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Cultura tecnológica

'Las chicas del cable': Una telenovela de época con acento español y mensaje feminista

[Reseña con pocos 'spoilers'] Esta producción de Netflix y el equipo de 'Velvet' o 'Seis hermanas' se estrena el próximo 28 de abril y está ambientada en Madrid en 1928.

Las chicas del cable arranca con una voz en off explicando que las mujeres no tenían ningún derecho en la España de 1928. "Éramos algo así como adornos que se llevaban a las fiestas para presumir de ellos. Objetos sin poder de opinión ni decisión (...). Para la sociedad las mujeres sólo éramos amas de casa, madres, esposas. No teníamos derecho a tener sueños ni ambiciones. Para buscar un futuro muchas tenían que marcharse lejos y otras tenían que enfrentarse a las normas de una sociedad machista y retrógrada. Al final todas -- ricas, pobres -- queríamos lo mismo: ser libres. Sólo las que luchan por ellos consiguen sus sueños. Eso creíamos. Lo que no sabíamos era que el destino nos tenía preparadas muchas sorpresas...".

La voz es la de Blanca Suárez que en la serie interpreta a Alba, una ladrona profesional intentando dar el golpe perfecto y escapar a Argentina. Además de a ella conocemos a Marga (Nadia de Santiago), que está dejando a su abuela y su pueblo natal para ir a trabajar a la capital; Carlota (Ana Fernández), una hija de familia bien que quiere romper con la opresión de su padre y ser libre; y Ángeles (Maggie Civantos), una madre de familia cuyo marido es demasiado posesivo.

Ellas cuatro son las protagonistas de Las chicas del cable, la nueva serie de Netflix ambientada en Madrid en 1928 y desarrollada por Bambú Producciones, la misma factoría a la que debemos otras telenovelas de época populares en España como Velvet o Seis hermanas.

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Marga, Carlota, Ángeles y Alba: las cuatro protagonistas femeninas de Las chicas del cable.

Manuel Fernández-Valdés/Netflix

Son muchas las similitudes que Las chicas del cable guarda con algunas de sus predecesoras: como la historia de amor imposible. Alba usará un nombre falso y se hará pasar por otra persona, Lidia, para conseguir un trabajo como telefonista en la compañía telefónica (una de las pocas oportunidades profesionales para las mujeres de aquella época, aunque los motivos de ella sean otros). De esta forma conocerá a las otras chicas y se reencontrará también con Francisco (Yon González), su amor de juventud y actual director de la empresa.

Entre los parecidos con series anteriores de los mismos creadores también está el ingrediente de triángulo amoroso: además de Francisco, Alba/Lidia despertará la curiosidad (y pasión) de Carlos (Martiño Rivas), el hijo del dueño de la compañía telefónica. O la exploración de la propia sexualidad: Carlota tendrá que replantearse su identidad cuando se da cuenta de que, además de un hombre, la atrae una mujer.

Sin olvidarnos del hecho de que se trata de una serie de época. La impecable dirección artística y el vestuario hacen que ver Las chicas del cable sea simplemente un placer. La serie valdría la pena ni que fuera simplemente por las medias melenas bien cortadas, los zapatos de salón y los uniformes azules de telefonista que lucen sus protagonistas.

Todo ello viene aliñado además con un mensaje feminista alto y claro que nos recuerda a cada momento que ser una mujer en la España de la década de los veinte era francamente complicado. También nos hace reflexionar sobre lo mucho que han cambiado algunas cosas y lo poco que han cambiado otras.

Pero no todo acaba de funcionar en este drama telenovelero. Una de sus características más discutibles es su banda sonora: completamente contemporánea, bailable y muy comercial. Algo que me chocó como inapropiado y directamente anacrónico durante los primeros dos episodios de esta serie, pero que para el tercero ya había interiorizado como algo casi normal. (En total pude disfrutar de seis de los ocho episodios que Netflix ha producido de Las chicas del cable).

La estructura de los episodios de Las chicas del cable tampoco termina de gustarme. Se nota que sus guionistas están acostumbrados a escribir para televisión convencional y parece que han arrastrado ese modelo hasta Netflix. Y es que no hay necesidad de tener una estructura tan tradicional: con una introducción del episodio con la habitual voz en off; desarrollo del episodio con al menos un par de conversaciones clandestinas y llenas de miradas de deseo (y a veces odio) entre Alba/Lidia y Francisco; alguna escena de sexo; y un cierre de episodio con estructura de videoclip en el que vemos a la mayoría de personajes y la ubicua voz en off nos explica todo aquello que no hayamos podido entender y se encarga de dejarnos clara la moraleja.

Es una pena que el equipo creativo no haya aprovechado más las características de un medio como Netflix (donde la gente tiene tendencia a mirar un episodio tras otro) y no haya optado por una estructura diferente. Algo que también podría haber favorecido al ritmo irregular de la serie. Y es que algunos acontecimientos importantes, sobre todo en el primer episodio, se explican precipitadamente y sin pararse mucho en ellos. Y luego sobran los momentos en los que tenemos la sensación de que los guionistas están buscando otra excusa para hacer que sus protagonistas se miren con pasión sin que acabemos de saber si todavía se aman o no.

En todo caso y a pesar de sus problemas, si te gustan las telenovelas de época (que intentan hacer referencias al momento histórico que se vivía), dale una oportunidad a esta apuesta de Netflix por el acento español y los vestidos de charlestón.

Las chicas del cable tiene una primera temporada de ocho episodios y se estrena en Netflix a nivel global el próximo viernes 28 de abril.

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