'Narcos': una mirada compleja y violenta a la historia de Colombia

[Reseña con pocos 'spoilers'] La nueva serie original de Netflix muestra un país vivo e intenso secuestrado por la violencia del narcotraficante más famoso del mundo en la década de los 80.

Wagner Moura como Pablo Escobar en 'Narcos'. Daniel Daza/Netflix

"Plata o plomo" es una de las frases preferidas de Pablo Escobar en Narcos, la nueva serie original de Netflix estrenada el 28 de agosto.

Y de ambos hay mucho: el famoso narcotraficante colombiano, quien inspiró el término "narcoterrorismo" cuando impuso una ola de violencia en su país en los años 80, acumuló tanto dinero que no le quedó más que enterrarlo y mató a tanta gente que pudo haber fundado su propio cementerio.

Con la producción del brasileño José Padilha (RoboCop y Elite Squad), Narcos es apenas la segunda producción original de Netflix que se desarrolla totalmente en Latinoamérica (la primera es Club de cuervos, estrenada también en agosto). Sus 10 capítulos cuentan el ascenso y proceso de desquiciamiento del brutal líder del Cártel de Medellín (protagonizado por el brasileño Wagner Moura) en una versión ficcionalizada para la pantalla (algo que se aclara al inicio de cada episodio). La historia fue escrita por Chris Brancato, con ayuda de varios de los involucrados.

Lo primero que llama la atención -- y ha acaparado la crítica sobre esta serie -- es el acento del actor brasileño, que intenta imitar la dicción "paisa" típica de la región de Antioquía, con muy pobres resultados. Cuando está en silencio, fumando en una de sus múltiples propiedades, el Escobar de Moura parece salido de un noticiero de la época: una reencarnación fiel. Pero nada más abrir la boca, el brasileño nos recuerda su origen y, sobre todo, que aprendió el castellano -- y el acento paisa -- tan sólo unos meses antes de comenzar la grabación. Pero hay una buena noticia: en lo que avanza la serie, el acento mejora y la actuación se vuelve sublime.

Sin embargo, los verdaderos protagonistas de Narcos son Colombia y, en particular, Medellín, con su valles rodeados de montañas de selvas de un verde asfixiante que sirven para proteger las operaciones de producción de cocaína. Los distintos directores de los capítulos (el propio Padilha, que dirige los primeros dos) muestran un país elaborado, de vegetación intrépida y hombres salvajes que aprietan el gatillo con la misma facilidad con la que besan a sus esposas -- o sus amantes.

Como dije, los creadores se han tomado muchas libertades con la precisión y veracidad de los hechos. Toca muchos eventos conocidos: el atentado contra un vuelo de Avianca, Escobar construyendo su propia "cárcel", los atentados contra políticos, periodistas y policías; todos asuntos reales. Sin embargo, cuando intenté confirmar uno de los eventos, un sanguinario ataque al Palacio de Justicia, quedó claro que los autores apostaron por la teoría nunca confirmada que fue un atentado financiado por Escobar. Pero, como bien dice en su inicio, la serie confirma que el realismo mágico se inventó en Colombia.

Pedro Pascal es el agente Javier Peña de la DEA, encargado de capturar a Pablo Escobar. En la foto, Pascal interpreta a Oberyn Martell en la serie 'Game of Thrones' de HBO. HBO

La serie comienza con un brevísimo vistazo a los negocios de Escobar antes de la cocaína. Me hubiera gustado entender mejor su pasado y conocer más sobre sus orígenes, pero los creadores muestran muy rápido la evolución que llevó a Escobar a ser un narcotraficante violento que, literalmente, llegó a nadar en billetes. En el proceso conocemos a personajes que, a pesar de no ser los más importantes, son fundamentales en la historia y muchas veces resultan más complejos, interesantes y elaborados que el Escobar de Narcos.

Uno de ellos es el primo de Escobar, Gustavo Gaviria (Juan Pablo Raba), que es un hombre fiel hasta la muerte y que muestra un lado profundo, pensante y sofisticado de las operaciones detrás del narcotráfico que el personaje de Escobar no logra transmitir. Luis Guzmán, por su parte, está fabuloso como el narcotraficante José Rodríguez Gacha.

La historia la cuenta un soso y desangelado agente de la DEA llamado Steve Murphy (Boyd Holbrook). Aunque es el segundo personaje más importante de la serie detrás de Escobar, no es siquiera el agente de la DEA más fascinante de la serie. Ese lugar lo ocupa Javier Peña (Pedro Pascal), un hombre totalmente bilingüe que entiende la cultura colombiana mucho mejor que su colega y que navega por las calles de Medellín con un aplomo hipnotizante. Mientras que Holbrook no logró que me interesara por el agente Murphy, me quedé con ganas de conocer mejor las motivaciones y las razones del Peña de Pascal.

Del lado del gobierno colombiano conocemos a candidatos presidenciales y presidentes como César Gaviria (Raúl Méndez), pero Horacio Carrillo (Maurice Compte), un militar intachable obsesionado con capturar a Escobar, es el más cautivante de todos porque logra transmitir, al mismo tiempo, una alta dosis de compasión y obsesión.

Otras series de Netflix, como Orange is the New Black, se han caracterizado por tener personajes secundarios poderosos que poco a poco opacan a los protagonistas. En las temporadas recientes de OITNB, varios personajes que apenas ocuparon la pantalla en los primeros capítulos han logrado más -- y merecido -- tiempo al aire. Espero que lo mismo suceda con algunos de los que he mencionado de Narcos (eso sí, si es que sobreviven para la segunda temporada; la serie es una verdadera carnicería de asesinatos).

Tristemente, las mujeres juegan un papel bastante secundario en la serie. Son importantes las intervenciones de la mamá de Escobar (Paulina García), la esposa (Paulina Gaitán), la periodista amante (Stephanie Sigman), la esposa del agente Murphy (Joanna Christie) y la comunista (Ana de la Reguera), pero ninguna comanda la pantalla o transforma la historia. Son la definición de personajes secundarios, pero no de los que pueden llevar su propia serie.

A pesar de que la historia lleva un ritmo vertiginoso que me hizo suponer que no tendría una segunda vuelta (pensé que llegaría hasta la conocida muerte del narco), ésta termina en 1991, por lo que quedan dos años más (Escobar murió en 1993) para incluirlas en la próxima temporada (Netflix publicó este tuit el 3 de septiembre apuntando a una segunda temporada).

La serie logra mostrar un país en carne viva -- ardiente e intenso --, y la producción, llena de excelentes secuencias de acción y muerte, con personajes elaborados y buenas actuaciones (con excepción del horrendo acento colombiano de algunos, no sólo de Moura) logra mantener la atención de la audiencia los 50 minutos que dura cada capítulo. La historia se mueve rápidamente, ayudada por una narración en off un tanto facilona y un buen uso de videos históricos (que incluyen a los verdaderos personajes, como el candidato presidencial Luis Carlos Galán y al propio Escobar). Al final de la temporada, sin duda, me quedé con ganas de ver más.

El Escobar de Narcos está obsesionado con luchar contra la posibilidad de ser extraditado -- que es lo que enciende su vena más violenta. Prefiere la "tumba en Colombia a cárcel en Estados Unidos". Aunque el personaje nunca entra en detalles sobre cómo alcanzó ese amor inconmensurable, innegociable y arrasador por su país, Narcos nos presenta una Colombia muy completa, viva y real con la que es fácil enamorarse. Gracias a esa Colombia que conocemos a través de Narcos, es más fácil entender las motivaciones de Pablo Escobar para hacer todo lo que estuvo en su poder -- a punta de plata y plomo -- por nunca ser extraído de su país.

Ahora, a esperar la segunda temporada.

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