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¿Qué hay en el futuro de Twitter, revoluciones o celebridades?

La red social cumple hoy ocho años y sigue siendo un foro de expresión para opositores en todo el mundo. Pero, ¿cómo ayuda eso a su modelo de negocios?

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La sede de Twitter sobre la calle Market en San Francisco. La plataforma cumple hoy ocho años.Foto de Crédito: CNET

En septiembre de 2009 di unos cursos de cultura digital a un diario venezolano en Caracas. Cuando les hablé de Twitter, los periodistas reaccionaron de forma predecible: “¿Y yo por qué quiero saber lo que la gente almuerza?” La penetración de la plataforma en el país sudamericano era prácticamente cero.

Exactamente un año después, volví a Caracas para dar otro curso. Tomé un taxi en el aeropuerto y, como es típico en la capital venezolana, el tráfico estaba del diablo. La conductora – una mujer, sí – sacó su BlackBerry en un atascamiento y me dijo “Déjame ver qué dicen los tuits del tráfico”.

En doce meses, el uso de Twitter había explotado. ¿Qué pasó? Pasó que el 28 de abril, el presidente Hugo Chávez había publicado su primer tuit. Y el uso de Twitter estalló.



Las reacciones en Venezuela resumen muy bien las primeras impresiones y subsecuente utilidad de la plataforma. En un primer contacto, dudamos de la utilidad de un servicio que aparentemente sirve para publicar todo lo que hacemos en el día. Luego, nos vemos inmersos en él, descubriendo que es muy útil para comunicarnos y compartir las cosas que nos importan.


Twitter vio la luz el 21 de marzo de 2006 y hoy cumple ocho años. Sus fundadores no tenían un plan muy elaborado, y tampoco muchas expectativas (si consideramos, por ejemplo, que surgió como un proyecto paralelo de una empresa que hacía una plataforma de audio). Pese a todo, Twitter ha encontrado su lugar en el mundo, gracias en gran parte a los usuarios que generaron un lenguaje único (los @, # y RT fueron implementados por la comunidad) y quienes le encontraron un uso.

Porque Twitter ha resultado ser una plataforma que sirve para más que publicar nuestras nimiedades. Su utilidad e impacto ya no se cuestionan. Hoy mismo, a casi cuatro años de ese primer tuit de Chávez, Twitter es de los pocos foros de libre expresión que quedan en un país donde el gobierno ha censurado abiertamente a la prensa – presionándola, comprándola e, incluso, bloqueando su acceso a insumos básicos como el papel.

Asimismo, el impacto de la plataforma en la llamada Primavera Árabe y, esta misma semana, en la política interna de Turquía la convierte en un bien común para la humanidad: un espacio de opinión y critica que permite publicar sin filtros.

La pregunta es: ¿podrá o querrá Twitter convertir eso en un negocio? Pocas veces he visto un producto cuyo valor social y sus necesidades comerciales estén tan desalineados. Mientras la plataforma se ha convertido en una herramienta clave para la libertad de expresión en países del mundo, los ejecutivos de la empresa recién salida a bolsa tienen que resolver cuál será su modelo de negocios.

Y ese modelo de negocios pasa por la televisión, las celebridades, los deportes, y no necesariamente las revoluciones. Mientras Twitter - la herramienta social - le da voz a las revoluciones, Twitter - la empresa - quiere ser el megáfono de los Oscares, los Emmys y los Globos de Oro. Ahí es donde está invirtiendo su tiempo y esfuerzo esta compañía que cotiza en bolsa, en acuerdos con las grandes televisoras, los famosos, los medios de comunicación tradicionales.

La misión de una empresa pública – que cotiza en bolsa – es ganar dinero. Es darle una renta a sus inversionistas, quienes han apostado que esa acción les dará un rendimiento. Apuestan a que cada año, la empresa hará más dinero y que ese dinero se traducirá en crecimiento.

Y, con base en las más recientes cifras de Twitter, la empresa, a pesar de ser la plataforma de defecto de las revoluciones, el número de usuarios no crece tan rápido como espera el mercado. Twitter promedió 241 millones de usuarios por mes en el trimestre que acabó en diciembre de 2013, un crecimiento de tan solo 3.8 por ciento frente a los tres meses anteriores, el ritmo más bajo de crecimiento desde que comparte sus datos. Y ese es un problema para una empresa que cotiza en bolsa.

Por eso, a pesar de su enorme e importante presencia en los movimientos sociales de nuestros días, Twitter – la empresa – hoy en día está más pendiente de sus ingresos, su modelo de negocio y el crecimiento del número de usuarios. Simplemente, porque esas son las métricas que le importan a los inversionistas.