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OPINIÓN Fotografía

Regreso al pasado o el placer de usar una cámara de los años 50

Tomar fotos con película fotográfica tiene sus encantos, y más si se hace con una cámara fabricada en los años 1950 pero con tecnología de la década de 1920, como la Tower 46.

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La Nicca Tower 46, cámara de los años 50.

Cortesía: Cameralegend.com

No tiene enfoque automático, ni fotómetro, ni pantalla digital donde pueda ver las imágenes al momento. Pero eso es precisamente lo que me llama la atención y lo que disfruto de usar esta cámara, antediluviana según las normas del momento.

La Tower 46, una cámara de telémetro con un lente Nippon Kogaku de 50 mm F1.4 (Nippon Kogaku es el antecesor directo de Nikon), fue fabricada a mitad de los años 1950. Es una copia muy mejorada, hago hincapié en mejorada, de la Leica IIIg.

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, e incluso antes, los talleres ópticos que dieron origen después a las marcas Nikon y Canon producían copias de cámaras alemanas de 35mm, como la Leica y la Contax. La Tower 46 en específico la produjo Nicca (antecesora de Canon) para la cadena de tiendas estadounidense Sears.

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Tomada con la Tower 46, película FujiFilm Acros 100 y digitalizada con un escáner Epson V550, procesada en Lightroom 6.

Óscar Díaz

La cámara la encontré casualmente en KEH.com, una respetada empresa de compraventa de equipos fotográficos, mientras buscaba algo similar. También se encuentran cámaras antiguas de todo tipo en eBay, aunque la ventaja de KEH es que tiene un sistema de calificación que indica exactamente el estado de los equipos y ofrece garantía limitada de devolución o reparación. Para verificar los precios, lo ideal es acudir a collectiblend.com, donde desglosan con exactitud el historial de precios según el año y estado del equipo, así uno sabe si está pagando lo justo. En este caso, la Tower 46 oscila entre $600 y $1,500.

Muchos se pueden preguntar qué me llevó a este retroceso tecnológico. Pues, sencillamente, me harté de los menús complicados de las cámara digitales de alta gama, de pasar demasiado tiempo escogiendo y editando fotos para solo quedarme con un puñado. Es cierto, mi Sony A7rII es un dispositivo de primera línea, pero ha llegado a aburrirme. La Tower 46, o cualquiera de tecnología similar, me obliga a bajar el paso, a tomar menos fotos, a concentrarme más en lo que hago, y eso tiene su encanto.

Todo en esta cámara de película es manual, pero realmente sólo hay tres cosas que ajustar: la apertura del lente, la velocidad del obturador y el enfoque. El lente, muy luminoso para su época, con una apertura de 1.4, tiene un rango que llega a f/16. La velocidad del obturador se maneja con dos controles, uno para velocidades lentas, de 1/15 de segundo hasta 1 segundo, y otro para las demás, de 1/25 hasta 1/1000 de segundo.

El enfoque es un tanto más complicado, porque tiene dos visores, uno de enfoque y el otro de encuadre. Para enfocar, el telémetro usa dos imágenes, una de ellas movible y de un amarillo pálido, que al superponerse exactamente sobre la imagen fija moviendo una pequeña palanca en el lente, lo enfoca con toda precisión.

Eso es todo. Lo único que queda es establecer una combinación adecuada de apertura y velocidad para el propósito del momento, sobre la base de la sensibilidad de la película. Aquí hago una concesión a la modernidad y echo mano en mi iPhone 6 al app Pocket Light Meter (gratis en la Tienda Apple), que ofrece una lectura saludablemente precisa de la intensidad de la luz.

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Folleto de Sears de la Tower 46.

Sears

Pero incluso si no quieres usar el app, ahí está la llamada regla f/16, que sobre la base de la sensibilidad de la película te permite calcular con toda exactitud los valores de la exposición. Por ejemplo, si estás en la playa a pleno sol y usas película de ISO 100, pues sencillamente escoges una apertura de f/16, una velocidad de 1/100 de segundo, y listo. Si hay menos sol, escoges f/11, o en su lugar dejas la apertura en f/16 y reduces la velocidad a 1/60 de segundo. Una vez que te acostumbres a la regla, es muy sencillo.

Y es precisamente eso lo que me hace disfrutar tanto de este aparato. Aficionado a la fotografía desde hace muchos años, tengo cámaras digitales, que te permiten encuadrar la escena y básicamente oprimir un botón, y muy probablemente consigas una imagen aceptable, incluso muy buena. Pero eso hace que uno tienda a tomar 50 fotos y ver después cuál salió bien. Incluso si uno decide usar la modalidad manual y tomarse un poco más de tiempo, la inmediatez de la fotografía digital acelera el proceso de todas formas.

Con la cámara manual de película tienes un máximo de 36 exposiciones, el rollo cuesta $5 y el revelado, si lo envías a un laboratorio, unos US$15, que incluye digitalización de los fotogramas hasta un máximo de 6 MB. Así que hay que tomarse un poco más de tiempo, porque las imágenes desechadas son dinero perdido.

He salido un par de veces bien temprano en la mañana a tomar fotos callejeras en el centro de Miami. La gente me mira raro cuando ve la cámara, como si fuera una granada de mano sin el pasador de seguridad puesto. Uno que otro me ha preguntado con curiosidad: "¿qué es eso?". La señora de la farmacia de la esquina, a donde fui inicialmente a comprar película, me dijo sin miramientos: ¿Y usted no tiene un teléfono móvil con cámara, para qué quiere un rollo de película?"

El asunto es que después de 60 años, la Tower 46, como muchas cámaras de su generación, sigue funcionando porque es una combinación especial de sencillez y funcionalidad. Si se usa, si no se deja caer al suelo, lo peor que puede pasar es que tengas que enviarla a darle mantenimiento. Afortunadamente, todavía hay decenas de técnicos especializados, y si sólo hay que limpiarla y ajustarla, entonces probablemente no visite un taller en 30 años más.

A ver qué pasa con mi Sony A7RII si se me daña dentro de 15 años. ¿Habrá algún taller que la repare o me tendré que comprar otra?