Soledad Antelada Toledano: El reto de la ciberseguridad

[Latinos en tech 2016] Esta programadora se trasladó a San Francisco para empezar una carrera en ciberseguridad. Ahora defiende de 'hackers' al Lawrence Berkeley National Laboratory, uno de los centros científicos más prestigiosos de EE.UU.

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¿Qué se necesita para garantizar que nadie sea capaz de hackear la seguridad de un sistema en el que trabajan miles de personas?

Soledad Antelada Toledano tiene la respuesta. Esta ingeniera en ciberseguridad trabaja desde 2011 en el Lawrence Berkeley National Laboratory, conocido como Berkeley Lab, un enorme laboratorio nacional operado por la Universidad de California en Berkeley que conduce investigación científica para el Departamento de Energía de Estados Unidos. Su tarea: mantener el sitio libre de hackers.

La carrera de Antelada Toledano comenzó muy lejos de California. Nacida en Argentina, su familia se trasladó a España cuando ella tenía apenas cuatro años y allí fue donde creció y se educó. Pese a no haber tocado una computadora en su vida, optó por estudiar ingeniería informática en la Universidad de Málaga. "Yo simplemente era buena estudiante en la rama de ciencias, especialmente matemáticas, y vi la informática como un reto", recuerda esta ingeniera de 38 añosdesde su despacho en Berkeley. "No tenía ni idea. ¡Mis padres tuvieron que salir corriendo a comprarme un ordenador!"

Soledad Antelada Toledano

Foto de Marta Franco/CNET

Dieciocho años después de empezar unos estudios que al principio resultaron "muy duros", Antelada Toledano desempeña tareas de administración de sistemas, monitorización de redes y programación en uno de los centros científicos más prestigiosos del país. Por sus pasillos caminan ganadores del premio Nobel y miembros de la Academia Nacional de Ciencias y ella se encarga de que su trabajo -- y el del resto de las personas que trabajan en esta institución -- se mantenga a salvo de los hackers. "Lo que hacemos es proteger la ciencia y el avance de la ciencia".

La historia de Antelada Toledano es la de alguien que ha trabajado duro para llegar hasta donde está. Sus estudios en informática, si bien reconoce que fueron intensos, la llevaron a trabajar como programadora para los servicios de emergencia de las comunidades autónomas de Cantabria y Andalucía, en España, de 2006 a 2010, y a comenzar el sistema de emergencias sanitarias en Luanda, Angola, a finales de 2009.

En 2010 decidió trasladarse a San Francisco para estudiar seguridad de redes, algo que en España era muy difícil de encontrar a nivel universitario. Consiguió su título en el City College de San Francisco en 2012 y, con años de experiencia como programadora a sus espaldas, el paso a la ciberseguridad fue sencillo. "Me encantó, me apasionó", dice Antelada Toledano con entusiasmo al referirse a su nueva carrera. Uno de sus profesores la recomendó para una beca en el Berkeley Lab, donde lleva ya casi cinco años. "Me levanto todas las mañanas contenta de que tengo que venir a trabajar".


'Si el sistema no funciona, rómpelo por algún lado'

Antelada Toledano ha logrado llegar a donde está a pesar de que hay pocas mujeres programadoras y menos aún las que trabajan en ciberseguridad, un problema que se convierte en un círculo vicioso: al haber pocas mujeres en la industria, hay muchas que no se animan a empezar estos estudios, y al haber pocas estudiantes, el número de trabajadoras no crece. Al no estar representadas las mujeres, dice Antelada Toledano, muchos piensan que las mujeres no son buenas en este sector.

Por ello, a principios de 2014 creó la organización Girls Can Hack, que busca hacer atractivo el campo para las mujeres y tender puentes con las empresas. En este sentido, Antelada Toledano apuesta por que las compañías hagan el esfuerzo de incorporar empleadas a sus plantillas, de hacer atractivo el sector también para ellas, de modo que cada vez haya más que se decidan a entrar en esta industria. "Si el sistema no funciona, rómpelo por algún lado", dice.

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Por el momento, sus planes de futuro pasan tanto por seguir desarrollando su carrera en el Berkeley Lab como por continuar ayudando en la medida de lo posible para facilitar la incorporación de mujeres en el campo de la ciberseguridad. Atrás quedaron los días en los que peleaba para sacar adelante unos estudios de los que entonces sabía muy poco, y recuerda con orgullo su llegada a San Francisco, cuando abrazó el campo de la ciberseguridad como un sector que le permitía aplicar todos sus conocimientos e inquietud como programadora.

"Mi vida se basa en aceptar retos y asumir riesgos, y tirarme a la piscina, que es al final como salen las cosas".