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Silicon Valley 6: ¿Comedia satírica o retrato naturalista?

[Reseña sin 'spoilers'] La nueva y última temporada de Silicon Valley te deja ver a Richard y compañía saboreando, y afrontando, las mieles del éxito de Pied Piper.

Silicon Valley

Matt Ross en la sexta de Silicon Valley.

HBO/Ali Paige Goldstein

Matt Ross, el actor encargado de dar vida al megalómano presidente ejecutivo de Hooli en la serie Silicon Valley, sabía que esta comedia de HBO iba a ser divertida. Lo que no podía imaginarse cuando aceptó el papel de Gavin Belson y empezó a trabajar en la serie hace seis temporadas era lo informada y relevante que esta comedia hasta cierto punto dramática iba a ser. "He aprendido tanto", explicó el actor durante la première de la sexta y última temporada de la serie celebrada en la sede de Lucasfilm en San Francisco el pasado 16 de octubre. "Este no es mi mundo, a pesar de que viva aquí y tenga amigos que trabajen en la industria tecnológica".

Los espectadores hemos aprendido con Ross. Incluso los que, como él, vivimos en la capital tecnológica del mundo. Y es que además de ser una comedia sobre un grupo de amigos y emprendedores que deciden tratar de probar suerte y apostar por trabajar en una startup, Silicon Valley es un retrato satírico pero paradójicamente realista de esta zona californiana donde casi todo es posible. Y donde el que se estropee la máquina de café de comercio justo y origen único de la oficina puede desencadenar una revolución del proletariado tech.

La nueva temporada cuenta con siete episodios de los que ya he podido ver tres para escribir esta crítica. Me complace confirmar que con la temporada 6 de Silicon Valley, que HBO estrena este 27 de octubre, me he reído tanto como en temporadas anteriores y he reconocido nuevamente guiños a las últimas tendencias que se viven en el Valle o referencias californianas completamente auténticas. Como el uso de scooters eléctricos que después de un uso se echan a la papelera de reciclaje; miembros de juntas directivas de compañías tecnológicas que por supuesto tienen matrimonios poliamorosos; bebidas ultrasanas a base de kombucha, ginseng y citronela; directivos que tienen triatlones para los que entrenar; parkings llenos de Teslas (y algún coche eléctrico de otro tipo); o la inclusión del app de venta de marihuana a domicilio Eaze en los títulos de crédito de este año.

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Thomas Middleditch en la sexta de Silicon Valley.

HBO/Ali Paige Goldstein

Pero la serie también ahonda en temas más profundos. Y este año establece más que simples paralelismos con las comparecencias recientes de los presidentes ejecutivos de Facebook o Google en el Congreso estadounidense. La sexta de Silicon Valley arranca precisamente con Richard (Thomas Middleditch), presidente ejecutivo de Pied Piper y persona con problemas para socializarse con normalidad, testificando ante el Congreso con una corbata que se ha anudado él mismo y un traje que no sabíamos que poseyera.

Richard hace un discurso apasionado en el que acusa a los gigantes tecnológicos de ser reyes que gobiernan sobre reinados inmensos y abogando por un Internet donde sean los usuarios, y no las empresas tecnológicas, los soberanos de sus propios datos. 

"La primera temporada era sobre un pequeño grupo de inadaptados tratando de enfrentarse a una industria mucho mayor", explicó el productor ejecutivo y guionista de la serie Alec Berg durante la première de Silicon Valley y queriendo resaltar la transición que han hecho sus personajes. "Ahora son un grupo de gente tratando literalmente de salvar el mundo de alguna manera de aquella gente que ha destripado el tejido de nuestra sociedad".

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Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods y Amanda Crew en la sexta de Silicon Valley.

HBO/Ali Paige Goldstein

Si hay algo que le reprocho a esta temporada de Silicon Valley, como a temporadas anteriores en realidad, son las tramas con múltiples personajes secundarios que hacen que la historia no se centre lo suficiente en Richard y sus tribulaciones. El presidente ejecutivo de Pied Piper tiene muchos problemas para hacer de su empresa una aventura solvente, lucrativa y que no destruya todo lo que él cree que es correcto y ético en la aplicación de la tecnología en nuestras vidas diarias. Middleditch destacó de hecho durante la première que esta es una de las primeras comedias serializadas o por entregas, cuya trama se alarga a lo largo de episodios y temporadas, en lugar de simplemente tener episodios cerrados. 

Pero a veces Silicon Valley parece olvidar que no es una comedia al uso y no puede evitar incluir ingredientes de sitcom poco sofisticada narrativamente: como los inevitables cameos de Big Head (Josh Brener) haciendo cosas absurdas y para generar las risas más fáciles. La serie también parece empeñada en estos últimos episodios en rendir homenaje o darle algo que hacer a todos los miembros de su reparto, aunque como espectadores lo que haya sucedido con Jian Yang (Jimmy O. Yang), Hoover (Chris Williams) o el consejero espiritual Denpok (Bernard White) pueda no interesarnos tanto.

En todo caso, Silicon Valley es de consumo rápido y recompensa inmediata. Viene con carcajadas aseguradas, prácticamente siempre, y esta temporada hará que quieras que Gilfoyle (Martin Starr) también desarrolle para ti ese alter ego de inteligencia artificial que se encarga de responder a tus mensajes de texto y correos electrónicos y lidia, virtualmente claro, con tus amigos o familiares pesados y un tanto demasiado exigentes. 

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