Leandro Graciá Gil: poniendo la realidad virtual en una cajita de cartón

[Latinos en Tech 2015] Este español de 31 años dirigió a un equipo de ingenieros que daría vida al primer proyecto de realidad virtual de la gigante de Internet: Google Cardboard.

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Desde niño, el español Leandro Graciá Gil soñaba con los videojuegos, pero lo que más le interesaba no era tanto el juego en sí, sino el proceso de convertirlos en realidad. Muchos años después, esa misma curiosidad lo llevaría al otro lado del planeta a dirigir un grupo de ingenieros que daría vida al proyecto de realidad virtual Google Cardboard.

"Para aprender a programar tuve que aprender una nueva forma de pensar", cuenta este valenciano de 31 años, radicado en Mountain View.

Graciá Gil se inició en el mundillo de las computadoras desde los cinco años, jugando videojuegos con su abuelo. Pero para seguir jugando por cuenta propia tenía que saber cómo funcionaban. Encontró unos libros viejos de computación de su padre y comenzó a aprender, sin clases ni maestros, el lenguaje básico de la programación.

"No fue fácil, porque muchas veces necesitaba saber conceptos que todavía no había aprendido en la escuela", recuerda.

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En 1995 -- cuando Graciá Gil tenía apenas 11 años -- su abuelo se dio cuenta de que la computadora era más que solo un pasatiempo para el chico y le regaló una conexión a Internet, que en ese entonces se basaba en una línea telefónica.

"Todo lo que me faltaba por aprender, me lo enseñó el Internet", recuerda.

Pero aun cuando ya dominaba el lenguaje de programación, Graciá Gil sabía que para transformar su pasión en un carrera necesitaría un título universitario. Ingresó entonces a la Universidad Politécnica de Valencia, de donde se graduó en 2009 con un bachillerato y dos maestrías en computación e inteligencia artificial.

Ante la crisis económica que azotaba España y un panorama poco alentador en cuanto a empleos en informática, el recién graduado decidió buscar suerte en otros sitios, aunque nunca imaginó que su búsqueda lo llevaría a Google.

"Sólo por probar, mandé mi currículo a Google... y así empezó todo", recuerda Graciá Gil sobre esa época. En pocos meses fue contratado como ingeniero de software en la oficina de Google en Londres, aunque ahí le advirtieron que probablemente terminaría haciendo algo completamente diferente a su rol original.

Y así fue.

Después de casi tres años de trabajar en la oficina de Londres, Graciá Gil fijó su mirada en un proyecto de investigación dentro del equipo de Google Research en Mountain View, California. Se mudó a Estados Unidos y, en poco tiempo, pasó de ser ingeniero de software a convertirse en el líder del grupo en el que trabajaba.

Mientras tanto, en la oficina de Google en Paris, dos empleados (David Coz y Damien Henry) buscaban una manera de llevar la realidad virtual a las masas. Durante el tiempo "creativo" que Google le da a sus empleados para desarrollar ideas, crearon el prototipo de Cardboard: unas gafas hechas de cartón y hules que reproducían contenido de realidad virtual utilizando la pantalla de un teléfono inteligente. El concepto le llamó la atención a los ejecutivos de Google y poco después fueron invitados a presentar su prototipo a un grupo de ingenieros en la sede de Google en Mountain View.

Un sueño de cartón hecho realidad

El equipo de Graciá Gil era de los invitados a la presentación. "En ese momento decidimos [el equipo] dejar todo lo que estábamos haciendo para desarrollar este proyecto", dice Graciá Gil, quien casi de la noche a la mañana, tomó el liderazgo y dirigió a 20 ingenieros de todo el mundo para desarrollar la versión final de las gafas que se presentaron durante la conferencia de desarrolladores de Google i/O de 2014.

El reto parecía imposible: el equipo tenía dos meses para convertir lo que hasta entonces había sido un experimento en un producto viable para consumo masivo.

"Fueron dos de los meses más intensos de mi vida" recuerda. "Varias veces pensé que no lo íbamos a lograr, pero nunca lo dije. Siempre mostraba una cara positiva y los motivaba a salir adelante, porque el ánimo era lo único que nos iba a sacar adelante".

En dos meses el equipo de Graciá Gil logró desarrollar la aplicación para desarrolladores de Google Cardboard y el producto final que presentaron y regalaron a miles de desarrolladores de la conferencia.

"Al principio la gente estaba decepcionada, porque en años pasados [Google] había regalado dispositivos Android. Pero después salieron asombrados de lo que un trozo de cartón era capaz de hacer".

El impacto de las Google Cardboard fue inmediato. Horas después de la presentación ya habían personas vendiendo las gafas en eBay y, a raíz de esa conferencia, Graciá Gil se convirtió en uno de los fundadores del equipo de realidad virtual en Google.

Un año después, Google lanzó una segunda versión de Cardboard, la aplicación para usuarios de Android y iOS, y el programa de Expeditions que lleva la realidad virtual a los salones de clases.

¿Y qué pasó con el sueño de este valenciano de crear videojuegos?

"Hay cosas que estoy haciendo que de niño ni me imaginaba que existían, y ahora mi sueño ha cambiado", dice.