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OPINIÓN Televisión y cine

Recordando a Carrie Fisher y su infinito carisma

Los fans de Star Wars siguen embargados por la tristeza, inevitablemente. Una valiente princesa se ha ido.

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No extraño a la princesa Leia, pero sí a Carrie Fisher.

Express/Stringer/Getty Images

Hoy hace dos años, perdimos a una princesa.

Carrie Frances Fisher, actriz, escritora y parte de la realeza global, murió el 27 de diciembre de 2016 a causa de un infarto cardíaco a los 60 años de edad.

Un año antes de su muerte, Fisher había reaparecido en su papel de Leia Organa en la cinta dirigida por J.J Abrams The Force Awakens, evolucionando de la princesa descarada, testaruda y confiada de un planeta destruido para convertirse en una endurecida generala de la Resistencia. Aunque el papel de Fisher en The Force Awakens se sentía ligero, ella le dió un peso a Leia para transmitir la lucha de la reconstrucción en un universo postimperial de Star Wars, con un esposo que galopaba de planeta en planeta y una nueva amenaza que acechaba en los confines del espacio.

La generala Organa resultaba familiar para quienes habían crecido viendo Star Wars, por supuesto, pero ella era diferente. La ruda, enfocada Fisher estaba ahí en la pantalla, justo detrás del rostro de Leia. En su vida personal, Fisher luchó contra sus demonios —drogas, alcohol, problemas mentales y de autoestima— y salió de ellos tan resiliente como la generala que entonces representó.

Reproduciendo: Mira esto: Los personajes de Star Wars que merecen su propia película
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Cuando aparecieron los créditos en The Last Jedi, ahí estaba Leia, la única que se mantendría de los tres grandes de la trilogía original. Luke Skywalker y Han Solo ya no estaban. Fisher se había ido físicamente un año antes, pero allí estaba en la pantalla, liderando la Resistencia, flotando a través del espacio para salvarse y aplaudiendo a un feroz Poe Dameron.

Ahora estamos a menos de un año de Star Wars Episodio IX y, como los detalles se filtran sabemos qué esperar exactamente, y una cosa es segura: Fisher estará en el Episodio IX. Abrams confirmó que ella volverá a ser la generala Organa, mediante el uso de imágenes inéditas tomadas durante el rodaje de The Force Awakens, en 2015.

Muy probablemente, la princesa Leia no llegará al final del Episodio IX. Esto es para ella. Pero no la extrañaré ni la lloraré. Ella siempre estará allí, congelada en el tiempo en un disco Blu-ray.

Pero extrañaré a Carrie Fisher.

Siendo niño, utilicé las películas de Star Wars para ayudarme a dormir. Atascando la copia en VHS de Empire Strikes Back en la videocasetera y regresándola. Más que cualquier otra cosa, la trilogía original representaba la seguridad. 

Estos eran personajes que conocía de pe a pa y la princesa Leia de Alderaan era una de ellos. Así como reconocía que ella era un ícono para una generación de jóvenes mujeres aficionadas a la ciencia ficción, no tenía mucho afecto por ella cuando crecía. Simplemente me arrullaba para dormir junto con Luke, Han, Chewie y todos los demás personajes de la galaxia muy, muy lejana.

Pero crecí. No necesitaba más el VHS (pasaron de moda, de cualquier manera) y pude dormir sin mayor problema. Llené mis estantes con juegos de Lego de Star Wars y volví a ver las películas una y otra vez, por el simple placer de hacerlo.

Me decepcionaron las precuelas y luego me emocioné con el rumor de una nueva trilogía que comenzó a sonar en 2013. En ese momento, me clavé de nuevo en Star Wars y encontré las memorias de Fisher, Wishful Drinking y Shockaholic. Las dos novelas repasaban la vida de la actriz con un sardónico sesgo y un humor seco como el desierto que de alguna manera rompía la página con un ritmo vertiginoso. Siempre haciendo una frase, buscando un juego de palabras, así era Fisher.

Sú última memoria, The Princess Diarist, dejó ver una trágica luz sobre su tiempo filmando la trilogía original de Star Wars, detallando su romance con Harrison Ford como un golpe directo al estómago. No se sentía lindo ni romántico ni como un chisme que cumplía con la teoría de algún fan. Se sentía como la vida real —cómo las emociones agarran lo mejor de las personas y se entrelazan insidiosamente dentro de nosotros y no nos dejan ir.

En los dos años desde la muerte de Fisher, el mundo de aficionados de Star Wars se volvió abiertamente venenoso. The Last Jedi, que se estrenó en diciembre de 2017, polarizó a las audiencias. El director Rian Johnson recibió amenazas de muerte y se gestó una campaña para rehacer completamente toda la película. Algunos incluso sugirieron que bots rusos eran los culpables de parte de la negatividad.Star Wars había aterrizado justo en medio de las guerras culturales en 2018.

Este año, ser fan de Star Wars fue desmoralizante. Fue aburrido. Fue un trabajo arduo. Realmente enfureció a la gente. Yo quería huir de todo esto, pero era imposible.

Y tristemente, Fisher no estuvo aquí para verlo.

Su ingenio lacerante y su honestidad directa se habrían quemado en medio de los argumentos de un lado y del otro como en un incendio forestal, dejando la idiotez a la vista y recordándonos que esto es Star Wars. Una extraña ópera espacial con sables de luz y un hombre adulto bebiendo leche verde de la teta de una vaca galáctica en una isla desierta. Ella nos diría que Star Wars es sobre el musculoso trozo de carne que es Kylo Ren sin camisa. Ella haría las paces con los agresores y los trolls, encantándolos como lo hizo con todos nosotros. Ella nos recordaría que George Lucas explicó que no hay sostenes en el espacio e incluso en ese universo, también hay dobles estándares para las mujeres.

¿Eso habría cambiado algo? Lo dudo. Pero tras la reacción a The Last Jedi, el infinito carisma de Fisher se echa de menos.