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Internet

Tecnología anticensura iraní busca reducir la brecha digital en las aulas de Oaxaca, México

La organización NetFreedom Pioneers desarrolló un sistema para enviar contenido por satélite burlando la censura de Irán. Ahora, pone esa tecnología en uso para llevar materiales educativos a escuelas mexicanas.

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Alumnos en la escuela Siglo XXI de Álvaro Obregón en Oaxaca, México.

Marta Franco/CNET

La escuela Siglo XXI en la comunidad de Álvaro Obregón, en Juchitán de Zaragoza (Oaxaca), nunca ha tenido acceso a Internet. La docena de computadoras de la sala de informática son antiguas y no se conectan a la red. Pero desde marzo de 2019, Siglo XXI es la primera escuela de México en contar con la tecnología de Knapsack, que permite que los alumnos reciban contenidos educativos a través de una antena satelital. No es Internet, pero estos alumnos de secundaria pueden ver videos de YouTube, consultar información y aprender con juegos interactivos casi como si lo fuera. 

Esta iniciativa es parte del proyecto principal en el que trabaja NetFreedom Pioneers, una organización sin ánimo de lucro que desde hace tres años burla la censura gubernamental en Irán transmitiendo paquetes de contenidos digitales diarios a través de televisión satelital. 

El caso de México es distinto. Aquí la idea no es combatir la censura ni al gobierno local, sino más bien trabajar con él para reducir la brecha digital. La tecnología, no obstante, es la misma.

Detrás del proyecto Knapsack, y de NetFreedom Pioneers, se encuentra Mehdi Yahyanejad, un emprendedor iraní afincado en Los Ángeles, California, que desde hace años trabaja para facilitar la libertad de información en zonas donde es limitada. 

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Mehdi Yahyanejad en su casa de Los Ángeles, California.

Marta Franco/CNET

Yahyanejad cuenta la historia de la vez en la que intentó construir una antena satelital para conectar el receptor que había adquirido en el mercado negro. Eran los años 90, él era un estudiante universitario en Teherán, y las antenas y los receptores eran ilegales en el país —todavía lo son, aunque son ampliamente utilizados— y difíciles de encontrar, así que con la ayuda de un amigo fabricó su propio equipo en el patio de su familia con base en restos de metal. 

"Mi padre se burlaba y decía 'esto no va a funcionar'", cuenta ahora, 20 años más tarde. Y tenía razón. Para cuando el proyecto estuvo acabado, la "antena" era un disco deformado e incapaz de recibir nada. 

Ahora ríe cuando recuerda la historia, aunque lo cierto es que, aunque de manera distinta, su proyecto satelital terminó siendo exitoso. Yahyanejad es ahora padre y dirige la organización con la que ha conseguido llevar la información a lugares desconectados o bloqueados. Y no es lo único: el trabajo de NetFreedom Pioneers incluye también una aplicación para ayudar a víctimas de violencia doméstica llamada Toranj.

NetFreedom Pioneers desarrolló Knapsack en 2016. La tecnología, llamada "Toosheh" en persa ("mochila", en español), no requiere de la infraestructura de una conexión a Internet, y utiliza la televisión satelital para transferir datos. No es Internet, no precisa un navegador y no permite que los usuarios puedan navegar la red libremente, sino que solo pueden descargar el contenido que NetFreedom Pioneers selecciona y transmite, pero les permite ver videos de YouTube, leer documentos y hasta consultar versiones 'offline' de sitios Web. 

Ahora, tres años después, la tecnología está yendo más allá de la censura en Irán para alcanzar a comunidades rurales en México donde el acceso a Internet es limitado o inexistente.  

Una solución sencilla

Ni la censura ni la falta de conectividad son asuntos nuevos para Yahyanejad. 

En su casa de Los Ángeles, donde guarda un par de antenas satelitales, Yahyanejad habla con su habitual voz calmada, cálida y su acento iraní, que ha mantenido a través de los años. Llegó a California en 2004 para trabajar como investigador postdoctoral en la Universidad de Stanford, tras haber completado su doctorado en física en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés). En aquel momento decidió prescindir de Internet en su vivienda "para pasar más tiempo leyendo libros por las noches", recuerda. Por supuesto, el propósito duró poco y acabó utilizando un módem de Stanford. "¡Era tan difícil y tan lento!", cuenta. "Pero por aquel entonces, esa era la experiencia en todo el mundo. Pensé, 'esto no puede ser así'".

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Mehdi Yahyanejad de pequeño, en Irán. 

Cortesía de Mehdi Yahyanejad 

Dos años después, en 2006, fundó Balatarin.com, un sitio Web en persa, similar a Reddit, que cosechó un enorme éxito en Irán. La página ha recibido múltiples ataques por parte del gobierno del país, cuenta Yahyanejad, y el acceso ha sido bloqueado repetidamente, pero sigue siendo muy popular, y los usuarios acceden a través de servicios de redes privadas virtuales que oculta la localización.

Estas cuestiones sembraron la semilla en su cabeza de la cuestión fundamental detrás de su trabajo: "¿Es posible saltarse la infraestructura de Internet por completo?" La respuesta, 10 años más tarde, fue Toosheh —o Knapsack.  

La tecnología detrás de Toosheh es sorprendentemente sencilla, una vez Yahyanejad la muestra en sus oficinas en Marina del Rey. Las paredes están cubiertas de pósters e imágenes sobre Irán y la libertad de información, e incluso comentarios de los usuarios.  

Así es como funciona. Los usuarios ven la televisión de manera normal y encuentran el canal de NetFreedom Pioneers, como un canal cualquiera, que simplemente muestra una serie de gráficos que explican cómo grabar y extraer la información. Entonces solo deben grabar el contenido —muchos de estos receptores permiten conectar una llave USB— durante el tiempo indicado en la pantalla. El tamaño del paquete está especificado también. Por ejemplo, un paquete de 0.34 gigabytes puede tardar una hora y 46 minutos en grabarse. 

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Los usuarios en Irán pueden grabar el contenido que reciben por satélite con una memoria USB.

Marta Franco/CNET

Una vez que el contenido está guardado, el usuario puede extraerlo a través del software de Toosheh. Las instrucciones para obtener este programa, que se puede conseguir por correo electrónico o en una página Web a la que se puede acceder a través de un proxy (un servidor que oculta la localización), están también en los gráficos. Incluso algunos instaladores de satélites lo ofrecen a sus clientes. 

Esta solución es difícil de rastrear y de bloquear. El gobierno iraní puede intentar congestionar la señal y provocar interferencias, pero el sistema cuenta con una herramienta para atajar este problema. Por decirlo de manera simple, si el usuario graba lo suficiente, la información será redundante y podrá tapar los "agujeros" creados por las interferencias. En una situación de revueltas o tensiones, cuando el gobierno iraní podría intentar ralentizar el tráfico o bloquearlo por completo, Toosheh aún sería una manera de recibir información, independiente de los canales en línea. Y como la televisión satelital tiene un alcance tan amplio, la tecnología puede estar disponible incluso en áreas remotas o empobrecidas. 

Esta capacidad de saltarse la censura no quiere decir que el contenido que transmiten sea necesariamente político, controvertido o incendiario. Y no todo el mundo que la utiliza está pensando en burlar al gobierno. Lo que buscan muchos es simplemente ver videos divertidos, consultar materiales educativos o aprender a utilizar algún software con la ayuda de un manual. "En cuanto lanzamos el proyecto nos dimos cuenta de que muchas de las personas que utilizan esto no están necesariamente intentando saltarse la censura", dice Yahyanejad. "Solo están buscando un tipo de contenido que normalmente no ven en Internet. O son pobres, o no tienen suficiente dinero para pagarlo". 

De la censura en Irán a las escuelas indígenas de México 

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Alumnos en la escuela Siglo XXI de Álvaro Obregón.

Marta Franco/CNET

Durante un caluroso día en la sierra de Oaxaca, Ahmad Ahmadian se dirige por segunda vez a la comunidad zapoteca de Álvaro Obregón en Juchitán de Zaragoza. Es mayo de 2019 y la carretera es larga y tortuosa, pero a él no parece importarle. Ahmadian, que llegó a Estados Unidos como refugiado tras ser arrestado y expulsado de la universidad por su activismo político en Irán, trabaja en NetFreedom Pioneers ayudando a expandir Knapsack a otras regiones.

A su lado se sienta Roberto Alejandro Palacios Ornelas, un entusiasta de la tecnología de 31 años, residente en Ciudad de México y apasionado por el desarrollo rural y la eliminación de la brecha digital. Palacios colabora con la organización para ayudar a traer la tecnología al país. Su inglés es limitado y el español de Ahmadian es prácticamente inexistente, pero ambos conversan animadamente con la ayuda de Google Translate. A pesar de las diferencias, ambos comparten su interés por la tecnología, la libertad de información y los movimientos sociales.  

Ambos empezaron a trabajar juntos unos meses antes, cuando NetFreedom Pioneers empezó a extender su área de cobertura en América del Norte para alcanzar nuevas regiones. Palacios recibió la señal en su hogar en Ciudad de México y grabó y descargó su primer paquete de contenido. "Implosionó mi cabeza, hizo que explotara", dice. "Y vi mucho potencial en la tecnología. Dije, esto tiene que conocerlo la población. Tenemos que llegar a esas zonas que lo necesitan". Así que contactó a Yahyanejad a través de múltiples medios: WhatsApp, correo electrónico, etcétera. "Soy un 'spammer'", ríe. Quería ayudar a la organización y no podría haber llegado en un mejor momento. 

La escuela Siglo XXI tiene pocos recursos. En momentos del día, el ganado cruza el patio, y las puertas de las aulas permanecen abiertas para combatir el calor apremiante. La humedad y la temperatura hacen que las lentes de las cámaras se empañen. Fuera de las aulas, el zapoteco se escucha más que el español, que algunas familias apenas hablan, y los chicos se sienten más cómodos utilizando su idioma materno. 

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Ahmad Ahmadian y Roberto Alejandro Palacios Ornelas.

Marta Franco/CNET

En una de las salas de la escuela, maestros y personal administrativo trabajan en sus escritorios. Los alumnos también utilizan este espacio como sala de computadoras, donde aprenden algo de informática a pesar de no tener acceso a Internet. A pesar del calor, Palacios viste la camisa planchada y de manga larga que ha escogido para su visita. Quiere estar bien arreglado para los maestros, a los que se dirige con sumo respeto. También se ha quitado los aretes de las orejas. Ahmadian le sigue y se comunica con el personal y los alumnos a través de él o de las pocas personas que hablan algo de inglés. Quiere saber qué tal está funcionando el programa, si hay problemas, y qué dudas o preguntas tienen en la escuela. 

En la escuela es casi imposible recibir conexión de datos en el celular. Un punto determinado debajo de un árbol en el patio parece ser el único lugar donde llega suficiente señal como para intercambiar mensajes de WhatsApp. Palacios camina entre la sala y el árbol para obtener la información que necesita para arreglar un par de computadoras, que son demasiado antiguas para conectarse a Knapsack. En el pueblo, la mayoría de familias acceden a Internet a través de sus celulares por horas, comprando fichas por 50 pesos, cuando lo necesitan. Algunas personas ofrecen acceso a la señal a través de antenas locales, pero esta actividad está perseguida y penalizada a través del Instituto Federal de Telecomunicaciones. 

En marzo, un grupo de NetFreedom Pioneers se trasladó a Álvaro Obregón para instalar una antena, un receptor de contenido y una red Wi-Fi. En mayo, Ahmadian y Palacios visitaron de nuevo para comprobar el estado del proyecto. Confían en que esta sea la primera de muchas escuelas mexicanas en recibir materiales educativos a través de la tecnología.

La falta de conectividad en algunas zonas de México no es un secreto, y distintos grupos y organizaciones están intentando hacerle frente. En Oaxaca, Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias trabaja desde hace años para traer acceso celular a comunidades aisladas que lo necesitan. En Chiapas, un pequeño grupo de maestros ocupó titulares al instalar un sistema de Internet comunitario que funciona amplificando una señal cercana. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha prometido llevar fibra óptica a todo el país, pero es un proyecto largo y complejo que no va a completarse a corto plazo. 

"Este proyecto tiene todo mi apoyo", dice Palacios durante un descanso de su trabajo de mantenimiento de las computadoras. "Sin embargo, llevar fibra óptica a todo el país es algo que va a requerir mucho esfuerzo y tiempo. Nuestro sistema no es un piloto, nuestro sistema ya está probado en otros países, es algo que está funcionando, y queremos llegar a todo el país". 

En Irán, los usuarios graban y extraen el contenido manualmente. En México, este proceso se lleva a cabo de manera automática a través de una estación de contenido, una sencilla computadora que recibe y almacena el contenido que llega a través del satélite y lo pone a disposición de la escuela a través de una red Wi-Fi. No es Internet, pero los estudiantes obtienen una experiencia similar cuando acceden a los materiales, en su  mayoría sitios de contenido educativo. 

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Alumno de la escuela Siglo XXI en la sala de computadoras.

Marta Franco/CNET

En la escuela Siglo XXI, la iniciativa fue recibida con escepticismo en un comienzo. Los vecinos todavía recuerdan las decepciones de la industria eólica en la zona. Sienten que las compañías se aprovecharon de la población local e instalaron parques eólicos que implican la pérdida de sus tierras y su modo de vida. En ese contexto, pensaron que este grupo de extraños no iba a ofrecerles algo sin esperar nada a cambio. Además, las familias temían que los jóvenes accedieran a contenido inapropiado. 

Pero parte de los maestros y personal administrativo lo vieron como una oportunidad y convencieron a la comunidad de que lo intentara. El director de la escuela, Raúl Abarca Santiago, fue uno de ellos, y recuerda el día en el que la organización llegó al pueblo. "Un compañero me decía: 'Oiga, maestro, ¿pero no va a ser lo mismo de siempre, que hacemos proyectos y dicen que sí, pero no llegan?' Cuando en eso volteo y veo que llega el coche y dije: 'Mire, maestro, ya llegaron'". 

NetFreedom Pioneers imprimió y colgó en la escuela códigos QR para que los alumnos pudieran acceder a la plataforma a través de sus celulares. No todos tienen uno, y algunas familias tienen uno para todo el hogar, pero los chicos comparten dispositivos. En todo caso, no necesitan escanear este código, y la mayoría no lo hacen. En su lugar, han memorizado el número que tienen que teclear en la barra de la URL para acceder el "Knapsack", una palabra que les cuesta pronunciar. Es 192.168.0.8.

Diferentes retos, distinto contenido 

A diferencia de México, donde Knapsack apenas está empezando a llegar, en Irán la tecnología está bien asentada. Yahyanejad dice que el software ha sido descargado unas 700,000 veces, pero la organización no puede seguir el rastro de quién lo ha compartido por su cuenta. En una encuesta reciente, asegura, 5 por ciento de iraníes habían usado la tecnología, una cifra próxima a los 3 millones de personas. 

Reza, que no quiere revelar su nombre completo por seguridad, es uno de estos usuarios de Knapsack en Irán. Tiene 35 años y trabaja en el centro de llamadas de una compañía. Además, es ciego. En una conversación telefónica explica que le gustan las películas y los documentales, pero especialmente los audiolibros. 

"Las películas están censuradas en Irán. Las TED talks [charlas sobre temas interesantes que se emiten por Internet] también lo están", enumera, frustrado. "¡Si quieres tener acceso a ellas, no puedes hacerlo libremente! Yo quiero escuchar esos audiolibros. Esto es muy sencillo: Internet es caro, la velocidad es lenta, los proxys son caros, y el gobierno no permite la mayoría del contenido. Para mí, siendo ciego, sería difícil conseguir estos libros". 

Usuarios como Reza pueden compartir sus ideas sobre la aplicación en diferentes medios, incluyendo mensajería cifrada como WhatsApp e Instagram. Por ejemplo, él ha solicitado que envíen el programa deportivo de la BBC Match of the Day. "El hombre que recibe los mensajes me prometió que lo intentaría", dice. "Creo que será ya para la próxima temporada". 

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Ahmad Ahmadian en el tejado de la escuela Siglo XXI.

Marta Franco/CNET

Yahyanejad dice que NetFreedom Pioneers recibe multitud de mensajes que son conmovedores. Por ejemplo, recuerda el de un usuario en una zona rural que les dijo que había caminado 15 kilómetros hasta llegar a una cafetería en una pequeña ciudad porque ese era el único lugar donde podía acceder a Internet. Todo, para enviarles un correo. 

En otra ocasión, un usuario en Afganistán, a donde también llega la señal, les contó que había vivido en Irán, pero había sido deportado. "Nos daba las gracias porque esta es una de las maneras en las que puede enterarse de lo que está ocurriendo en el mundo, comenta Yahyanejad. "Cuando leemos estos mensajes, nos anima a seguir y nos hace seguir que vamos por el buen camino". 

Pero este camino no es siempre fácil. Muchos de los trabajadores de NetFreedom Pioneers son iraníes. Algunos son refugiados, y su trabajo burlando la censura hace que sea muy difícil que puedan regresar a su país. Yahyanejad sabe que sería detenido si volviera a casa. "Parecen tener un interés especial en todo el mundo que hace algún tipo de trabajo de desarrollo". 

La situación en México es muy distinta, y la organización quiere trabajar con el gobierno mexicano para determinar los mejores materiales educativos para las escuelas. De hecho, una de las prioridades del proyecto es determinar la mejor manera de responder a las necesidades e intereses de la comunidad. En su última visita a la escuela, Ahmadian intentaba conversar con los estudiantes y profesores, con la ayuda de los pocos que podían ayudarle a traducir sus palabras, para saber más sobre el contenido que les gustaría ver en la plataforma. 

Reproduciendo: Mira esto: De la censura en Irán a la Sierra de Oaxaca
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En Irán es otra historia. Un equipo editorial en diferentes países se dedica a seleccionar el contenido diario que se envía por satélite, que puede llegar a ser de hasta 5 o 6 gigabytes al día. Estos materiales proceden de unas 200 fuentes, y la organización intenta responder a los comentarios y demandas de los usuarios. Algunas de estas demandas, por ejemplo, son libros escolares para niños, libros de filosofía censurados en el país, guías para aprender a programar en Android, y manuales para hacer velas y jabón. 

Yahyanejad dice que, precisamente, uno de los retos de la organización es entender las necesidades de los países a los que llega. NetFreedom Pioneers tiene su sede en Estados Unidos, pero su señal llega hasta Irán y Afganistán, y ahora México. Y los retos son diferentes. "En Irán, los desafíos son sobre todo políticos y de censura. En Afganistán el problema es la falta de electricidad, y que algunos usuarios no saben leer. En México, el reto es llegar a zonas remotas con acceso limitado", explica. "Cada uno de estos contextos tiene desafíos muy diferentes, y tenemos que estar aprendiendo constantemente".  

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Roberto Alejandro Palacios Ornelas bajo un árbol del patio de la escuela Siglo XXI. Es el único punto donde el joven mexicano, voluntario con la organización, puede recibir datos en su celular. Está buscando información para actualizar un par de computadoras de la escuela.

Marta Franco/CNET

En el mundo de Silicon Valley es normal escuchar el mantra "hacer del mundo un lugar mejor". Yahyanejad no lo dice al hablar de su trabajo -- al menos, no sin que que le pregunte directamente --, pero espera que la tecnología que ha desarrollado ayude a personas en zonas pequeñas, remotas y aisladas a acceder contenido que normalmente se encuentra fuera de su alcance. 

"Es difícil saber cuánto cambio puede suponer, pero es un cambio gradual", dice. "Solo es una manera de recibir contenido, pero por supuesto son ellos los que se están educando. Creemos que esto puede tener un impacto gradual, y a largo plazo, cambiar la cultura, la manera en la que las personas se trata unas a otras y la forma en la que la gente se relaciona con el resto del mundo". 

Mientras tanto, en el Siglo XXI, en Álvaro Obregón, Oaxaca, el subdirector. Hedilberto de la Cruz Martínez, lo resume así: "Esto nos cayó como del cielo".