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Reseña segunda temporada de Narcos México: Más de lo mismo

[Reseña sin 'spoilers'] La serie de Netflix, que se estrena el 13 de febrero, ha encontrado una fórmula con base en la realidad mexicana, una realidad que tristemente dará para muchas más temporadas. Pero, ¿la audiencia tiene estómago para 30 años más de la violencia del narco?

La historia de la segunda temporada de Narcos México, que se estrena el 13 de febrero en Netflix, termina en 1989. Eso significa que a la serie le quedarían más de tres décadas de inspiración para continuar una historia que, ya sabemos, se ha vuelto cada vez más violenta y tenebrosa.

Pero, más allá de esa sustanciosa fuente de inspiración que la serie tiene con los siguientes 30 años de esta historia trágica que es el narcotráfico en México, la pregunta es si la audiencia tiene estómago para más, sobre todo ahora que la serie parece haber hallado una fórmula que se basa en esa violencia que, como dije, sabemos que se pondrá peor.

Narcos México 2 continúa con la historia de Miguel Ángel Félix Gallardo (Diego Luna), el capo más grande de México en los años 80. En esta ocasión, la DEA, encabezada por un tal agente Walt Breslin (Scoot McNairy), busca vengar a toda costa la muerte del agente Kiki Camarena a manos de Félix Gallardo.

La fórmula que sigue Narcos México es simple: Se basa en una historia de México un tanto maniatada a favor del entretenimiento, en donde la violencia funciona como motor y como recurso narrativo (siempre aparece en el momento justo, cuando parece que la trama no da más; por segunda ocasión pensé que esta temporada sería menos violenta que la anterior hasta que la cosa subió mucho de tono a partir del sexto episodio —para esta reseña vi los diez episodios de la temporada entera). Asimismo, como parte de la fórmula de Narcos desde su origen, los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos, hasta confirmar que en efecto sí lo son (pasó con Pablo Escobar y ahora con Félix Gallardo: a pesar de dar la impresión de poner a su familia por delante, terminan siendo unos psicópatas consolidados). También, la fórmula incluye materiales documentales originales (aunque usaban este recurso más en el Narcos de Pablo Escobar) y la narración siempre desde el punto de vista del agente de la DEA en turno.

En esta segunda temporada, la política juega un papel mucho más importante que en la anterior. Sin embargo, mientras que los showrunners de Narcos y Narcos México han hecho un buen trabajo en darle vida y forma a la historia del narco y sus protagonistas, la política no se les da tan bien.

Políticamente fue una época muy accidentada en México. En 1988, se llevaron a cabo elecciones presidenciales, de las más fraudulentas y competidas en la historia moderna del país, que sentaron las bases para que el Partido Revolucionario Institucional finalmente perdiera la presidencia en 2000, luego de 71 años en el poder. La serie intenta insertarse en esos sucesos, poniendo a Félix Gallardo en medio, lo que acaba siendo increíblemente torpe. La serie sugiere constantemente que el capo dirigió y coordinó aquel fraude y que la clase política mexicana no solo estuvo abierta a recibir su ayuda, sino que sin ella no hubieran logrado perpetuarse en el poder. Los escándalos políticos de fines de los 80 en México son muy escabrosos, pero nunca había leído que el narco haya tenido influencia en el fraude electoral —y menos a tal magnitud. ¿Qué necesidad hay de inventarse esto cuando la realidad es de por sí lo suficientemente escandalosa?

Además, Narcos México presenta a los políticos como torpes y acartonados. Una de las mayores cualidades de la serie es que ha logrado humanizar a los narcos hasta un punto, lo suficiente para entender sus motivos y su comportamiento (que no justifica, lo cual hasta ahora ha sido de las mayores virtudes de los escritores y directores de los distintos episodios). Por ejemplo, Narcos México lo hace muy bien en sus dos temporadas con el personaje de Pablo Acosta, un narco fronterizo con mucha personalidad a quien da vida el excelente actor Gerardo Taracena. En esta nueva temporada conocemos a la novia de Acosta, la estadounidense Mimi Webb Miller (Sosie Bacon), quien logra mostrar otra cara del narcotraficante sin convertirlo en un superhéroe. Pero esta cortesía que los escritores le brindan a los narcos no se la extendieron a los políticos de esta segunda temporada, quienes parecen más marionetas que personas.

La segunda temporada de Narcos México le gustará a los fanáticos —porque no se sale de la fórmula—, pero quizá le parezca algo repetitiva a muchos, precisamente porque no sale de la fórmula. La historia del narco en México dura hasta nuestros días, y no parece que se vayan a agotar estas fuentes de inspiración muy pronto. La pregunta es: ¿Cuántas temporadas más quiere la audiencia de las interminables historias de violencia del narco?

La segunda temporada de Narcos México se estrena el 13 de febrero en Netflix.