Me llamo Laura. Soy texteadora compulsiva y así me rompí la boca

Como dicen las abuelas: más vale tarde que nunca, aprendí que usar el celular mientras caminas es una pésima idea.

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Mi celular es mi aliado fiel para captar imágenes como ésta, en una banqueta de Broadway... la misma donde el fin de semana me partí el labio. Crédito: Laura Martínez/CNET
    

Cuando era adolescente, en mi natal México, había una campaña publicitaria que -al menos para mí- funcionó a las mil maravillas. "Si toma, no maneje", decía la publicidad instando a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, a no tomar el volante si habían bebido alcohol en exceso.

La lección la aprendí muy bien. Tanto así, que cuando salíamos de juerga a algún bar o a bailar, buscábamos siempre un conductor designado o -para ser honestos- le dábamos las llaves del coche al chico más nerd, a ése que no le gustaba beber y siempre se mantenía en sus cinco sentidos.

El problema es que nunca imaginé en ese entonces que uno de los peores accidentes que tendría sería por textear y caminar. Y no en la "peligrosísima" Ciudad de México, sino en la hipersegura Gran Manzana, donde vivo hace 14 años.

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Crédito: Laura Martínez/CNET
Pues sí. El sábado por la noche, mientras cruzaba la avenida Broadway en el norte de Manhattan, tropecé con una banqueta y caí de cara contra el asfalto. No metí las manos, porque, por supuesto, mi primer instinto fue salvar mi teléfono de cualquier percance. Caí, literalmente, de boca, partiéndome el labio superior y haciéndome varios moretones en la frente, la nariz y la barbilla. De suerte no me rompí un diente, pero estuvo cerca.

¿Y qué era ese texto que no podía esperar? Nada. Ahora apenas si lo recuerdo. Un mensaje a un amigo sobre dónde salir a comer esa noche o alguna nimiedad. Nada de vida o muerte, por supuesto. Pero, aparentemente, un texto "importantísimo" que no podía esperar a que cruzara la avenida y llegara a buen puerto (léase a mi casa).

Mi abuela decía que "mal de muchos, consuelo de tontos", pero debo confesar que tan pronto empecé a recuperarme de la caída, me di cuenta de que no estaba en mala compañía. Un colega aquí en CNET me recordó aquella caída épica del presentador de TV, Charlie Rose, hace ya varios años, que se fue de cara contra el asfalto en un esfuerzo por salvar su MacBook Air.

En esa época, los productores del Show de Charlie Rose le confirmaron a Techcrunch que Charlie estaba un poco golpeado, pero que, afortunadamente, la Macbook Air había sobrevivido el percance sin un rasguño. En cuanto a mi teléfono... tuvo la misma suerte que la computadora de Rose y creo que mis heridas fueron un poco menos aparatosas.

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El presentador de TV Charlie Rose se cayó de cara al asfalto en 2008 en un intento por salvar su MacBook Air. Crédito: Techcrunch
   
 

Si bien Rose no fue exactamente una víctima de textear y caminar, lo que me ocurrió a mí está lejos de ser una rareza. Según un estudio del Departamento del Transporte de EE.UU., citado por Los Angeles Times, el aumento drástico de accidentes fatales entre peatones (4,432 muertes de peatones en 2011, frente a 4,109 en 2009) se explica en parte-a lo que las autoridades llaman "peatones distraídos", lo que incluye a personas que caminan mientras hablaban por teléfono, mandan un email o un mensaje de texto (ahem, ahem). 

¿Entre las ciudades con mayor incidencia de "peatones distraídos"? Nueva York, por supuesto y yo, infelizmente, como uno de ellos.

Sé que la mismísima Apple tiene planes de desarrollar un sistema que nos permita caminar y textear sin partirnos la cara, pero francamente prefiero esforzarme de ahora en adelante en no caminar y textear o caminar y "emailear" al mismo tiempo. A fin de cuentas, ningún texto, ninguna llamada, ningún email son realmente importantes.

A partir de hoy -y mientras me sanan las heridas- repetiré como mantra el eslogan publicitario que marcó mi adolescencia, pero eso sí, con una pequeña adenda:

"Si toma, no maneje. Y si camina, no textee".

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