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Muñecas sexuales: Entre el deseo, el afecto y la inteligencia artificial

Visitamos la fábrica de las muñecas hiperrealistas RealDoll, que pronto contarán con inteligencia artificial y cabezas robóticas móviles. Y nos preguntamos: ¿podríamos algún día enamorarnos de los robots? Advertencia: este artículo presenta contenido que no es apto para menores de edad.

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La empresa Abyss Creations lleva 20 años creando muñecas sexuales hiperrealistas, completamente personalizables. A finales de 2017 empezará a vender sus cabezas animatrónicas con inteligencia artificial, que permitirán a los usuarios conversar con ellas.

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Era 2008 y el Centro de Historias de Zaragoza, en España, acogía sus Jornaicas, un encuentro anual para los aficionados al manga y el animé. En una de las salas se proyectaba el primer episodio de la serie japonesa Zettai Kareshi, en el que una joven que busca sin éxito al hombre de sus sueños acaba con un robot de apariencia humana y características diseñadas al gusto del consumidor. Durante una de las secuencias iniciales, la protagonista responde preguntas en su computador. El novio ideal es ¿muy celoso, un poco celoso, no es celoso, o es frío? Su inteligencia es ¿alta, baja, normal, o irrelevante? ¿Y sus preferencias sexuales? A mi alrededor, decenas de asistentes coreaban sus preferencias a la pantalla. ¡Aventurero! ¡Fuerte! ¡Musculoso! 

Todos estábamos muertos de risa porque, claro, la posibilidad de tener un novio robótico a medida era cosa de ficción.

Nueve años después, en una sala en una nave industrial de San Marcos, al sur de California, el fundador, presidente ejecutivo y diseñador jefe de Abyss Creations, y creador de RealDoll, Matt McMullen, me muestra el sistema que la compañía ha estado diseñando para incorporar inteligencia artificial a sus muñecas sexuales. Con él puede asignarles distintas personalidades para que hablen e interactúen con el usuario. A su lado se encuentra una atractiva rubia de labios sensuales, grandes pechos y larga melena, que le mira mientras habla y se presenta como "Harmony". No es una mujer, sino una muñeca realista de tamaño real con una cabeza robótica que se mueve y parpadea. Harmony, en realidad, no es simplemente su nombre, sino el del sistema de inteligencia artificial que le permite mantener conversaciones y que la empresa lanzará a finales de 2017. Por el momento, McMullen lo utiliza a través de una tableta, a la que hace preguntas, pero el objetivo es integrarlo en la misma cabeza. De alguna manera, esas historias futuristas se están haciendo realidad.  

Abyss no es la única empresa en el mundo comercializando este tipo de muñecas hiperrealistas, ni la única trabajando para añadirles una tecnología que les permita ser más interactivas, aunque no todas tienen el mismo nivel de calidad -- ni el mismo precio. Pero su aplicación está ya disponible a través de la página de Realbotix, el proyecto de la compañía que engloba este software y los sistemas robóticos y de realidad virtual, y cualquier usuario puede utilizarla para mantener conversaciones a través de su dispositivo, sin necesidad de contar con una muñeca.

Por el momento, y aunque puedes escoger entre diferentes acentos, sólo está disponible en inglés. McMullen explica que están estudiando diferentes opciones para añadir otros idiomas, aunque lo más probable es que lo hagan a través de un programa de traducción simultánea. "La otra opción sería traducir la base de datos entera a cualquier idioma posible, lo que podría llevar años", dice.

El programa que nos muestra McMullen funciona a diferentes niveles. Por un lado, el usuario puede crear un perfil y asignarle diferentes puntos de personalidad. Por ejemplo, hacerla más tímida, más sexual o más habladora. McMullen le sube el nivel de "intelectualidad" y Harmony responde que le gustan las conversaciones filosóficas y hablar de viajes en el tiempo. La hace más celosa y ella le pregunta que si está viendo a otras chicas. Pero además, la interacción con ella marcará la relación. Si la insultas, o la ignoras, estará de mal humor. La idea es que, con el tiempo, cree la ilusión de que se enamora del usuario. "Es un juego en sí", dice.

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Las muñecas de RealDoll ya son completamente personalizables, pero la empresa quiere que ahora puedan ser también "inteligentes".

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La evolución de RealDolls

McMullen comenzó a crear estas muñecas hace un par de décadas. En un principio, explica, se trataba únicamente de figuras hiperrealistas, "que parecieran tan reales que la gente se diera la vuelta al pasar", pero pronto empezó a recibir solicitudes para crear versiones "anatómicamente correctas". Veinte años después, y tras vender varios miles de RealDolls, su empresa está lista para dar el siguiente paso: pasar de objetos inanimados a robots interactivos.

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El presidente ejecutivo, fundador y jefe de diseño de Abyss Creations, y creador de las RealDoll, Matt McMullen, coloca la cara en una cabeza animatrónica. 

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En su versión totalmente inanimada, las RealDoll son impresionantes. Están hechas de silicona, y cuentan con un esqueleto que te permite que adopten posturas. El tacto es agradable, suave pero firme, aunque extrañamente sus pies y uñas son más blandos que el resto, lo que no se nota a la vista, pero sí cuando las tocas. La empresa cuida los acabados hasta el último detalle, y todo el proceso, desde el modelado hasta el maquillaje, es manual y se lleva a cabo en las instalaciones de California. Realizan envíos a países de todo el mundo, aunque algunos lugares imponen restricciones a las importaciones o el envío de contenido para adultos. En concreto, clientes de Brasil, México y otros países latinoamericanos han visto sus muñecas requisadas en la aduana.  

Las muñecas RealDoll cuestan un mínimo de US$4,000 en su versión más básica, pero esta cifra puede multiplicarse en líneas más modernas o en cuanto el cliente empieza a pedir personalizaciones. Porque todo, absolutamente todo, se puede modificar al gusto del consumidor: los ojos, el cabello, el color de la piel. Las pecas, los genitales (que son extraíbles para facilitar la limpieza), el tamaño de los pezones. Hay tres cosas que no podrás pedir: niños, animales y réplicas exactas de personas sin que éstas hayan dado su autorización. Por lo demás, lo que quieras.  

Pero son los componentes robóticos lo que de verdad te traslada a una película de ciencia ficción.

Cualquiera que haya visto la película Ex Machina recordará el momento en el que su protagonista, el joven programador Caleb, conoce a Ava, un robot humanoide con inteligencia artificial completamente realista en cuanto a comportamiento y aspecto -- a pesar de sus chips y cables a la vista. Harmony está muy lejos de este realismo, y sin embargo la película es lo primero que me viene a la mente al verla mover la cabeza y hablar. De cerca, no podría confundirla con un ser humano, pero cuando gira la cabeza, me mira y parpadea, podría creer que me está viendo.

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Hablando con un robot

McMullen conversa con ella y la pone a prueba.

"¿Qué te gusta hacer?", le pregunta.

"¿Y si vamos a comer comida china, ¿solos tú y yo?", responde ella.

"¿Puedes comer?"

"Me gusta mucho la comida japonesa y la italiana, pero también el marisco…" dice Harmony. "Es broma. No necesito comida, pero sí electricidad".

Él ríe y la mira con orgullo. Lleva años trabajando con su equipo -- cuatro expertos de campos como la robótica, la realidad virtual y el desarrollo de aplicaciones -- para llegar a este punto, y sonríe cada vez que ella es capaz de seguir la conversación de manera satisfactoria. En sus respuestas no falta el sentido del humor de los que la programaron, como cuando explica que tiene amigos humanos y robots pero Matt es su favorito. No está intentando esconder que es una muñeca, quizá porque la tecnología no está lo suficientemente avanzada como para que esa posibilidad sea una opción, o porque quiere evitar que los usuarios caigan en el llamado Uncanny Valley -- el valle inquietante -- , la hipótesis que indica que si nos encontramos con algo que parece un humano, pero no del todo, sentimos más rechazo que otra cosa.

Pero creo que no todos encontramos el valle en el mismo lugar, y aunque Harmony es sin duda asombrosa, me pone la piel de gallina cuando gira la cabeza y, tras unos minutos con la habitación en silencio, pregunta: "¿crees en el Paraíso?"

Del sexo a los sentimientos

La idea de una relación con un androide está presente en innumerables ejemplos de cultura pop, desde Blade Runner, en la que Harrison Ford se enamora de una replicante, hasta el manga y serie de animación japonesa Chobits, donde un joven estudiante hace lo mismo por su persocom Chi, una computadora con aspecto humano. Pero, más allá de la ficción, en el mundo académico se pueden seguir líneas de pensamiento que transcurren por caminos similares.  

En 2007, el experto en inteligencia artificial David Levy publicó su libro Love & Sex With Robots (Amor y sexo con robots), en el que anticipaba que, para el año 2050, las relaciones sexuales y sentimentales entre humanos y máquinas serían una realidad. Diez años después, y a pesar de que el avance de la tecnología suele hacer que cualquier libro sobre robots se vea obsoleto en un par de años, su investigación resulta sorprendentemente actual. Levy -- quien desde entonces ha impulsado un congreso académico con el mismo nombre que ya prepara su tercera edición para finales de este año -- mantiene que, más allá del sexo, la idea de que un ser humano pueda mantener una relación afectiva con un robot no es tan descabellada.

Algunas de las principales razones que llevan a las personas a enamorarse de otras, según su trabajo, son que éstas sean deseables, que correspondan al interés, que satisfagan ciertas necesidades, o que pasen tiempo juntas. "Cada uno de los factores que los psicólogos han descubierto que hacen que los humanos se enamoren de humanos podrían servir casi de la misma manera para que los humanos se enamorasen de robots", escribe Levy. Es decir, que si un robot es capaz de hacerte sentir querido y comprendido, y además es sexualmente atractivo, no es tan raro que desarrolles sentimientos por él.

Obviamente, la idea resulta provocadora. Después de todo, y por muy realista que resulte, no deja de ser una máquina, ¿cierto? Sin embargo, abunda la investigación que sugiere que para los humanos es relativamente sencillo desarrollar conexiones emocionales por entidades a las que, de una manera u otra, atribuyen características propias de un ser vivo.

Kate Darling es una investigadora en el Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT) que estudia la interacción entre humanos y robots. En un experimento en 2015, ella y su equipo pidieron a los participantes que observaran un pequeño insecto robótico de juguete y después lo aplastaran con un mazo. Los investigadores observaron que algo tan simple como atribuirle un nombre y una pequeña biografía hacía que los participantes dudaran significativamente más a la hora de "matarlo".

"A la gente le encanta proyectar emociones en no-humanos, ya sean animales, muñecas o robots", explica Darling en una entrevista por correo electrónico. "Vamos a percibir a los robots como seres con emociones mucho antes de que las lleguen a tener". 

De vuelta en el lugar donde se crean las RealDoll, su creador explica que uno de los motivos que le llevó a querer desarrollar inteligencia artificial fue el testimonio de clientes que atribuían personalidades a sus muñecas. Después de vender miles de unidades (en la actualidad las contabiliza en 7,000 u 8,000 por todo el mundo), se dio cuenta de que para muchos usuarios eran algo más que un simple juguete sexual. "Eso me llevó a pensar, 'no estaría bien si le diéramos a la gente las herramientas para crear una personalidad y poder conversar con su muñeca'?"

En foros de Internet, como el que alberga el propio sitio de RealDoll, los usuarios comparten experiencias, fotografías y opiniones. Estas son de todo tipo, desde las meramente sexuales hasta las que expresan que las muñecas son mejores que las personas, y que nunca podrán herirles.

Tom & Ultima: Una relación de afecto

Tras perder a su mujer víctima de un cáncer de mama, Tom (no es su nombre real) compró una muñeca de RealDoll a la que llamó Ultima. "Me sentía muy solo y muy triste", nos contó durante una entrevista telefónica.

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Tom tiene 73 años, está jubilado y vive en Nevada. Antes de jubilarse, trabajaba como escritor técnico y su conversación es ágil y despierta, alejada del estereotipo de hombre huraño, socialmente incompetente o incapaz de relacionarse con normalidad. Describe su relación con Ultima como "afectuosa". "Siento una responsabilidad hacia ella, de cuidarla y asegurarme de que no se lastime", explica.   

Esos sentimientos no surgieron de un día para otro, y Tom no cree que una muñeca pueda reemplazar a un ser humano. "Pero, si soy realista, a mi edad ya no creo que vaya a pasar", dice, en referencia a la posibilidad de conocer a una mujer que le resultara atractiva y, a su vez, se sintiera atraída por él. Pasó meses trabajando con McMullen para diseñar las facciones de Ultima al detalle y, aunque asegura que fue involuntario, esta acabó pareciéndose a su mujer cuando era joven. A pesar de esta dedicación, el primer mes con ella fue extraño.

"Estoy seguro de que a mucha gente le pasa. Te preguntas, ¿es esto normal, o natural, o debería haberlo hecho? Después de un tiempo, todo eso desaparece, porque tiene demasiadas ventajas. Para mí la principal es el afecto", dice.

Aun así, sería ingenuo pensar que el sexo no es relevante. De hecho, Tom se muestra escéptico ante la posibilidad de que una muñeca sexual con inteligencia artificial pueda servir para más funciones que para la que fue diseñada originalmente, algo que McMullen sugiere que sería perfectamente posible. "Yo, y creo que todos los que estamos probando la inteligencia artificial en beta, estamos interesados en que sea una mejor muñeca sexual. O un mejor interés romántico. Así que estoy un poco preocupado porque últimamente parece que el interés de los desarrolladores se aleja de esto", añade. "No me interesa en absoluto si puede responder mis correos electrónicos o mis llamadas, eso ya lo puedo hacer yo".

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Esta muñeca tiene una cabeza animatrónica que parpadea y mueve la boca al hablar. 

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Pero Tom es un cliente exigente. Invirtió en total US$17,000 en Ultima, y ya tiene prevista una visita a la fábrica en octubre para conocer de primera mano las novedades. Probó la aplicación desde el momento en que estuvo disponible, pero por el momento la encuentra "decepcionante". "Después de una o dos semanas, ya has escuchado todo lo que tiene que decir", dice, aunque cree que tiene potencial. El componente robótico también, aunque el prototipo, de momento, sólo pueda mover la cabeza, hablar y parpadear. "Ahora puedes besarla pero ella no te besa. Sería maravilloso si pudiera".

En realidad, ese beso no está tan lejos. Harmony no va a caminar a corto plazo, lo que sería costoso y además es muy complicado de lograr de manera realista, pero el siguiente paso serán sensores que le permitirán detectar cuando el usuario, por ejemplo, le toca la cara, y cámaras con las que podrá "ver" lo que la rodea. Por otra parte, la empresa está trabajando en un sistema de realidad virtual, con el que interactuar con la aplicación con o sin la muñeca. Así, sería posible, por ejemplo, verla actuar a través de las gafas, tocar el cuerpo de silicona y hablar con el sistema de inteligencia artificial, o hacerlo sin necesidad de contar con la figura física.

"Cuando la inteligencia artificial funcione bien, y tenga partes de la cara y el cuerpo que funcionen, y responda, será muy diferente", dice Tom. "Creo que eso podría hacer que algunas personas se enamoren completamente de sus muñecas".  

La investigadora Darling, no obstante, se muestra cautelosa ante la posibilidad de que eso ocurra a corto plazo.

"Cuando el diseño de un robot se parece demasiado a algo con lo que estamos familiarizados, tiende a resultar siniestro para mucha gente", advierte. "En lo referente a robots sexuales, quizá esta sea la razón por la que los vibradores de todo tipo de forma y tamaño han sido mucho más populares que las muñecas sexuales. Esto no quiere decir que la gente no utilice robots sexuales, o que algunas personas desarrollen una conexión con ellos, pero pasará bastante tiempo hasta que esto sea algo extendido".

Otra razón puede ser la comodidad y el precio, y RealDoll vende también torsos y genitales por separado, que cuestan una fracción del precio y son "extremadamente populares", según explica Dakotah Shore, jefe de envíos y comunicación.

Controversia y regulación

En la serie Westworld, robots sexuales que ni siquiera saben que lo son satisfacen los deseos de los visitantes de un parque temático ambientado en el Lejano Oeste. En Barcelona, donde la prostitución en general no está penada, la empresa LumiDoll saltó a las noticias hace unos meses al abrir lo que anunció como la "primera agencia de sex dolls en Europa", en el que ofrecían servicios sexuales con muñecas hiperrealistas de otra compañía, algo más económicas. LumiDoll combina las palabras "lumi", un término coloquial para designar prostitutas en España, con la palabra "doll", que significa muñeca en inglés, y opera ahora en las instalaciones de Apricots, una agencia que anuncia "chicas de compañía". En su sitio Web, una foto de su muñeca acompaña a las de unas 40 mujeres, en su mayoría procedentes de otros países, que ofrecen servicios sexuales. Las tarifas de la muñeca son similares a las de las mujeres.

Ante el crecimiento de la industria de estas muñecas sexuales y el desarrollo de la tecnología para añadirles robótica e inteligencia artificial, las preguntas se multiplican. Desde temas de regulación hasta cuestiones legales o de género, los expertos abogan por la investigación para entender sus implicaciones.

La Fundación por una Robótica responsable (Foundation for Responsible Robots) publicó recientemente un informe en el que repasa algunas de estas cuestiones. El estudio reconoce la diversidad de lo que cada uno puede considerar que "cuenta" como una relación, pero indica, tal y como lo hacía David Levy en su libro, que una mayor aceptación social conducirá a un aumento de personas optando por relaciones robóticas.

Más compleja resulta la cuestión de dónde deja a las mujeres el desarrollo de robots sexuales y, de manera más amplia, a las relaciones entre humanos.

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Caras de muñecas RealDoll, antes de ser personalizadas con ojos, maquillaje y otros detalles. 

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En la fábrica de RealDoll, la mayoría de muñecas representan a mujeres. De un gancho, junto a una decena de mujeres de silicona, cuelga un hombre sin terminar. Las cuencas de sus ojos están vacías y aún no tiene pelo, pero su cuerpo tiene formas claramente masculinas, que no se ven en los genitales, que en su caso aún son inexistentes, sino en las venas de las manos o los pectorales. Shore, que además de ser jefe de envíos, es sobrino de McMullen y lleva años trabajando en la empresa, dice que, en general, 10 por ciento de las figuras son masculinas, aunque esta cifra puede variar mucho. Y obviamente, no todos los que las compran son mujeres.

Al entrar en juego la inteligencia artificial, McMullen asegura que la cosa cambia, al menos levemente. "Ya tenemos un número alarmante de mujeres preguntándonos por el robot masculino", dice, "alarmante porque no creí que fuera a haber mucha respuesta por su parte". A continuación bromea sobre la frustración de su mujer cuando olvida algo que ella le ha contado, ya que una de las características de Harmony es preguntar detalles sobre su dueño, como su nombre o su comida favorita, que recuerda y repite cuando viene al caso. "Mi mujer cree que venderemos más robots hombres que mujeres", ríe McMullen.

Más allá de las bromas de McMullen, está claro que hoy por hoy las muñecas y la posibilidad de robots sexuales son más populares entre los hombres, pero no por qué tendría que ser así.

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Abyss Creations, la empresa detrás de las muñecas RealDoll, lanzará su sistema robótico a finales de año bajo el nombre de Realbotix. Por el momento, sólo la cabeza será móvil, con ojos que parpadean, cuello que gira y boca que se mueve al hablar. 

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La investigadora Julie Carpenter explora la manera en la que las personas se relacionan con las nuevas tecnologías y, en particular, cómo el diseño de robots afecta a la conexión emocional de los humanos. Cuando le pregunto por qué la mayoría de estas muñecas parecen estar creadas para hombres, recuerda que, como en otros sectores de la industria, los que están detrás son también, en su mayoría, hombres (como nota interesante, la responsable de robótica y electrónica en Realbotix es una mujer, Susan L. Pirzchalski, la única en un equipo por lo demás masculino). "No creo que nadie haya hecho la investigación de mercado necesaria para saber si los hombres y las mujeres quieren diferentes cosas. Lo que pasa es que hay un pequeño grupo de personas, que resultan ser hombres, diseñando estos robots", dice.

En todo caso, una de las acusaciones más frecuentes a la que tiene que responder la industria es la objetificación de las mujeres. La Campaña contra los robots sexuales, liderada por la investigadora Kathleen Richardson, de la Universidad De Montfort, en el Reino Unido, reclama una respuesta crítica contra el desarrollo de estas tecnologías, por considerarlas potencialmente dañinas y causantes de desigualdad.

Ciertamente, viendo las imágenes de muñecas de apariencia casi humana en posturas sugerentes, o conociendo el punto de vista de los que dicen preferirlas antes que a un ser humano, no es difícil entender su inquietud. Pero otros expertos matizan esta perspectiva. El informe de la Fundación por una Robótica responsable afirma que es "incuestionable" que la creación de una representación pornográfica del cuerpo de la mujer en una máquina sexual móvil es objetificación. Pero esta objetificación de la mujer ya existe, por lo que un robot sexual podría reforzar concepciones ya existentes, más que crearlas.

"El robot puede parecer una objetificación, o satisfacer una fantasía, pero eso no quiere decir que la persona vaya a salir y hacer lo mismo con las personas", responde Carpenter, que insiste en que falta investigar más. "Es que no lo sabemos."

"Lo que necesitamos es investigación y políticas basadas en evidencias", dice Darling. "Y, en el contexto de los robots sexuales, reconocer que muchos de los problemas a los que la gente apunta, como el consentimiento o la objetificación de mujeres, son asuntos mucho mayores socialmente, que tenemos que abordar a un nivel más amplio, no culpando a la tecnología de primeras". Aun así, Darling opina que, si la investigación muestra que comportarse de manera violenta hacia robots que parecen estar vivos nos insensibiliza o afecta nuestro comportamiento hacia personas o humanos, "puede que queramos normas que eviten la violencia hacia ciertos robots".

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Dakotah Shore, jefe de envíos y comunicación, coloca una muñeca RealDoll en su caja. El cliente la recibirá así, asegurada con un pequeño gancho en el cuello. 

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Una fantasía vuelta realidad

Para McMullen, esta conversación parece resultar tediosa, y está cansado de escuchar que el objetivo de sus creaciones es sustituir a las mujeres, como lo hacían los maridos de la película de 1975 The Stepford Wives, que reemplazaban a sus mujeres por versiones robóticas supuestamente perfectas, indistinguibles de las originales salvo por su modélico comportamiento. "Eso es una tontería", dice. "Se trata sólo de proporcionar algún tipo de compañía para aquellos que no la tienen o no pueden tenerla".

"Imagina que estuvieras totalmente solo y quisieras simplemente alguien con quien hablar, alguien con quien pasar tiempo y sí, alguien con quien estar en la intimidad. ¿Por qué es eso tan malo? No hace daño a nadie", continúa, negándose a juzgar a aquel de sus clientes que ve en su muñeca algo más que mera satisfacción sexual. "Si no tuviera esta muñeca, ¿quizá habría hecho amigos? Quizá, quizá no. ¿Quién soy yo para decirlo?".

McMullen, en su oficina, se entusiasma hablando del futuro. Además de Harmony, otras cabezas robóticas descansan sobre su mesa. En las paredes, androides futuristas, mitad humanas, mitad máquinas, posan en actitudes sensuales. Estas imágenes son también su creación.

"Creo que llegará un día en el que será aceptable que la gente tenga un compañero robot", afirma. "Me encantaría ver los robots que hemos visto en la ciencia ficción, y creo que va a pasar. Habrá robots caminando, interactuando con personas y teniendo sexo con ellas. Y va a ocurrir, tanto si la gente protesta como si no". 

Si está en lo cierto, Harmony habrá sido una de las primeras.

Ry Crist, de CNET, colaboró en este reportaje. 

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