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Mis quince minutos de fama en las redes sociales

[Comentario] La cuenta de nuestro editor Gabriel Sama estuvo dentro de las sugeridas por Instagram durante siete días. Esto fue lo que aprendió de la 'viralidad' en la redes sociales durante su odisea.

Queridas Kim, Taylor y Kendall: ahora entiendo lo que viven todos los días.

Durante la segunda semana de enero, Instagram tuvo a bien añadir mi cuenta @gabosama a la lista de cuentas que recomienda a sus nuevos usuarios. Gracias a este fino gesto, mi cuenta pasó de poco más de 1,000 seguidores a más de 9,000 en siete días -- un brinco inmenso para mí, considerando que los primeros 1,000 tardaron varios años en llegar.

Si bien mi cuenta está a años luz -- o varios millones de seguidores -- de algo como esto o de las cuentas de famosas como Kim Kardashian, Kendall Jenner, o Taylor Swift, la experiencia de ver mi cuenta crecer de esa forma en siete días fue algo que nunca había vivido.

El 8 de enero, en el aeropuerto de Las Vegas tras cubrir CES 2016 por varios días, me salí de la cuenta de @CNET_Es en Instagram para echarle un ojo a la mía. En lo que entré noté que me habían añadido una docena de nuevos usuarios, lo cual no es normal para mi más bien discreto pedigrí. Lo más curioso es que entre esos usuarios recientes estaba @Instagram, con sus cientos de millones de seguidores.

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Así es el logotipo que usa Instagram para indicar que una cuenta es "sugerida".

Captura de pantalla por Gabriel Sama/CNET


También había un mensaje privado en mi buzón, el que rara vez uso. La cuenta de Insta -- como la llaman los usuarios más jóvenes--, la cual imagino gestionada por un dios griego sentado en el Olimpo decidiendo las fortunas de todos los mortales fotógrafos de la Tierra, me había escrito para comunicarme que mi cuenta había sido seleccionada como "una cuenta a seguir", y que durante una semana sería una de las que serían sugeridas a los usuarios recién registrados. También me daba la opción de rechazar el privilegio, lo cual no consideré ni por un milisegundo.

La dinámica fue muy simple: por siete días me dediqué a observar cómo me añadían usuarios nuevos de Medio Oriente, Brasil y Europa del Este, principalmente. La mayoría de estos usuarios tenía pocas fotos -- de una a cuatro -- y muchos no mostraban imagen de perfil.

Instagram tiene 400 millones de usuarios activos, 75 por ciento de ellos fuera de Estados Unidos. Se comparten, en promedio, 80 millones de fotos diarias, las cuales reciben 3,500 millones de Likes al día, según la empresa.

Lo más fascinante fue descubrir que cuando una cuenta está en modo "viral", se hace muy difícil interactuar con otras personas. Cada vez que volvía a revisar mi cuenta tras unas horas offline -- los Instagrammers virales también tenemos vida allá afuera, ¿ves? -- tenía cientos de seguidores nuevos. De hecho, aprendí que Instagram anuncia un máximo de 100 nuevos seguidores, lo cual es una bicoca para una cuenta en trance viral.

Como cuenta sugerida, me añadieron principalmente neófitos de la plataforma, y no seguí a la gran mayoría porque me fue imposible evaluar la calidad de sus fotos, ya que casi no tenían fotos. Soy un tipo raro; me gusta seguir solamente cuentas con fotos que realmente me gustan.

Tengo reglas muy estrictas: no sigo cuentas llenas de selfies, ni llenas de gatos, ni con mayoría de fotos de comida, ni con fotos de pies o zapatos. Sin embargo, en mi semana de 'viralidad' -- esos 15 minutos de fama que, según Andy Warhol, todos merecemos -- , la constante fueron nuevos seguidores sin fotos, a quienes fue difícil de evaluar.

Después de siete días, Instagram me sacó de la rotación de sus cuentas sugeridas, y mi experiencia en la plataforma volvió ser la del resto de mortales. Se acabaron las comunicaciones con los dioses del Olimpo, lo mismo que las avalanchas de seguidores nuevos cada vez que me conecto. He vuelto a interactuar principalmente con el grupo de gente que le da Likes a mis fotos desde hace años, aunque también logré conocer un buen número de nuevas cuentas valiosas.

Disfruto la calma después de la tormenta y, sobre todo, del hecho de que mi reciente -- y como bien vaticinó Warhol, breve -- popularidad no ha cambiado mi misión: hacer fotos que me gustan y documentar mis viajes (aunque también me viví en carne propia la resaca de la fama en Insta: perder a cientos de seguidores tan rápido como llegaron, quienes seguramente han descubierto que lo que hago no es de su interés).

Porque, a pesar de mi nueva fama, no encontrarás muchos selfies en mi cuenta. Eso, mis queridas Kim y Kendall, se lo dejo a ustedes, las expertas. -- Besos, Gabo.