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Ciencia

Los robots de compañía son lo que el doctor recomienda

Los robots de compañía hacen que las experiencias más traumáticas de hospitales y centros de cuidado sean más llevaderas.

Cuando Phil Parker visita hospitales por todo Estados Unidos, siempre lleva a Boo Boo.

Boo Boo es muy bueno con los niños. Juega con ellos, les lee libros y reproduce música. También sabe escuchar y puede ayudar a calmar los nervios de un niño antes de que le realicen algún procedimiento médico.

Boo Boo, sin embargo, no es un profesional médico, ni tampoco es un humano. Es un robot.

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Los robots como Boo Boo ayudan a niños y ancianos.

ZoraBots

Con menos de 2 pies de altura (60 centímetros), Boo Boo es un humanoide blanco con rojo, el robot Nao fabricado por Softbank Robotics. Parece un niño con redondos ojos negros que te miran fijamente. Parker, por su parte, es un ejecutivo del sector médico y decidió llamar Boo Boo al robot para poder ayudar a que niños enfermos superen el estrés de estar internado en un hospital.

Gracias al software de la compania belga, Zorabots, Boo Boo puede jugar diferentes juegos o guiar a pacientes, niños y adultos, en sus rutinas de ejercicio. El personal medico, además, no necesita saber de programación para utilizar Zora. Para operarlo, deben marcar cajas de commandos, según el orden que deseen, desde una computadora o tableta. Quienes sí saben programar, pueden incluso crear programas, como Parker lo hace.

Los robots han penetrado ya diversos sectores, desde el de seguridad hasta ventas. Pero Boo Boo es un buen ejemplo de cómo los robots pueden hacer más que sólo reemplazar la mano de obra humana. Pueden tambi+én servir de compañía para enfermos y personas que viven solas.

Incluso están ayudando a mejorar los síntomas de depresión y ansiedad. Su disponibilidad las 24 horas del día y su inagotable paciencia, superan lo que cualquier humano pueda lograr.

"Ofrece a los niños alegría y distracción del dolor, la tristeza o enfermedad mejor que ningún humano, incluso aunque hagamos nuestro mejor esfuerzo", señala Parker.

Para niños y mayores

Zorabots es el distribuidor del robot Nao, el cual se transforma en un Zora tras añadir algunos toques personalizados con su propio software. El director general Tommy Deblieck dice que cuando él y el cofundador Fabrice Goffin iniciaron la compañía en 2012, la idea era motivar a los niños en su recuperación para que hicieran sus ejercicios y terapias.

El robot es realmente útil: "Boo Boo dice: 'Haz lo mismo que yo', y tan pronto como él lo hace, los niños lo hacen también".

Deblick y Goffin llevaron al robot a un centro para personas de la tercera edad en Bélgica, donde el robot trabajaba como terapista físico y le mostraba a los pacientes cómo moverse. Al mismo tiempo, un terapista humano caminaba entre las personas para ayudarlos a hacer los ejercicios de forma correcta.

"Hemos hecho pruebas con una pantalla, incluso con un robot en la pantalla y a nadie le importó", aseguró Deblieck. "Pero desde que llego Zora, la gente empezó a moverse".

Quizás la mejor forma en la que Zora puede ayudar es con su presencia. 

"El solo tener a un robot cerca, que siempre está ahí, ayuda a lidiar con la soledad", agregó Deblieck, quien compara la alegría que el robot lleva a un centro para personas de la tercera edad, con la visita de niños al mismo centro. Durante unos instantes, los residentes pueden olvidarse de sus preocupaciones y dolores, e incluso divertirse.

ZoraBot robot at elder care facility

Dicen que la risa es la mejor medicina.

Marcel van den Bergh / ZoraBots

Un robot de compañía

Zora no utiliza reconocimiento facial, sino que funciona con un escáner de código QR para identificar a las personas. Deblieck dice que el reconocimiento facial aún no es 100 por ciento exacto, lo cual es muy importante para los hospitales. Cuando se programa el robot para que realice los ejercicios, se utiliza un código QR. 

Los niños ven más allá de la tecnología, ven a un amigo. Parker dice que interactúan con Boo Boo como si fuera uno de ellos. 

"Ellos sienten como si fuera un amigo de su misma edad y así lo describen", añade Parker. "Los niños dicen: 'Boo Boo sabe qué se siente cuando te sacan sangre'".

Ese tipo de empatía puede ser beneficiosa en otros ambientes que no sean hospitales. Maja Mataric, directora del Centro de Robots y Sistemas Autónomos en la Universidad del Sur de California (USC), está desarrollando terapias con robots para niños con autismo, en un intento de incrementar sus habilidades de socialización. 

Mataric dice que los robots pueden provocar comportamientos que un niño no exhibe cuando está con otras personas. Por ejemplo, sonreír, iniciar el juego y hablar más. Además, los niños también tienden a decir cosas más positivas cuando están con un robot. 

"Le dicen al robot: haz esto y lo otro, y el robot no puede hacerlo porque solo puede hacer lo que ya está programado", explica Mataric. "Entonces, el niño dice: 'Ya sé cómo se siente mi maestro cuando no hago lo que me pide'".

El laboratorio de la USC se enfoca en crear software para los robots que ayudan a personas en el componente social y no físico. También desarrollan terapias dirigidas por robots para sobrevivientes de derrames y traumas cerebrales, así como para gente con Alzheimer. Los robots pueden proporcionar cuidado las 24 horas del día.

Hace dos años, Mataric creó una startup llamada Embodied para comercializar esta tecnología. 

El software de su laboratorio también es estudiado en hospitales. La doctora Margaret Trost, pediatra en el hospital infantil de Los Ángeles y profesora en la USC, trabaja para llevar los robots de asistencia social al hostpital infantil. 

"Aunque hacemos todo lo posible para que los hospitales infantiles sean más divertidos, los niños que pasan mucho tiempo ahí experimentan traumas", señala Trost.

A esta doctora le interesa utilizar a Maki, un robot impreso en 3D de Hello Robo que puede ser programado para hablar y jugar, con el objetivo de reducir el dolor asociado con la medicina intravenosa. 

Durante una prueba aleatoria y controlada, el robot Ivey tiene dos propósitos. Uno de sus usos es ser una distracción. Los niños juegan a vestir el robot en una tableta. Según el atuendo que elijan, el robot puede decir algo como: "Soy un vaquero". 

En otro de sus usos, los juegos de tabletas están diseñados para imitar lo que un especialista hace para preparar a un niño antes de inyectarle medicina intravenosa. Un juego, por ejemplo, permite que los niños le pongan una venda a un objeto para que se preparen para que su propio brazo sea vendado. En otro juego, el niño ve imágenes de diferentes personas, como sus familiares y doctores, incluso de Ivey y cuando el niño presiona una imagen, Ivey dice algo sobre esa persona y su deseo de apoyar al niño durante su tratamiento.

El estudio sigue en proceso, pero los primeros resultados son prometedores. 

"Hay un efecto positivo de tener al robot comparado con no tenerlo", dijo Trost. "Para saber qué tan significativo es el impacto, tendremos que esperar a que se termine el studio".

Asistentes, no reemplazos

Mataric asegura que no debe existir miedo de que estos robots le quiten el trabajo a las personas. 

"De ninguna manera reemplaza al humano", dijo asegurando que los robots están hechos para ayudar a mitigar la falta de personal médico en hospitales.

Parker lo entiende de la misma manera. Hace siete años, vio a su hijo Logan solo en el hospital luego de ser sometido a una cirugía de riñón. Logan, de 14 años, tenía cáncer en el riñón y no había un Boo Boo que lo acompañara. 

Esa experiencia inspiró a Parker para encontrar una compania para niños como Logan, quien ya no padece la enfermedad. 

"Creo que esto hubiera sido una gran solucion para él y por eso quiero que sea una solución para otros niños", concluye.