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¿Por qué alguien pondría US$1 millón en un app como Yo?

Aunque parezca una locura, los inversionistas tienen sus razones para financiar ciertas aplicaciones - aunque suenen tontas.

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Foto de Crédito: Yo/ captura de pantalla por Gabriel Sama/CNET

La palabra “yo”, en inglés, funciona como un saludo, un sustituto del igualmente sencillo “hi”.

Y en el mundo de la tecnología es una palabra que tiene a muchos rascándose la cabeza, intentando entender por qué un fondo de inversión ha puesto US$1 millón en una idea que – seamos sinceros – más allá de simple parece estúpida.

Yo es un app de iOS y Android que te permite enviarle un breve saludo – un “yo” – a tus contactos. Nada más. Una vez que seleccionas al usuario, basta con tocar su nombre en la pantalla para que le envíe el saludo: un simple "yo". 

Más sencillo, imposible.

 

Según TechCrunch, el app se lanzó como una broma durante el equivalente de EE.UU. al Día de los Inocentes (que en Estados Unidos es en abril y se conoce como el "abril de los tontos"), pero apenas en fechas recientes se ha convertido en un fenómeno viral cubierto por diarios prestigiosos como el Financial Times. Recientemente, también llamó la atención de unos estudiantes en Georgia que demostraron que el app se puede hackear con cierta facilidad, obteniendo datos personales de los usuarios. Los creadores dicen que están corrigiendo el problema, pero por el momento no puedo recomendar descargar o usar la aplicación.

Vivir en Silicon Valley implica que en ocasiones me hallo defendiendo las acciones aparentemente irracionales de sus habitantes. ¿Por qué invertir un millón de dólares en un app como Yo?

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El diseño de Yo es sumamente simple, atractivo y colorido; añadir nuevos usuarios (izq.) es también muy fácil.Foto de Crédito: Yo/ captura de pantalla por Gabriel Sama/CNET

Hay dos razones: es una apuesta al crecimiento viral y, también, una apuesta al talento del equipo de creadores.

Aunque la propuesta es muy simple y vana, es justamente esa simpleza lo que ha llamado la atención. Desarrollar algo simple es mucho más difícil que desarrollar algo complejo. Las mejores aplicaciones son las que hacen una sola cosa bien – a pesar que esa cosa sea tonta. De hecho, considero que un error grave de Twitter e Instagram es atiborrar sus apps de funciones. Los usuarios no queremos tener que leer manuales de uso para entender cómo funciona un app.

Facebook, por su parte, está apostando justo a una estrategia móvil en donde unos apps individuales – Messenger, Paper, Slingshot – ofrecen funciones muy específicas – mensajería, noticias y fotos efímeras.

Yo, por su parte, ha logrado captar la atención de los usuarios justamente por esa simpleza, que se refleja no solo en su propuesta, sino también en su interfaz. Tiene un diseño limpio, colorido, que pone al frente de todo a su función principal – enviar un "yo". Además, añade de forma inteligente la capacidad de sumar contactos y acceder a la lista de usuarios: también, al frente, poniendo el nombre de tus contactos en mayúsculas dentro de su propia barra horizontal de color vivo, con un tono diferente para cada contacto.

El diseño, como en este caso, se ha vuelto un importante diferenciador en la industria porque las funciones de las apps son muy parecidas. Yo entra al segmento de las apps de mensajes efímeros, que está dominado por Snapchat, pero con un diseño, interfaz y facilidad de uso mejores. ¿Quién dice que los "yos" de hoy no serán las imágenes y videos efímeros de mañana?

La clave aquí es ganar usuarios – y esa es la gran apuesta de los inversionistas. Una vez que una plataforma como Yo crece, sus creadores pueden poner a prueba otras funciones e, incluso, transformarse en algo diferente. Instagram comenzó como una app llamado Burbn que estaba atiborrado de funciones de geolocalización. Cuando sus creadores vieron que los usuarios preferían la capacidad de compartir y modificar fotos, lanzaron Instagram, en lo que conoce en la industria como un “pivoteo”.

Si Yo sobrevive – y no dudo que lo haga – será muy diferente en un año, una vez que haya logrado obtener una base de usuarios que le permita aprender, cambiar y evolucionar. Otra famosa plataforma –Twitter– comenzó también como un proyecto de ocio que se volvió viral, creció, cambió y evolucionó para convertirse en líder de las redes sociales.

Los inversionistas que pusieron US$1 millón en Yo están apostando a dos cosas: a que el app alcance un volumen de usuarios que permita experimentar y, quizá, monetizarlo, y que el talento que han demostrado los creadores en el diseño y desarrollo de apps les traiga beneficios futuros. Si no es con Yo, será con alguna otro proyecto.

Ahora sólo esperamos un mexicano creativo que lance una aplicación llamada “Órale”.