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Televisión y cine

It: Chapter Two: Bill Hader salva el larguísimo final

[Reseña] La segunda parte que dirige Andy Muschietti repite el arco argumental de la primera película sin entregarnos nada nuevo a cambio. Bill Hader saca el pecho por un elenco desaprovechado.

Todo se resume a las expectativas. Si esperas un guión original o una dirección novedosa, It Chapter Two te va a decepcionar. En cambio, si buscas un cierre más o menos acorde con la narración de la primera entrega, probablemente te sentirás satisfecho al salir del cine.

El director de origen argentino Andy Muschietti (Mama) está consciente de que su película dividirá a la audiencia. Tanto así, que se permite un montón de chistes y bromas internas sobre los finales de los guiones en Hollywood, incluyendo un cameo que será muy aplaudido por los seguidores de la obra original.

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El 'Club de los perdedores' vuelve a reunirse. Regresan a la ciudad de Derry porque Pennywise está de vuelta.

Warner Bros.

En realidad, el segundo capítulo del libro de Stephen King no es más que una repetición del arco argumental de la anterior película, pero con los actores ya creciditos. Richie (Bill Hader), Stan (Andy Bean), Ben (Jay Ryan), Eddie (James Ransone), Bill (James McAvoy), Bev (Jessica Chastain) y Mike (Isaiah Mustafa) representan todos los miedos que los seres humanos viven en plena crisis de la mediana edad. Deberán enfrentarlos, porque el terror ha regresado a la ciudad de Derry... 27 años después.

Después de una larga e innecesaria introducción, nos damos cuenta de que "El club de los perdedores" no ha cambiado. El retrato de cada uno de los protagonistas da para un ensayo de psicología conductista. La maltratada en el pasado no desarrolla herramientas para evitarlo en el futuro; el hipocondríaco se autorreceta y el inseguro vive en un mar de dudas. El arquetipo de los personajes funciona para que rápidamente reconozcamos quién es quién, a pesar del paso de los años.

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Bill Hader, que salió del elenco de SNL y protagoniza la serie Barry, es la verdadera revelación de la película. 

Warner Bros.

El elenco probado, con una candidata al Oscar como Chastain, funciona a medias y no es por culpa de sus interpretaciones. En el guión, es difuso el conflicto entre un trío amoroso que ya conocíamos en el pasado y la orientación sexual de determinado personaje queda atrapada entre la insinuación y el miedo. Sobresale, sin embargo, Bill Hader. Suyos son los momentos más hilarantes y, paradójicamente, dramáticos de la cinta.

En lo único que la nueva It pone todo su empeño, con resultados irregulares, es en asustarnos. Muschietti sigue la receta de James Wan (The Conjurin, Insidious). A base de golpes de sonido y de efectos CGI (imágenes generadas por computadora), la película intenta ser más grande que su predecesora. Pero más, en este caso, no es mejor. Hay elementos que parecen salidos de The Mask (Chuck Russell), aquella hilarante y exagerada aventura que dio a conocer a Jim Carrey y Cameron Díaz. En consecuencia, en lugar de miedo tenemos carcajadas. 

Uno de los grandes problemas que muestra la producción es el intento de prescindir de Pennywise (Bill Skarsgård) para centrarse en el drama, poniendo el foco en los conflictos de los personajes principales. Sin embargo, como esas historias no están desarrolladas con inteligencia, la presencia del payaso se hace más necesaria. Son sus despreciables actos lo que nos mantienen atados a la silla. La escena en la que convence a una niña para que se le acerque lo resume.

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Bill Skarsgård consigue aterrorizarnos con una interpretación sólida.

Warner Bros.

La obsesión por hacer de It 2 más grande, barroca, sangrienta, incide en el descuido de los detalles. Solo citaré un ejemplo: en una ciudad en la que de nuevo desaparecen niños, los padres dejan a sus hijos recorrer las calles solos o asistir a los festivales sin la compañía de un adulto. He aquí un grave problema de verosimilitud.

Por otra parte, Muschietti apunta a todos lados y los disparos se pierden en el aire. Hay algo por ahí sobre la aceptación, la culpa, la homosexualidad, el racismo, el bullying y un largo etcétera que no fluye sino que luce encajado con martillo. Que en casi tres horas de cinta, todos estos temas se atropellen, habla muy mal del trabajo de escritura.

Tampoco hay una canción, un tema, un sonido, una imagen o un tiro de cámara que sigamos recreando en nuestro cerebro al terminar el largometraje. La que se había vendido como la escena más sangrienta en la historia del cine, palidece con lo conseguido, por ejemplo, por el equipo de producción de Drácula (Francis Ford Coppola), en 1992. Lo único que nos preguntamos al aparecer los créditos es si el movimiento de los ojos de Pennywise es un efecto especial o una espeluznante capacidad de Skarsgård.

Finalmente, unas palabras para el momento más esperado por los fanáticos de It: el famoso Ritual de Chüd. No hay nada sutil en esta batalla final entre el bien y el mal. Lo que pudiera haber elevado la calidad de la obra, termina en un enfrentamiento que parece sacado de Harry Potter. El desenlace es realmente anticlimático. Triste epílogo para una díptico, cuyo  cierre será recordado más por las referencias a otras cintas clásicas, como The Shine, Carrie o The Body, que por su aporte al género del terror.

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