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La industria de la tecnología transforma al barrio latino de La Misión

El tradicional barrio latino en San Francisco tiene una relación complicada con la industria de la tecnología.

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Ya lo has oído, no es un secreto. Mientras Silicon Valley, y San Francisco por extensión, continúan creciendo como el centro mundial de la tecnología, los habitantes de la llamada Área de la Bahía se enfrentan a los efectos del desarrollo de una industria que atrae a miles de trabajadores altamente cualificados a empresas que manejan grandes cantidades económicas.

Con su situación privilegiada en la ciudad, su relativa proximidad a Silicon Valley, su clima cálido (la temperatura en San Francisco varía incluso de un barrio a otro), su oferta de ocio y su amplia actividad cultural, el tradicionalmente latino barrio de La Misión es un punto estratégico de esta conversación. Una conversación, sin embargo, que no siempre tiene en cuenta a los que hablan español.

El pasado marzo, la asociación empresarial Bay Area Council hizo pública una encuesta en la que destacaba el apoyo mayoritario de los habitantes de San Francisco a los autobuses que transportan a los trabajadores de la industria de la tecnología entre San Francisco y las empresas de Silicon Valley. ¿Los idiomas de la encuesta? Inglés y cantonés, una decisión llamativa si se tiene en cuenta que La Misión ha sido el escenario de varias protestas contra estos vehículos.

Mientras tanto, el contraste en el barrio es patente.

En el corazón del distrito, en la esquina de las calles Mission y 18, la organización para el desarrollo MEDA ofrece clases gratuitas, en inglés y en español, a los vecinos. El temario, que cubre herramientas como Word, Excel o Internet, puede suponer una diferencia fundamental a la hora de buscar empleo o, simplemente, comunicarse con los hijos. Leonardo Sosa, coordinador de entrenamiento de tecnología de MEDA, explica que esta oferta es importante porque en la ciudad “todavía hay personas viviendo en la brecha digital, que no tienen acceso a computadoras, que no tienen acceso a Internet y tal vez no tengan acceso a un entrenamiento como este”. 

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Manifestantes bloquean un autobús de una empresa de tecnología en San Francisco.Foto de Crédito: cjmartin via Flickr
  
A solo unas cuadras de distancia, en la escuela secundaria Mission High School, la organización sin ánimo de lucro Mission Bit ofrece clases gratuitas de programación con ingenieros voluntarios. En una tarde cualquiera, después de las clases, una estudiante, Gisela Kottmeier, está creando un juego estilo Flappy Bird. Otros dos, Nichol Garcia y Theo Winston, trabajan juntos en otro. “Creo que si no aprendo a escribir código, estaré en desventaja. Se está convirtiendo en cultura general”, dice Winston.

Pero de momento, no todo el mundo escribe código, no todo el mundo está interesado en hacerlo, y no todos tienen acceso a los trabajos de la industria de la tecnología.

El costo de la vivienda, por los cielos

Oscar Grande, que trabaja con la organización PODER para ayudar a los vecinos trabajadores y de bajos recursos, niega que el crecimiento económico esté llegando a todos.

“Supuestamente en los últimos años hay un economic boom, supuestamente hay trabajos para todos, pero para nuestra comunidad es un poco más pesado,” dice Grande, que lamenta que, aunque se hayan creado trabajos, las ocupaciones de enfermeras, maestras, meseros, trabajadoras domésticas o personas al cuidado de niños, entre otras, “no pagan bien”.  

“El costo de vida ha subido bastante y los sueldos no”, añade.

El sector donde este aumento es más claro es en la vivienda. En los últimos años, los precios de los apartamentos en La Misión, y en la ciudad en general, han crecido hasta límites insostenibles para muchos. En el distrito, no es fácil encontrar un apartamento, ni siquiera un estudio, por menos de US$2,000.

Las causas son complejas — y TechCrunch las analizó el pasado abril en un extenso artículo en inglés — pero hay algunos puntos clave.

Según el censo de 2013, la población de San Francisco creció en más de 30,000 habitantes en solo dos años. Mientras tanto, en los últimos 20 años la ciudad ha construido una media de 1,500 unidades al año, según los datos del Planning Department de San Francisco analizados por la organización sin ánimo de lucro SPUR.

La construcción está limitada por la propia geografía de la ciudad, rodeada en su mayoría de agua, los límites en la altura máxima de los edificios y en los procesos de concesión de permisos, más lentos y sujetos a revisiones que en otras ciudades. Por otra parte, más del 70 por ciento de las viviendas de la ciudad están bajo control de renta, por lo que los propietarios no pueden subir el precio del alquiler más que en porcentajes aprobados por el consejo de renta (San Francisco Rent Board). El control de renta ha permitido que muchas personas que no podrían permitirse pagar el precio actual de mercado permanezcan en la ciudad — o que se instalen, si alquilan una recámara en un apartamento con residentes que llevaban más tiempo residiendo en él — pero supone también una significativa desigualdad en el precio de una vivienda alquilada desde hace 10 años y una alquilada ahora.

Según un artículo de Jennifer Warburg, directora de proyectos especiales para SPUR, el 30 por ciento de los nuevos trabajos en San Francisco desde el 2010 pertenecen a la industria de la tecnología, que ha crecido hasta suponer el 8 por ciento de la economía local. Por otra parte, hay que recordar que una buena parte de los trabajadores de Silicon Valley residen en la ciudad de San Francisco. En este contexto, muchos relacionan la industria de la tecnología, que atrae a miles de trabajadores cualificados y con salarios habitualmente altos, con la falta de vivienda y el aumento del coste de vida, y piden a la ciudad que tome medidas para garantizar que esta no pierda su diversidad.

Tecnología=muerte

En los últimos meses, el distrito ha sido testigo de varias acciones de protesta contra los desalojos. La conexión con la industria de la tecnología quedó particularmente patente en una de las manifestaciones de abril, donde los asistentes protestaron por el desalojo, entre otros, de los vecinos de unos apartamentos en el barrio adquiridos por el abogado de Google Jack Halprin. Una de las afectadas es Claudia Tirado, una maestra que reside en una de las unidades. Con unos ingresos de alrededor de US$120,000 entre su pareja y ella, y un niño pequeño, teme que si tienen que dejar su vivienda, ya no podrán encontrar nada asequible en San Francisco.

En la misma protesta se podían leer pancartas con eslóganes como “Tech=Death” (Tecnología=muerte) o Google Bus=Displacement (autobús de Google=desplazamiento), además de contra Halprin.

Maria Zamudio, organizadora de derechos de vivienda de San Francisco de la organización Causa Justa, que ha estado participando en acciones similares durante todo el año, dijo que las empresas tienen que ser responsables de las consecuencias que sus acciones tienen sobre la población. “Hay dos industrias que afectan la habilidad que nuestra gente trabajadora pueda vivir aquí o no, y una es la industria de la tecnología y la otra es la industria de bienes y raíces”.

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El famoso Google Bus en San Francisco.Foto de Crédito: James Martin/CNET
 

También Erick Arguello, presidente de la asociación de comerciantes y vecinos Calle 24, que cuenta con un buen número de integrantes latinos, se mostró crítico con las consecuencias del boom de la industria de la tecnología, que a diferencia del de 1999, está afectando fuertemente también a la zona sur del distrito. La subida de los precios está afectando no solo a las viviendas, sino también a los locales comerciales. Una de las acciones que esta agrupación intenta llevar a cabo es mantener informados a los comerciantes para que conozcan sus derechos y no acaben siendo coaccionados para vender en condiciones poco ventajosas, siendo expulsados de sus comercios u obligados a pagar rentas a las que no pueden hacer frente.

Por otra parte, el desarrollo de la industria está atrayendo más dinero al barrio pero, a juicio de Arguello, esto no necesariamente repercute de manera positiva en los negocios latinos ya que “la mayoría de los clientes [de los negocios latinos] son latinos” también.

Cultura Latina para los 'techies'

Sin embargo, no todos los latinos en el barrio piensan que el impacto de la industria de la tecnología es negativo. También en la calle 24, Gabrielle Seckar regenta junto a su marido y otro socio el restaurante Paprika desde el 2013. Su tía había estado al cargo del popular restaurante nicaragüense El Trébol durante 35 años y le pasó el negocio al retirarse. Ella lo reformó y ofrece comida europea  acompañada, en ocasiones, de conciertos de música latina.

Para ella, que charla habitualmente con sus clientes tanto en inglés como en español, el desarrollo de la industria de la tecnología ha supuesto el crecimiento de su negocio.

“Mi experiencia ha sido tremenda, porque los techies están ansiosos por conocer cultura, comida, algo diferente…”, explica. “Yo ya estoy empleando mi segunda persona. Lo que mi tía no pudo hacer”.

“La renta nos sube a todos”, dice. “Hace falta vivienda. Nuestros representantes deben pelear para que haya más affordable housing”.

Pero, mientras tanto, señala que la industria de la tecnología ha supuesto un crecimiento del empleo y mejoras en aspectos como la seguridad en el barrio.  

En MEDA, donde ayudan a los vecinos trabajadores no solo a aprender habilidades básicas de computación, sino también a preparar las declaraciones de impuestos, iniciar negocios o conservar sus viviendas, rechazan caer en el victimismo.

“La gente ha estado viviendo cinco personas en un cuarto y cinco personas en el cuarto de al lado desde los años 50, que lo hacen ahora no es nada nuevo,” señaló Mattias Kraemer, subdirector de programas, que recordó que la gentrificación no es algo que afecte únicamente a La Missión o a San Francisco. La respuesta, dijo, será la misma: “luchamos, crecemos y organicémonos".