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Televisión y cine

Solo: A Star Wars Story: No es el mismo Han Solo que conocemos

[Reseña con pocos 'spoilers'] La película tiene buenos momentos dignos de la saga, pero la comparación entre Harrison Ford y el nuevo protagonista es inevitable, y la fórmula que ha implementado Disney comienza a sentirse repetitiva.

Si crees que podrás olvidarte de Harrison Ford cuando veas Solo: A Star Wars Story, estás muy equivocado.

La nueva cinta, que se estrena en Estados Unidos este 25 de mayo, trata de la vida del joven Han Solo, el personaje que Ford hizo famoso hace 41 años.

Ahora, le toca el turno a Alden Ehrenreich, un novel actor con buenas credenciales que ha aparecido en cintas de Francis Ford Coppola y Woody Allen.

Pero dejémonos de rodeos: el Solo de Ehrenreich no es el Solo de Ford. Mientras que este último era un ser desfachatado, sinvergüenza, egoísta e imprudente con un fuerte aroma a héroe, el Solo de Ehrenreich es un chico demasiado obsequioso al que le importa mucho más de lo que cree hacer el bien, a pesar de sí mismo.

Este nuevo Solo es un tipo escurridizo, capaz e incluso simpático y romántico. Pero mientras el Solo de Harrison se debatía en una moral muy gris, este dulce muchacho quiere caernos bien. Es el Solo de los millennials, pues.

Algo que me costó mucho superar es la diferencia de edad entre los dos actores cuando interpretaron por primera vez al personaje. Ford tenía 34 años cuando se estrenó de Episode IV: A New Hope en 1977 y Ehrenreich tiene actualmente 28 años. Me cuesta trabajo creer que únicamente pasarán 6 años entre este joven e impetuoso Solo y el otro más cínico, hábil y vivaz.

Dicho lo anterior, Solo: A Star Wars Story es una película amena que también pasa por complaciente e impetuosa. Hace todo lo que cree que debe hacer para gustarnos.

Y ese es un problema mayor. Mientras que Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher hicieron una película tan desenfadada que rayaba en el absurdo, ahora Disney nos ofrece una fórmula bajo una receta que cree haber perfeccionado pero que no funciona del todo. ¿Por qué? Porque no toma ninguno de los riesgos que tomaron las primeras seis.

Y sí, dije seis. A pesar de que las famosas precuelas han logrado el consenso general de que son desechables, realmente tienen un valor importantísimo del que carecen muchas de las Star Wars de Disney: Lucas seguía experimentando y corriendo riesgos. Esos riesgos pagaron muchos frutos en la trilogía original, y fallaron estrepitosamente en las precuelas. Pero son riesgos que Disney no se atreve a tomar.

Ron Howard, el director sustituto de Solo: A Star Wars Story, incluso contó recientemente que cuando escuchó la premisa de La guerra de las galaxias en los años 70 le "pareció absurda".

Ese reto que Lucas se planteó -- que iba de la mano de la experimentación desbordada que realizó Stanley Kubrick con 2001: A Space Odyssey -- pagó dividendos infinitos con la creación no sólo de múltiples películas sino de toda una galaxia que ha dado enormes frutos.

Pero a diferencia de lo que Disney ha hecho con Marvel -- cuyas tres películas más recientes, Thor: Ragnarok, Black Panther y Avengers: Infinity War, tendrán entradas prominentes en los libros de la historia del cine de cómics  --, las Star Wars de la empresa de Mickey Mouse resultan predecibles, enredadas y, digámoslo ya, desangeladas. Es como si les hubieras robado el espíritu de lucha de los guerrilleros rebeldes de la República.

La fórmula de Disney en Solo: A Star Wars Story incluye planetas sosos de agua y arena, robots con mucha personalidad (como el K-2SO de Rogue One, que en este caso es una robot femenina de opiniones muy fuertes -- y a veces fuera de contexto -- llamada L3-37), naves ultrarrápidas, explosiones espaciales y batallas galácticas.

Incluso incluye una misión, como casi todas las otras películas. Aunque le agradezco infinitamente no haber usado una arma tipo Estrella de la Muerte, la falta de imaginación es obvia. Ninguno de los planetas es entrañable, no hay alienígenas impactantes -- ni siquiera sensibleros como las aves Porgs o Ewoks --  y la decisión de prácticamente no mencionar al Imperio e ignorar a la Fuerza le resta credenciales para su inclusión dentro de la saga. No verás ni un sable de luz, y eso es una lástima. Algo que sí me gustó es que la cinta lleva el famoso óxido espacial -- ese look de usado y antiguo de los objetos que presenta -- a nuevos niveles, que le aportan mucha textura a las imágenes.

Pero mientras que en Rogue One (la mejor película bajo la batuta de Disney hasta ahora, en mi opinión) esa misión era fundamental para la supervivencia de la República y, también, clave en los eventos futuros de los episodios IV a VI, la misión de Solo: A Star Wars Story es la de una película de robo (heist movie) muy típica: un grupo de malosos trata de hacerse de algo de forma ingeniosa e ilegal. Los guionistas dijeron que quisieron hacer un Western, y lo lograron.

Además de introducirnos al joven Solo, la película tiene dos líneas narrativas: Han se une primero al Imperio y luego a un grupo criminal. Como miembro del grupo, usa su ingenio y creatividad -- sí, de forma un tanto obsequiosa -- para ayudarlos a robar un combustible increíblemente explosivo. El grupo es liderado por Tobias Beckett (Woody Harrelson), quien está fabuloso en el papel. (Paul Bettany -- como el malo malísimo Dryden Vos -- y Thandie Newton -- como Val, la pareja de Beckett -- están también muy bien). En esta narrativa, Solo y sus nuevos amigos harán de todo e irán a todas partes para hacerse ese combustible que Beckett necesita para pagar una antigua deuda.

El otro hilo es romántico. En medio de todo el caos esto aparece Qi'Ra (Emilia Clarke), el amor de la infancia de Solo y a quien este se prometió rescatar. Cuando la vuelve a ver, Qi'Ra ya no es una chica inofensiva y en el resto de la película la relación pasa de la tensión sexual a la ambigüedad moral una y otra vez. ¿Logra replicar la relación entre Leia y Han de la trilogía original? Rotundamente no. Lo único bueno es que Solo se plantea como el único personaje romántico: le gustan las mujeres y hace cosas por ellas. No se puede decir lo mismo de, por ejemplo, Luke Skywalker, quien parece ser un monje célibe.

Un problema que tengo tanto con Ehrenreich como con Clarke es que el rango de emociones que le inyectan a sus personajes es muy limitado. El personaje de Clarke es de moral claroscura, pero su actuación es de un solo tono (me hubiera encantado que tomara claves de la Doctor Smith de Parker Posey en la nueva Lost in Space de Netflix, quien puede pasar de la empatía al sadismo con una mueca). Y el problema de Ehrenreich es, como ya dije, que lo estamos comparando con Ford todo el tiempo.

Cuando conocimos a Han Solo en 1977 primero lo vimos negociando sagazmente con Obi-Wan y Luke su precio por transportarlos en el Millennium Falcon; segundos después mata a Greedo a sangre fría (una de las escenas más debatidas en la historia de la saga). El resto de la película fluctúa entre heroísmo, oportunismo e incluso flirteo. Todos sabíamos que el toma y daca con la Princesa Leia acabaría en romance. Y tras el famoso "Te amo", "Lo sé", de Episode V: The Empire Strikes Back supimos que ese amor trascendería todo. (En un momento de estupidez, los guionistas del nuevo filme metieron un "Te odio", "Lo sé" que supongo intenta hacer homenaje al momento de Leia y Han). 

A ratos, Solo: A Star Wars Story parece una guía para entender a ese Han de la trilogía original. En el filme descubrirás por qué Solo se llama Solo (seguro que lo adivinas), cómo conoció a Chewbacca, cómo se hizo del Millennium Falcon, cómo conoce a Lando Calrissian y por qué rompe el récord de la famosa Corrida de Kessel (uno de los eventos más mencionados en el canon de la saga). Incluso, se supone que acabaremos por comprender por qué es cómo es, lo cual es un tanto problemático porque Howard -- o quizá los dos directores anteriores -- pasan mucho tiempo demostrándonos que Solo es un tipo complejo que es capaz de hacer lo que sea por el amor. Pero su romance con Qi'ra (Emilia Clarke) nunca acaba de germinar -- se comportan más como amigos de la infancia, y no hay ninguna chispa entre ellos -- y, también, sabemos ya en qué tipo de hombre se va a convertir. No necesitábamos el instructivo paso a paso. (Por ejemplo, Beckett le repite varias veces a Han que nunca confíe en nadie. Y, dicho y hecho, queda demostrado hacia el final por qué no debe de confiar en nadie).

Quien sí brilla en pantalla, con la misma desinhibición de Billy Dee Williams -- quien hizo famoso al personaje, como administrador de la Ciudad de la Nube en el planeta Bespin -- es Donald Glover como Lando Calrissian. Glover se beneficia de no ser el foco de la historia, pero logra hacer suyo el papel y ofrece una actuación convincente y entretenida.

Una enorme fortuna es poder disfrutar a Chewbacca (realizado por el actor Joonas Suotamo desde Episode VII: The Force Awakens), quien es el mejor compinche de la ciencia ficción y, sobre todo, al Millennium Falcon. La nave es, desde la trilogía original, un personaje en sí mismo. Sin darte ningún spoiler, puedes anticipar que la verás viajar a velocidad superior a la de la luz y meterse por los recovecos más minúsculos. También aprenderás por qué su forma cambió de esta película a las otras.

En quien quizá ya no debemos de confiar es en Disney, empresa que ha hecho maravillas con la franquicia de Marvel pero que ha trastabillado en varias ocasiones con Star Wars. Si Solo: A Star Wars Story es una película de origen que quiere contarnos la historia de uno de los personajes más queridos de la saga, quizá Disney debería ir al origen de todas las cosas -- esa actitud rebelde, amante del riesgo -- que hizo posible la galaxia lejana y atreverse a ser el héroe del momento, como sabemos que Han Solo lo hará en casi toda oportunidad.

Solo: A Star Wars Story está dirigida por Ron Howard, con Alden Ehrenreich (Han Solo), Donald Glover (Lando Calrissian), Emilia Clarke (Qi'ra), Paul Bettany (Dryden Vos), Thandie Newton (Val), Joonas Suotamo (Chewbacca), Phoebe Waller-Bridge (L3-37), y Woody Harrelson (Tobias Beckett).

Fue escrita por Jon Kasdan (guionista y director de la película The First Time) y Lawrence Kasdan, padre de Jon y quien también escribió los guiones de The Empire Strikes Back, The Return of the Jedi (1983) y The Force Awakens (2015).

Solo: A Star Wars Story se estrena el 25 de mayo de 2018 en Estados Unidos.