¿Por qué no hay más latinos en la industria de la tecnología?

El número de empleados latinos en Silicon Valley es muy bajo. ¿Por qué? Las razones van más allá de la desigualdad en la contratación.

hands.jpg
CNET

Durante este año, las principales compañías de tecnología han revelado sus cifras de diversidad. La conclusión es obvia y clara: el número de empleados hispanos es mínimo.

El 4 por ciento de los trabajadores de Facebook son latinos. Tres por ciento en Twitter. Tres por ciento en Google. Cuatro por ciento en Yahoo. Cuatro por ciento en LinkedIn. Etcétera. Las cifras son aún menores cuando nos limitamos a contar a los latinos con ocupaciones específicamente tecnológicas -- 3 por ciento en Facebook, 3 por ciento en Twitter, 2 por ciento en Google, 3 por ciento en Yahoo y 3 por ciento en LinkedIn, para ser exactos.

Estos números no son una sorpresa. Cualquiera que haya pasado cinco minutos en una de estas empresas habrá visto que la mayoría de sus empleados son hombres, jóvenes y blancos -- seguidos de asiáticos. Los latinos (y los negros, por no hablar de las latinas o de las negras) brillan por su ausencia.

Las compañías han revelado estos datos acompañados normalmente de entradas en sus blogs en las que se lamentan de esta falta de diversidad a la vez que señalan que estas comunidades no están estudiando carreras de tecnología o computación en las universidades y ofrecen una amplia lista de iniciativas en las que están participando para incentivar el crecimiento de estos grupos. Pero acusar a los latinos de no interesarse por estos estudios sin más o negar que, a pesar de sus esfuerzos, la industria de la tecnología y la cultura que promueve tienen su parte de responsabilidad en estas cifras es tener una visión muy limitada de lo que está sucediendo.

Y, ¿qué es lo que realmente está sucediendo?

La educación importa

El 88 por ciento de latinos de 16 años o más creen que un título universitario es necesario para salir adelante en la vida, frente al 74 por ciento de los estadounidenses en general, según una encuesta del Pew Hispanic Center de 2009. En octubre de 2012, el 69 por ciento de los latinos que se graduaron de preparatoria fueron a la universidad, frente al 66 por ciento de los estudiantes en general. Sin embargo, según el mismo estudio, los latinos se matriculan en menos programas de cuatro años, asisten a centros menos selectivos académicamente, tienden a estudiar a tiempo completo en un porcentaje menor que los blancos y se gradúan también en un porcentaje menor.

Cuando hablamos de ciencia y tecnología, los latinos son claramente una minoría en estas carreras. Según un estudio de la oficina del censo publicado en 2013, sólo el 7 por ciento de los graduados en carreras de ciencia e ingeniería son latinos. Las cifras son aún más bajas cuando lo que se observa son únicamente ingenierías o computación. Los números han aumentado solo ligeramente respecto a hace una década.

Los latinos tampoco están tomando clases de Advanced Placement en la escuela, es decir, cursos de nivel universitario que facilitan su paso a estudios superiores. En ciencias de la computación, alrededor del 8 por ciento de los estudiantes que tomaron el examen avanzado de este curso a nivel nacional en 2013 eran latinos. En ocho estados (Alaska, Idaho, Kansas, Mississippi, Montana, Nebraska, Dakota del Norte y Wyoming) ningún latino se presentó al examen, e incluso en los estados con más latinos que sí lo hicieron, con la excepción de Nueva Jersey, menos del 50 por ciento lo llegaron a aprobar, según datos del College Board recopilados por Barbara Ericson, directora de divulgación informática en la facultad de ciencias de la computación del Instituto de Tecnología de Georgia.

¿Por qué?

"Los latinos van a escuelas que tienen menos recursos. No están expuestos a estos programas", explica Jody Agius Vallejo, profesora asistente de sociología en la Universidad del Sur de California, que se especializa en integración de inmigrantes, raza, etnia y estratificación social. Por otra parte, Agius Vallejo asegura que, cuando lo hacen, "su inteligencia se cuestiona por sus orígenes", lo que dificulta que puedan alcanzar su máximo potencial.

"La educación es desigual, así que desde el principio ya parten de un lugar diferente", dice.

Demográficamente, la población latina en Estados Unidos tiene menos poder económico. Los ingresos medios por unidad familiar son de US$40,000 al año, según datos de un estudio del Pew Research Center de 2012, frente a los US$56,000 de una unidad blanca no hispana. La tasa de pobreza es también mucho mayor, y se sitúa en el 33.8 por ciento para los latinos de menos de 18 años, frente al 13.8 por ciento de los blancos no hispanos.

Menos recursos suponen más dificultades para acceder a clases de apoyo o escuelas privadas, y más posibilidades de que una familia necesite que sus hijos adolescentes trabajen o ayuden en la casa o con el cuidado de sus hermanos. Y, aunque hoy por hoy los latinos poseen teléfonos móviles, se conectan a Internet y utilizan redes sociales en porcentajes iguales o en ocasiones superiores a los de otros estadounidenses, tener una computadora en casa es más difícil cuando los recursos son menores, y lo era más aún hace una década.

mgwu-academy.jpg
MakeGamesWithUS

"Yo no tuve una computadora propia hasta el tercer año de universidad", explica Diana Albarrán Chicas, que con sólo 32 años lleva ya algo más de uno como gerente de la sección de pruebas de Space Systems/Loral, donde dirige un equipo de 10 personas para enviar satélites comerciales al espacio para clientes de todo el mundo. Albarrán Chicas creció indocumentada y sus padres no terminaron la primaria, pero trabajaron duro para asegurarse de que ella pudiera estudiar.

Según explican muchos latinos en la industria, es algo que no siempre ocurre, especialmente en el caso de las mujeres, de las que en muchas ocasiones se espera que se dediquen a sus familias. Es por ello que parte de los esfuerzos de la fundación Latinas en STEM (que se refiere a las áreas académicas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), de la que Albarrán Chicas es cofundadora, están dirigidos, por una parte, a que las familias entiendan que la educación de sus hijas es una apuesta de futuro, pero también a proporcionarles la información necesaria para poder apoyarlas cuando quieren hacerlo pero no saben cómo.

Ella contó con la ayuda de su familia y pudo acceder a clases avanzadas en la escuela. Aun así, dice que no fue fácil. "Tuve que preguntar, averiguar qué eran las ingenierías", explica. "Estaba en clases con hijos de doctores y abogados, y fue a ellos que les empecé a preguntar. Y mi consejera me ayudó bastante", explica.

diana-albarran-chicas.jpg
Diana Albarrán Chicas, gerente de la sección de pruebas de Space Systems/Loral. Cortesía Diana Albarrán Chicas

"En muchas escuelas mayoritariamente latinas, aún falta [acceso a las nuevas tecnologías]", lamenta. "No podemos depender de programas afuera, debe ser responsabilidad de las escuelas y los distritos escolares".

Angelica Perez-Litwin, nombrada Líder Latina en Tecnología, fundadora de la serie de charlas centradas en innovación llamadas Latinas Think Big y de la compañía ELLA Institute, es de la misma opinión. Cada vez hay más programas privados para enseñar computación a los niños, pero son caros y no todo el mundo tiene acceso a ellos. Por otra parte, y en muchas ocasiones con el apoyo de las grandes empresas, organizaciones como Black Girls Code or Code.org trabajan para acercar la tecnología a mujeres y minorías de la industria. Pero para Perez-Litwin, no es suficiente. "Tiene que ser un esfuerzo colectivo: los padres, el sistema educativo y las infraestructuras en el college".

Close
Drag
Autoplay: SI Autoplay: NO

Los latinos están menos expuestos al conocimiento que les va a ayudar a empezar una carrera en este campo y tienen menos tiempo y recursos para hacerlo por su cuenta. Pero, además, la inmigración es otro factor importante. Una familia que lleva menos tiempo en Estados Unidos tendrá más dificultades para saber navegar el sistema educativo y los recursos disponibles para sus hijos, especialmente cuando el lenguaje es una barrera.

Por otra parte, la falta de modelos crea un círculo vicioso que muchos latinos en la industria identifican como uno de los mayores problemas: es difícil que un adolescente elija una carrera en tecnología cuando en su entorno no tiene ningún referente que lo haya hecho.

Y así, es difícil que las generaciones siguientes tengan modelos a su vez.

Los mentores, especialmente los de la propia comunidad, son fundamentales. Para Albarrán Chicas, fue su consejera y una charla informativa que recibió en la escuela. Para Noramay Cadena, líder del equipo de ensamblaje de satélites, integración y pruebas de producto en Boeing, y compañera de Albarrán Chicas en Latinas in STEM, fue un antiguo alumno de su escuela en San Fernando Valley en Los Ángeles el que visitó el centro y la ayudó a tomar la decisión de dejar su hogar junto a su bebé para estudiar en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde se graduó en ingeniería mecánica y obtuvo dos maestrías, una en ingeniería de sistemas y la otra en administración de empresas, mientras sacaba adelante a su hija como madre soltera.

"La barrera más grande es no saber que ésta es una carrera disponible para nosotras, el no tener apoyo o el modelo de personas que lo han hecho como nosotras", asegura Cadena.

"Si eres el primero de tu familia en ir a la universidad, no sabes ni cómo empezar", dice Jennifer Arguello, que lleva más de 12 años en la industria, y trabaja con el centro Kapor para ayudar a las comunidades menos representadas a cerrar la brecha académica, económica y social.

El mito de la meritocracia

Si el problema es la falta de acceso a la tecnología en edades tempranas, la solución parece clara. De hecho, las mayores compañías ya están dedicando dinero y esfuerzos a apoyar programas que acercan la industria a los sectores menos representados. Google, por ejemplo, apoya a Code.org y tiene su programa de becas Generation Google Scholarship para estudiantes de comunidades con escasa representación en la industria, entre otras iniciativas. Facebook colabora con Girls Who Code, CODE2040 y la Society of Hispanic Professional Engineers. A partir de ahí, y una vez superada esa barrera inicial, los latinos no deberían tener dificultades.

La realidad, al menos hoy en día, no es tan sencilla.

A la industria de la tecnología le gusta presumir de ser una meritocracia. A primera vista parece lógico. La demanda de trabajadores cualificados es alta, las empresas son modernas y, a diferencia de otras profesiones, es posible encontrar prácticas bien remuneradas para los estudiantes que se adentran en este mundo.

Para Carlos Bueno, se trata más bien de una "reflejocracia" (mirrorcracy). En su página web, este ingeniero de software, que ha trabajado para empresas como Facebook y Yahoo, se muestra muy crítico con la manera en la que la industria tiende a emplear y promocionar únicamente a los que encajan en un esquema determinado que no siempre tiene que ver con lo profesional.

La industria adora el concepto de adecuación a la "cultura" empresarial. Silicon Valley y las startups idolatran la idea del entorno de trabajo en el que todos son amigos con similares intereses que se van de fiesta juntos. El problema es que eso dejará fuera a cualquiera que proceda de un entorno diferente o que simplemente desconozca o no pueda permitirse seguir las reglas del juego.

Bueno recoge el ejemplo de una startup en la que un candidato a un puesto cometió el "error" de presentarse a una entrevista de trabajo con un traje impecable, según el relato de la propia empresa en su blog. O el de la candidata que no era consciente de que el café, la cena y las copas con el equipo de la empresa en la que quería trabajar eran en realidad entrevistas de trabajo. Puede que esto sea obvio para el prototipo de persona mayoritariamente representada en la industria pero, ¿y para los demás? "Piensa en quién puede suspender en esta especie de aculturación pre-entrevista. Como aquellos que no beben. O que tienen que desplazarse lejos, o que no disponen del lujo o el tiempo de quedarse fuera hasta tarde con un grupo de veinteañeros sin aviso", reflexiona Bueno. En una entrevista por teléfono, reconoce que puede que estos ejemplos sean extremos, pero que es preocupante lo habitual de estas situaciones.

Bueno, que tiene ascendencia mexicana, alemana e irlandesa, creció en una familia que administraba un negocio de reparación de productos electrónicos. Durante el instituto comenzó a trabajar con una startup, en el principio de una carrera que le llevó a trabajar tanto con grandes compañías como con startups, a fundar sus propias empresas, a escribir libros, ofrecer charlas e incluso a ver su trabajo reconocido por la Casa Blanca. Pero dice que si su carrera estuviera comenzando ahora, nadie le daría una oportunidad.

Bueno no es el único que alerta sobre una cultura que hace difícil que nadie fuera de unos círculos determinados pueda acceder a ella.

"No deberíamos ignorar la importancia de los círculos sociales", señala la psicóloga y emprendedora Angelica Perez-Litwin.

manosaccelerator2demoday.jpg
Manos Accelerator celebra su segundo grupo de 'startups' en completar el programa. Claudia Cruz/CNET

Hay mucho que los propios latinos -- como cualquier estudiante -- pueden hacer para desarrollar su carrera. Edward Avila, cofundador y presidente ejecutivo de Manos Accelerator, un programa que, con el apoyo de Google, proporciona educación, recursos, capital y consejo a startups latinas, dice que los latinos tienen que prepararse lo antes posible. "Que no piensen en conseguir trabajo una semana antes de graduarse", explica. "Para entonces ya es tarde. Siempre recomiendo a los estudiantes universitarios que establezcan una relación con el centro de ayuda profesional de su universidad durante su primer año. Tienen recursos y herramientas para proporcionarles consejo de manera temprana. Que aprendan a relacionarse y a hacer entrevistas con profesionales. Las prácticas en empresas son beneficiosas tanto para ellos como para las compañías. Esta debería ser la estrategia para cualquier estudiante latino".

Pero es importante recordar que la mayoría de (los pocos) estudiantes latinos que se gradúan en carreras de ciencia e ingenierías lo están haciendo en centros que no son necesariamente los más reconocidos en el campo, según datos de la organización Excelencia in Education sobre las universidades con más hispanos. Hace falta llegar a nivel maestría o doctorado para encontrar centros más prestigiosos, pero los que llegan hasta ahí constituyen un porcentaje aún menor.

Close
Drag
Autoplay: SI Autoplay: NO

Así, cuando los contactos profesionales son importantes y las empresas están acudiendo a las propias universidades para encontrar a sus futuros trabajadores, una mayoría de latinos en estas carreras lo van a tener complicado.

El problema no se limita a las contrataciones, sino que se repite a la hora de encontrar financiación para nuevas compañías. Deldelp Medina, cofundadora y presidenta ejecutiva de Avion Ventures y presidenta de la Alianza de Startups Latinas, señala que los inversionistas "están intentando mitigar riesgo. Buscan otro Mark Zuckerberg, y buscan a alguien que llene ese estereotipo". Los latinos no lo hacen, y menos aún las latinas.

Por otra parte, Medina señala que, de nuevo, para sacar adelante una nueva iniciativa es necesario capital, lo que lleva de nuevo al problema experimentado por los latinos con entornos de menos recursos. "Crear una startup es un riesgo muy grande, y muchos latinos no pueden pedir a sus familias que les den plata para empezar", dice.

De manera similar se expresa Edward Avila. "Los emprendedores en Silicon Valley tienden a confiar en amigos y familia adinerados para financiar sus ideas al principio y hacer despegar sus pequeñas empresas. A veces estos amigos son trabajadores o antiguos trabajadores de compañías tecnológicas", explica. "Pero, para empezar, una compañía necesita capital semilla [inicial]. El dinero es lo que proporciona el potencial para crecer. Relativamente pocos latinos tienen familiares y amigos adinerados con dinero extra para invertir en startups, en comparación con blancos y asiáticos". De hecho, otra de las ramas de Manos Accelerator es Manos Angel Network, dedicada al desarrollo de una red de inversores latinos o con interés en apostar a proyectos latinos.

Pero estos programas, que intentan minimizar el problema de las dificultades de acceso de los latinos a la industria, no son suficientes para acabar con un problema que tiene raíces más extensas.

Racismo vs. ignorancia o ¿Dónde están los latinos?

diverse.jpg
Mark Wilson, Getty Images

En demasiadas ocasiones, cuando se habla de la falta de diversidad en la industria de la tecnología se tiende a meter todo en el mismo saco. Pero las realidades que componen esta situación son muy diferentes. Como grupo, las mujeres no se enfrentan al mismo tipo de problemas que los negros o que los latinos. Y los asiáticos, por su parte, se ven totalmente equiparados a los blancos en estos análisis.

Las acusaciones de sexismo en la industria son numerosas, y es frecuente escuchar relatos de microagresiones a las mujeres en el puesto de trabajo, acoso en conferencias y charlas, y ataques directos. Sin embargo, son pocos los que hablan abiertamente de racismo.

"Hay más discriminación por ser mujer que por ser latina", dice la ingeniera Jennifer Arguello. Para Iris Gardner, de la organización CODE2040, que trabaja para acercar a latinos y negros a la industria de la tecnología, se trata de "ignorancia" más que de "racismo". "Hay prejuicios inconscientes", dice. En su opinión, de nuevo, no se trata tanto de que una empresa no quiera contratar a un empleado negro, por ejemplo, sino de que los responsables de hacerlo tienden a contratar a "sus amigos blancos y hombres". "Muchos dirían que [los latinos y negros en la industria] no existen -- explica --. Bueno, no los ves porque no estás rodeado de ellos".

Ambas defienden el establecimiento en las empresas de formación y prácticas específicas para detectar y evitar los prejuicios ocultos, y de políticas activas para encontrar a estos trabajadores.

tim-cook-diversity.png
La mayoría del cuerpo laboral en EE.UU. de Apple es blanco, pero el 11 por ciento son hispanos. Captura de pantalla por Shara Tibken/CNET

Sin embargo, otros en la industria son más contundentes. Vivek Wadhwa, académico en la universidad de Stanford y elegido por la revista TIME en 2013 como una de las 40 mentes más influyentes en tecnología, es muy crítico con el racismo y particularmente el sexismo de Silicon Valley. En una entrevista sobre el tratamiento que la industria da a los latinos, asegura que son tratados como "ciudadanos de segunda clase".

"No reciben apoyo ni financiación, y los inversores ni siquiera responden a sus emails", dice.

Diana Albarrán Chicas siente que en su trabajo en Space Systems Loral (SSL) la han apoyado bastante. Pero también dice que ese momento ha llegado después de años de ataques cuando era más joven. "Cuando empecé me decían que regresara a México, que era indocumentada. Y en MIT tenía compañeros que me dijeron que me aceptaron por ser mujer y latina, no por mis capacidades", dice. "Pienso en todo lo que me pasó antes y no ha sucedido algo similar ahora, pero lo que sí he aprendido es que tengo que abogar más por mi carrera, decir qué es lo que quiero y ser más firme".

Noramay Cadena dice también que las dificultades están principalmente "al principio de la carrera y al intentar obtener una promoción." Pero también "el propio sentido de no pertenecer", explica. "Tengo tres títulos y más educación que muchos compañeros, y a veces entro a una junta y me siento incapaz", detalla Cadena, que dice que el síndrome del impostor (por el que personas perfectamente competentes piensan que son un fraude y no merecen el éxito que han conseguido) no es extraño entre los latinos con una carrera exitosa en tecnología. "Si hubiera más latinos y más mujeres no sentiría que estoy sola, que no puedo hablar, que no pertenezco," dice.

Y ¿para qué tener más latinos?

Las pobres cifras de diversidad no han contribuido a la imagen de la industria. Las compañías han insistido en su voluntad de trabajar para cambiar esta tendencia e incorporar a los colectivos menos representados. Pero incrementar la presencia de latinos no solo es una cuestión de marketing.

Por un lado, y esta es gran parte de la filosofía detrás de CODE2040, si la industria necesita trabajadores, no puede permitirse pasar de largo el talento. El nombre de la organización procede precisamente de la estimación de que en el año 2040, Estados Unidos tendrá una mayoría formada por minorías, y que el 42 por ciento del país será negro o latino. Estudios realizados por otros centros arrojan previsiones similares. Al ritmo de crecimiento de la industria de la tecnología, y teniendo en cuenta el número de graduados en las universidades, CODE2040 alerta de que una mayoría de estos puestos no se podrán cubrir. La incorporación de estas minorías poco representadas es entonces crucial.

Pero este no es el único factor. Teniendo en cuenta que en los últimos años el uso de teléfonos y el acceso a Internet por parte de latinos ha crecido considerablemente, y que la población latina va en aumento, parece razonable tener en cuenta el potencial de este mercado, y contar con el trabajo de latinos para saber, precisamente, qué es lo que necesita la comunidad latina.

"Dating apps. Eso ya está saturado. Pero todos los hombres blancos están haciendo dating apps", dice Deldelp Medina. "Nosotros estamos tratando de resolver los problemas que tenemos", explica, y pone como ejemplo Proven, una aplicación para ayudar a los trabajadores de restaurantes a encontrar trabajo.

Iris Gardner pone ejemplos similares de hackatones y grupos de estudiantes, donde desarrolladores negros y latinos han presentado, por ejemplo, proyectos para traducir documentos técnicos y herramientas para ayudar a los profesionales de recursos humanos a identificar sus prejuicios.

"A las compañías que no nos tengan en cuenta, les va a ir mal", dice Deldelp.

La falta de latinos en la industria es un problema que no tiene una solución simple, pero la mayoría de individuos y organizaciones conocedoras de la situación apuntan a cuestiones similares. Las cifras no cambiarán mientras los niños y adolescentes latinos sigan teniendo menos acceso a los recursos necesarios para aprender ciencia y tecnología a edades tempranas, y el apoyo debe partir de las propias familias. Los mentores, personas de la comunidad que puedan servir de modelo y guía, son cruciales. Y las compañías tienen que hacer un esfuerzo para ver más allá de su entorno, acercarse a las comunidades menos representadas, romper las dinámicas que favorecen una cultura homogénea y asegurar que los entornos de trabajo no son hostiles para las personas de comunidades poco representadas.

"La publicación de estos números es buena", dice el ingeniero Carlos Bueno, en referencia a las cifras de diversidad hechas públicas por las compañías. "Pero no significa nada si no se convierte en una tradición anual. Hace falta ese compromiso".