Obras de arte tan diminutas que se ocultan del ojo humano

Un estudiante de física en la universidad de Cornell replica obras de Escher, Magritte y Matisse en wafers de silicona que se usan para los dispositivos modernos.

Ciencia
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Robert Hovden ha plagiado famosas obras de arte y las reprodujo en una escala diminuta, invisible al ojo humano. Mike Blaney

Te encuentras frente a una reproducción de un famoso dibujo de M.C. Escher, pero no te das cuenta. Se trata de un dibujo inscrito en la superficie de una oblea de silicona a una escala que es 500 veces más pequeña que lo que puede ver el ojo humano.

Robert Hovden reprodujo la imagen de Escher usando iones enfocados de alta velocidad. ¿Y por qué? Pues porque Hovden es un nanocientífico que pasa sus días estudiando objetos con microscopios electrónicos. Y también porque no habrá nadie que se dé cuenta de que ha copiado famosas obras de arte, pues éstas reproducciones son demasiado pequeñas.

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Esta diminuta réplica de una imagen de Creative Commons coincide con la longitud de onda de la luz. Robert Hovden

Pero no se apresuren a llamar a los guardianes de la propiedad intelectual -- todavía. Hovden ha copiado estas obras de arte deliberadamente para una exhibición llamada When Art Exceeds Perception (Cuando el arte excede la percepción), una exploración al tema del plagio en la era de los bits y los bytes.

"Tomar una pieza de arte, copiarla y compartirla con el mundo sin el permiso de los artistas originales es visto tradicionalmente como algo malo y, en la mayoría de los casos, viola las leyes de derechos de autor ... Sin embargo, en una era digital donde se encripta la información y se almacena en los bits atómicos de dispositivos a nanoescala, las respuestas a preguntas filosóficas, morales y legales que rodean el derecho de autor se vuelven confusas", dice la declaración de Hovden para la exhibición, que forma parte de la Bienal Cornell Council for the Arts.

Para la exhibición, que se extiende hasta el 22 de diciembre, artistas y científicos "exploran las consecuencias culturales y humanas de ver el mundo en los niveles micro y macro, a través de la nanociencia y la comunicación en red". Los participantes han hecho cosas como reproducir las texturas microscópicas de una hoja de papel en un paisaje 3D habitable o creado sensores portátiles para detectar metano y gases venenosos.

Hovden, un estudiante de física aplicada en Cornell, ha grabado obras de arte en las superficies atómicamente lisas y planas de obleas de silicio utilizadas en dispositivos digitales modernos. Eligió obras "donde el derecho de autor es relevante a la discusión" -- obras de Escher, Magritte, Matisse y del artista contemporáneo Alegría Garnett, que libera su trabajo bajo una licencia de Creative Commons.

Rindió todas su réplicas microscópicas en obras tangibles en lugar de en bits, pero son esencialmente tan invisibles a los ojos como serían los datos digitales. Hovden no incluye ninguna herramienta de aumento en la exposición, diciendo que sería incompatible con el punto de la obra.

"Las obras de arte se copian y se reducen de tamaño -- sin permiso", dijo Hovden. "Pero esto se ha llevado a un extremo absurdo. Cada una de las piezas es tan pequeña, que está más allá de la percepción humana. No sólo el ojo humano no puede ver la obra copiada, sino que la luz visible es demasiado grande como para observar las réplicas".

Entonces, si el ojo humano no puede ver el trabajo, ¿se aplican las mismas reglas sobre el plagio? "Ésta es precisamente la pregunta que plantea este trabajo", dice Hovden. "La originalidad, la propiedad, el control y la expresión de ideas es algo que yo contemplo tediosamente".

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Este es el haz de luz utilizado para crear las obras de arte: mucho más complicado que un lápiz y un papel. Robert Hovden
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