford Technology Ventures Program, son algunos de los profesionales que han visitado el programa.

La mexicana Celeste North, que pasó por el programa en el 2013 y cuya startup de distribución de cine online NuFlick ya no opera, también destaca el acceso a esta red de contactos como uno de los aspectos más positivos para los emprendedores, además de la visibilidad que proporciona un programa que ya se ha convertido en un referente en Latinoamérica y de la mentoría, prensa e inversionistas. En su caso, y aunque su proyecto acabó desapareciendo, la experiencia le sirvió para acabar en la empresa donde esta hoy, MUBI, también dedicada al cine por Internet.

North recomienda a los emprendedores que no se dejen llevar simplemente por la oferta económica - que no llega de inmediato y requiere una "inversión de tiempo" importante - y aprovechen su experiencia en el programa, que se relacionen y que trabajen en el espacio común para lograr visibilidad, hacer contactos y no perderse visitas u oportunidades inesperadas. "El avance de tu proyecto depende de ti", insiste. "Para un emprendedor que no tiene mucha experiencia es más difícil, porque con tantas empresas es difícil el seguimiento, y la información a veces se pierde un poco - añade -. "Pero como experiencia de aprendizaje lo recomiendo mucho".

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Las oficinas de Start-Up Chile, situadas en la Avenida Providencia de la capital chilena, son espaciosas y soleadas. Marta Franco/CNET

¿El Silicon Valley del Cono Sur?

El proceso para entrar en Start-Up Chile no es sencillo y la competencia es dura. El número de solicitudes ha crecido enormemente en unos pocos años, en parte gracias al apoyo de grandes empresas de Silicon Valley, del propio esfuerzo de la aceleradora por darse a conocer en el extranjero y de la repercusión en medios internacionales, que en algunos casos han aplaudido el espíritu del gobierno chileno por acoger inmigrantes con talento mientras que muchos en la industria de la tecnología, empezando por Mark Zuckerberg, critican las dificultades impuestas por Estados Unidos para hacer lo mismo.

El programa tiene tres convocatorias al año, y en cada una de ellas se seleccionan 100 proyectos de entre 1,500 y 1,800 postulaciones, según explica el director general. Es decir, 300 startups. La empresa encargada de evaluar los proyectos es Younoodle, que está basada en San Francisco y cuenta con una amplia red de mentores y jueces. Ellos son los que evalúan las propuestas y elaboran un ranking que envían a Start-Up Chile, que al final decide quién entra, aunque por lo general se respeta la clasificación de la compañía. Después comienza un periodo intenso en el que los emprendedores se instalan en Santiago, desarrollan sus proyectos, aprenden de sus compañeros y de los mentores y, para cumplir con los requisitos del programa, dedican su tiempo a difundir su conocimiento en el país.

‪Gestionar un programa gubernamental de este tamaño no es tarea fácil y Vidal asegura que desde el principio se ha trabajado para mejorar aspectos como, por ejemplo, la lentitud en la entrega de dinero. Pero, más allá de detalles técnicos, el reto es lograr el objetivo principal: la dinamización del ecosistema empresarial chileno.‬

"¿Cómo mejoramos el cambio social y cultural? Se ve el tamaño de las empresas, los diarios hablan más de emprendimiento, las universidades empiezan a tener ramas de emprendimiento... pero es difícil de medir", explica.

El otro desafío es la retención de talento extranjero, que Vidal cifra ahora en alrededor de un 15 por ciento. "Nosotros deberíamos mejorar las condiciones del país para que los emprendedores extranjeros se queden en Chile, generen empleo en Chile, y desde Chile a Latinoamérica o hacia el mundo - valora -. Pero no nos gustaría forzar a que la gente se quede. La idea es que la gente vea en Chile las condiciones necesarias para quedarse".

Celeste North no lo hizo. En su caso, el mercado resultó ser demasiado pequeño para lo que estaba buscando, además de que la decisión de cerrar llegó hacia el final de su paso por el programa. Rafael Odreman, por su parte, sí tiene pensado hacerlo. Desde el principio, abrir operaciones en Chile con Disenia fue parte de los objetivos de la compañía, que recientemente lanzó disenia.cl.

A su juicio, uno de los factores principales es el mercado objetivo, que influye en que los negocios "que no estén 100 por ciento enfocados en Latinoamérica" se acaben marchando. North opina también que "la clave está en que tu startup esté enfocada en el mercado local". Pero eso no es todo. El acceso a fondos es otro punto importante, señala Odreman. "Aunque Chile tiene un muy buen ecosistema de inversión post aceleración, no es un secreto que existen otros lugares en donde el acceso a fondos es más sencillo para determinados tipos de negocios. Si el startup recibe una interesante oferta de inversión proveniente de otro mercado o que implique tener que moverse, pues probablemente lo hará".

Start-Up Chile se ha convertido en una de las principales razones por las que periodistas y expertos de la industria se han lanzado a comparar Santiago con Silicon Valley. Su director, Sebastián Vidal, prefiere mostrarse cauto, pero sin dejar de intentar convertir Chile en un núcleo de transformación empresarial.

"Tenemos que buscar las ventajas comparativas que hacen de Chile un polo particular. Con sus ventajas, con sus necesidades, con sus debilidades... y con sus diferencias con Silicon Valley".