'Luzia' de Cirque du Soleil es un sueño mexicano envuelto en tecnología

La nueva obra de la famosa compañía canadiense es una fantasía inspirada en la cultura mexicana. Cortinas de agua iluminadas, plataformas giratorias y columpios gigantes son el resultado de un idilio entre el arte acrobático y la tecnología.

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SAN FRANCISCO, California -- Un espectáculo es siempre el resultado de muchos esfuerzos coordinados, pero en el caso de Luzia, la producción más reciente de Cirque du Soleil recién inauguró en esta ciudad, es un verdadero rompecabezas, con múltiples piezas que encastran y adquieren su sentido conjunto gracias a la orquestación refinada entre arte, y técnica.

Todas estas piezas, sin embargo, tienen dos cosas en común: una fuerte dependencia en la tecnología, y una franca inspiración en la cultura mexicana.

"La historia de Luzia es un sueño despierto sobre México, y también es una historia que muestra cómo trabajamos", contó a CNET en Español Marshall Spratt, asistente de dirección técnica de Cirque du Soleil. Spratt maneja un equipo de 29 personas, que incluyen carpinteros, personal de utilería, ingenieros de audio, visuales y sonido, electricistas, encargados de automatización, entre otros roles, que trabajan en conjunto con los 44 artistas y acróbatas de la producción. "Nosotros [el equipo técnico] creamos un ambiente que caracteriza las escenas y da vida a la narrativa que vemos en el escenario. No tendríamos a dónde ir sin una buena historia, y una buena historia no sería posible sin nosotros".

El relato, que es en idioma español en su totalidad, hilvana una multiplicidad de escenas oníricas sobre las tradiciones y arquetipos mexicanos. Esta narrativa no es lineal: es una sucesión de periplos imaginarios, con personajes acróbatas que nunca dejan de circular, sobre escenarios giratorios que también exhiben una actuación propia. En este universo delirante, en el que el personaje principal aterriza (literalmente) sobre un México imaginado, las máquinas son tan protagonistas como los performers y los técnicos.

Estos equipos diseñados especialmente para este mundo soñado están en constante movimiento y es difícil descifrar su principio y su fin. Todo se mueve, y cada elemento cambia de posición, de acuerdo al momento preciso en que deba ejecutarse una acción. Ni siquiera el piso es fijo: los acróbatas tienen que recordar cuándo y cómo se mueve cada superficie, y sincronizarse con ellas.

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Laurence Labat, gentileza de Cirque du Soleil

En el suelo y en el fondo del escenario, hay dos plataformas giratorias circulares. En el piso: dos cintas caminadoras que pesan más de 3,600 kilos cada una y toleran hasta ocho personas haciendo piruetas al mismo tiempo. También hay un ascensor-piscina de 3.6 metros en el centro del escenario que hospeda 3,000 litros de agua recalentada y que sube y baja 45 centímetros; una cortina de lluvia rotatoria; y un cabestrante, que es un torno con un eje vertical para mover personas mediante un cable que se va arrollando a medida que gira, movido por la potencia aplicada en palancas superiores.

Cirque du Soleil no fabrica estos aparatos sino que se los compra a terceros. De todos modos, los modifican bastante luego de obtenerlos. Por ejemplo, las cintas caminadoras son construidas por una fábrica en Montreal, Canadá que produce equipos de minería, nos dijo Spratt (la compañía fue fundada en la provincia de Quebec, en ese país). Una vez que adquirieron la máquina, le cambiaron los parámetros de cómo funciona su motor, ajustaron su funcionamiento para que la velocidad sea la ideal, cambiaron la configuración de carga para que en vez de enchufarse a la corriente sea mediante baterías, entre otros ajustes.

Una vez que personalizan las máquinas de acuerdo a sus necesidades, los miembros del circo se los comunican a sus proveedores: resistencia al agua, materiales acero inoxidable que sean perforables, entre otros requisitos para el espectáculo. El motivo por el que comunican estos ajustes a los fabricantes es para que elaboren pruebas y diagnósticos, en caso de que algún problema suceda.

Las maquinarias, que están cuidadosamente modificadas, evolucionan a medida que progresa el espectáculo, y se muestran incluso antes de que comience. Antes del inicio del show, unos mini-robots muy tiernos riegan las flores del escenario, mientras unos pájaros-persona revolotean a su alrededor. Los gestos de estos androides están muy humanizados, para dar la bienvenida a un mundo en el que los aparatos están tan vivos como los humanos.

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Laurence Labat, gentileza de Cirque du Soleil

La cortina de lluvia, en particular, es un personaje más, con personalidad propia, que, por momentos, hasta parece estar bromeando con los actores. Spratt la reconoció como su favorita: "Estoy enamorado de la cortina de agua", dijo. Esta maquinaria fue producida por la empresa Show Aquatics y se nutre de una piscina de 3,000 litros con agua recalentada, que se hospeda en el escenario.

Los columpios metálicos también proporcionan fuerza e identidad al circo, y dan ese impulso necesario para que los acróbatas den varias vueltas sobre el cielo y caigan, con mucho estilo, sobre el columpio situado en el extremo opuesto. Cuando se organiza la escena con los columpios, es el único momento en que podemos observar, en la oscuridad, al personal técnico que realiza ajustes sobre el escenario, para configurar manualmente las bases de los columpios sobre la superficie.

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Laurence Labat, gentileza de Cirque du Soleil

Fuera de detalles como este, la totalidad de los mecanismos técnicos de la obra están automatizados, ejecutados por un software llamado Tait Navigator, que es el mismo que se utiliza en espectáculos masivos como el Super Bowl o conciertos de rock and roll, como de la banda irlandesa U2.

La clave para el funcionamiento óptimo de este software es la coordinación entre los equipos. Spratt dice que la prioridad es garantizar la seguridad de los participantes, por lo que todos obedecen reglas muy específicas. "Construimos relaciones basadas en la confianza", dice Spratt, "uno, el técnico, debe presionar un botón en el momento adecuado. El otro, el artista, tiene que ejecutar la coreografía a tiempo, tal como fue ensayada. Empezamos simple, y el entrenamiento se va haciendo más complejo a medida que avanzamos".

Para los artistas, que incluyen muchos hispanos de México, Colombia, Venezuela, España y otros países, esta interacción con la técnica y con otros actores con diferentes habilidades amplía sus panoramas. "[Ser parte de Cirque du Soleil] para mí, es una oportunidad para aprender y para conocer un mundo diferente al mío, que es el del fútbol estilo libre", dijo en una entrevista con CNET en Español durante uno de sus ensayos la venezolana Laura Biondo, malabarista de fútbol (una disciplina conocida como freestyle football). Uno de los números es precisamente el de Biondo, que con su balón hace malabares y movimientos veloces. "Es una experiencia única que sólo la puedes vivir aquí", dijo.

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Laura Biondo, en acción, juega al fútbol estilo libre.

Laurence Labat, gentileza de Cirque du Soleil

Para su colega Gerardo Ballester-Franzoni, titiretero de México, también es una vivencia singular para compartir con técnicos y artistas de disciplinas extraordinarias. "Me siento sumamente protegido, tengo mucho tiempo de trabajar más en mí, como persona y como artista", dice Ballester-Franzoni, que viene de dirigir su propia compañía de títeres en México.

Su rol específico es en parte artístico y en parte técnico: manipula muñecos de gran tamaño como un caballo y un jaguar, y también enseña a sus compañeros a lograr posturas y gestos naturales a la hora de trabajar con títeres. "Mi caballo es un caballo pero tiene la energía de las locomotoras, por eso requiere a tres personas dentro de este personaje. Mi [títere] favorito es el jaguar Tenoch, en el número de las correas, porque habla de la zona sur de México y me parece el número más onírico porque representa a un dios que acompaña el ritual alrededor del cenote".

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Laurence Labat, gentileza de Cirque du Soleil

Como mexicano, Ballester-Franzoni aprecia de esta obra, Luzia, la creación de una abstracción que retrata "los colores, los territorios" de su país. El esfuerzo para lograr esta representación proviene de un arte y una técnica que se funden como si fueran lo mismo, y es que sus integrantes casi no hacen la distinción entre ambos campos.

"Luzia ha sido el resultado de prueba y error", sintetiza Spratt. "Ensayamos actuaciones de trapecio, coreografías, modalidades para ajustar las maquinarias, y empezamos a sentir qué se ve bien delante de los otros".

Como la confección artesanal de los muebles y los objetos que pueblan esta obra repleta de referencias mexicanas, la compañía Cirque du Soleil tejió el enjambre de lo que es Luzia.

Luzia se presentará en que San Francisco hasta el 29 de enero, y en San José del 9 de febrero hasta el 29 de marzo. Luego hará tour por Seattle, Denver y Chicago, con fechas a confirmar. Las entradas pueden comprarse desde US$49 en el sitio web de Cirque du Soleil, que incluye promociones para familias.