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Televisión y cine

La oportunidad desaprovechada de la serie Criminal

[Comentario] La nueva serie policial de Netflix protagonizada por Emma Suárez, Carmen Machi y Eduard Fernández tiene una premisa prometedora, pero podría haber sido más sofisticada narrativamente.

Criminal

Jorge Bosch y Emma Suárez en 'Criminal'.

Netflix/Jose Haro

Todo en la nueva serie Criminal, estrenada este 20 de septiembre en Netflix, suena prometedor. Jim Field Smith (Episodes) y George Kay (Killing Eve, The Hour) han creado una serie de 12 episodios de 45 minutos de duración cada uno, ambientada en cuatro países diferentes: Francia, España, Alemania y Reino Unido y rodada en los idiomas respectivos de cada país y por actores autóctonos de cada uno de ellos.

La premisa es atractiva: todos los episodios se desarrollan en su integridad en el interior de una sala de interrogatorios policial. Los tres episodios españoles, que son los únicos que he visto antes de escribir este artículo, están dirigidos por el veterano director catalán Mariano Barroso (Los lobos de Washington) y protagonizados por Emma Suárez (La ardilla roja) en el papel de una inspectora de Policía con un talento especial para los interrogatorios, incluso si a veces sus métodos no son necesariamente intachables. El reparto lo completan Álvaro Cervantes, un inspector con quien pronto vemos que el personaje de Suárez tiene algún tipo de lío sentimental; Jorge Bosch; María Morales; y José Ángel Egido.

Aunque la serie se luce, en realidad, con dos de sus actores invitados: Carmen Machi (Aída) en el primer episodio y Eduard Fernández (Todos lo saben, En la ciudad) en el tercero. Y esa es en realidad mi mayor queja sobre Criminal.

Criminal

Carmen Machi en Criminal

Netflix/Jose Haro

"La gente no sabe nada del amor. Absolutamente nada. Creen que para tener amor hay que poseer algo, a un hombre, a una mujer", nos explica el personaje de Machi a modo de apertura de la serie mientras la interrogan. Y con esa frase se mete al espectador en el bolsillo. Estaba yo cautivada por la historia de esa mujer un tanto histriónica y la de su perra dálmata, Luna, cuando el episodio terminó de forma apresurada y con él, esa trama.

Y es que al ponerme a ver Criminal no estaba esperando la típica serie de género procedimental por episodio, al estilo de CSI o Bones o tantas otras. En esos títulos, se desarrolla un caso y se resuelve por completo, de forma precipitada casi siempre, en un solo episodio y apenas ofreciéndole al espectador retazos de las vidas personales que los inspectores/investigadores tienen en sus supuestos ratos libres. Yo estaba esperando una serie procedimental más sofisticada narrativamente al estilo de The Killing o The Fall o Broadchurch o Bosch, donde un mismo caso se alarga durante toda una temporada.

Entiendo que el espacio cerrado al que se ha querido ceñir esta serie tal vez no dé para una temporada al uso de ocho a trece episodios. Son muchos capítulos basados solo en interrogatorios. Pero la premisa sí que da para tres episodios en los que podamos ver a un sospechoso en diferentes facetas o incluso a otros personajes de ese mismo caso. Si el caso, claro está, es lo suficientemente interesante.

El segundo episodio de Criminal: Spain no ayudó a hacerme cambiar de opinión sobre la oportunidad desaprovechada de esta serie. Básicamente porque intuí por dónde iban a salir las cosas desde que me expusieron la situación de un par de hijas, una de ellas con autismo y muerta en una bañera, y unos progenitores que no entraban dentro del modelo de paternidad ejemplar. La primera vez que oí a Inma Cuesta decir lo de: "A mi padre no le gusta que la comida no esté preparada...", intuí por dónde podían ir las cosas. Fue una decepción no haberme equivocado.

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Eduard Fernández y Nuria Mencía en 'Criminal'.

Netflix/Jose Haro

Casi cambio de opinión sobre Criminal con la aparición de Fernández. "Hay que ver cómo se conserva esta mujer", le dice su personaje al de Suárez al verla. "Si no te conociera diría que te has hecho una cirugía. Pero, con la mala ostia que tienes, a ti no te mete nadie en un quirófano".

Me gustó la inclusión de temas muy específicos de la situación política española en el guión. Como cuando el personaje de Fernández destaca que él es catalán sí, pero no independentista. Pero, nuevamente, el final de este episodio me pareció precipitado. Me hubiera gustado quedarme más tiempo con Fernández dentro de la comisaría de policía donde lo interrogan. Hubiera preferido saber un poco más sobre las visitas nocturnas que el personaje de Suárez le hace al de Cervantes y descubrir cómo terminan las cosas entre ellos. Además de tener algún tipo de idea o detalle sobre las vidas personales del resto de policías.

A pesar de todo eso, seguramente le eche un ojo a algún episodio de la versión francesa o inglesa de la serie. Pero visto lo visto, creo que me voy a limitar a escoger los capítulos en los que el actor invitado —que es interrogado—, me parezca interesante. Vaya, que me estoy tomando Criminal un poco como si fuera Black Mirror.

Reproduciendo: Mira esto: La casa de papel 3: Momentos que nos han dejado con ganas...
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