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Cómo los eclipses solares desataron las respuestas más extrañas de los mortales

Desde creer en monstruos que se comen el Sol, hasta gritar de terror, la gente ha respondido a los eclipses de Sol de maneras muy extrañas durante milenios.

Ciencia
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Johann Berkowski tomó la primera foto de un eclipse solar en 1851.

Johann Berkowski

El 21 de agosto de 2017 la luna pasará frente al Sol, borrándolo por completo para aquellos ubicados a lo largo de un trayecto de 70 millas de ancho que se extiende a través de los Estados Unidos. Aunque un eclipse solar total sólo dura unos minutos, el raro fenómeno tiene una larga historia de provocar todo tipo de reacciones extrañas entre los mortales aquí en la Tierra.

Los vikingos hacían fuertes ruidos para asustar a Skoll y Hati, los dos lobos de la mitología nórdica que perseguían al Sol y a la Luna y de vez en cuando los atrapaban, causando un eclipse. Siglos después, una mujer ansiosa por los efectos de un asalto asociado con un eclipse solar de 1748 "se encerró en una habitación y se cortó el brazo de tal manera que sangró hasta morir", según el London Evening Post de esa época.

Algunas de las respuestas más extrañas surgieron en siglos anteriores cuando la comprensión de lo que causa estos secuestros estelares era menos generalizada. Pero nosotros, los iluminados y, supuestamente gente moderna no somos inmunes a estas locuras.

En su ensayo de 1982 Total Eclipse, Annie Dillard recuerda haber escuchado gritos de terror y/o de alegría al ver un eclipse solar que se vio en el estado de Washington en 1979.

Steve Ruskin, un historiador de la astronomía y autor de America's First Great Eclipse, descubrió también una reacción común. 

"Lo que me parece más asombroso, después de haber estudiado los eclipses a lo largo de la historia, es que no importa el período de tiempo o el conocimiento científico (o la falta de éste), las respuestas humanas a un eclipse son consistentemente, universalmente, expresiones de temor y asombro", me dijo Ruskin.

Ruskin dice que los lobos nórdicos no eran las únicas criaturas, según el mito y la leyenda antiguos, que causaban eclipses devorando el Sol. Los mayas, que aprendieron a predecir los eclipses, a veces los representaban como una serpiente gigante. Los incas, por su parte, parecían creer que un jaguar se había tragado la Luna para provocar un eclipse lunar.

"Una respuesta bastante singular y en gran parte desconocida a un eclipse se encuentra en una narración de 1886 de los aborígenes australianos", dice Ruskin. Ellos supuestamente creían que el eclipse era causado por otra tribu en la propia Luna, un pueblo que estaba enfermo y enojado, y que desataba su mal humor en los aborígenes australianos.

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Una ilustración de un eclipse de 1613.

M. Blundeuile/ US Library of Congress

Preocupaciones reales

Los antiguos babilonios tenían una comprensión de las matemáticas suficientemente avanzada para predecir eclipses, pero todavía los veían como malos presagios para su realeza. A menudo ponían a un plebeyo en el trono durante un eclipse de modo que si algunos "hechos oscuros" se cernían sobre el rey, éstos caerían en el rey falso en lugar del otro. Después del eclipse, el reemplazante era "recompensado" por su servicio siendo asesinado, solo para asegurarse de que cualquier mala vibra ocasionada por el eclipse muriera junto con él.

Los astrónomos de la corte en la antigua China se toparon con un destino similar cuando no podían predecir un eclipse, supuestamente porque estaban borrachos. La anécdota de 4,000 años de antigüedad inspiró después un poema que se ha transmitido durante siglos:

"Aquí yacen los cuerpos de Ho y Hi, cuyo destino aunque triste era visible; fueron ahorcados porque no pudieron advertir el eclipse que era invisible".

Posiblemente el eclipse solar más famoso fue el que coincidió con la muerte del rey de Inglaterra Henry I en 1133. El caos y la guerra civil siguieron.

Un eclipse en Turquía en 585 A.C. tuvo el efecto contrario. Los ejércitos guerreros lo tomaron como una señal de los dioses que tal vez deberían tratar de llevarse bien. Y justo así ocurrió, cuenta la historia: 15 largos años de lucha llegaron a un fin repentino.

Eclipses y otras rarezas

Después del eclipse de 647 A.C., el poeta griego Archilochus se encontró considerando qué otros trucos los dioses podrían tener en reserva para los mortales aquí en la tierra:

"Después de esto, los hombres pueden creer cualquier cosa, esperar cualquier cosa. No se sorprendan si en el futuro las bestias de la tierra cambian de lugar con los delfines y se van a vivir a sus pasturas saladas y llegan a gustar de las resonantes olas del mar más que de la tierra, mientras que los delfines prefieren las montañas".

Según Ruskin, un eclipse tuvo implicaciones aún más oscuras para los nativos de Jamaica cuando el navegante Cristóbal Colón utilizó el evento para convencer a los lugareños de que tenían que alimentar mejor a su tripulación o arriesgar el enojo de su dios. La llegada del eclipse ayudó a Colón a subyugar a los nativos.

Quizás la respuesta más extraña de la historia a un eclipse solar total fue la menos histérica. Cuando el Sol desapareció poco después de levantarse temprano por la mañana sobre Europa en el año 1230, los trabajadores ahí aparentemente pensaron poco en ello. Simplemente volvieron a la cama, según el historiador Roger de Wendover, sólo para asombrarse cuando el Sol recuperó su brillo normal al cabo de una hora. 

Aún asombrados por la desaparición del sol

"A menudo, (los eclipses) fueron una fuente de miedo y ansiedad", dice Ruskin. "No fue sino hasta el período conocido como la Revolución Científica Europea de los siglos XVI y XVII que las explicaciones científicas del movimiento de la Tierra, el sol y la luna empezaron a aliviar tales ansiedades, al menos entre los europeos".

Esta iluminación científica nos permitió respirar profundo y dar un vistazo alrededor durante los eclipses. Resulta que el evento tiene un efecto extraño en los animales también.

"Un cuervo era el único animal cerca de mí, que parecía completamente desconcertado, croaba y volaba hacia atrás y hacia delante cerca del suelo de una manera incierta", escribió John Couch Adams sobre un eclipse del siglo XIX.

La curiosidad científica alrededor de los eclipses también provocó algunos intentos extraños para verlos, como cuando Dmitry Ivanovich Mendeleev usó un globo para observar un eclipse de 1887 desde más de 2 millas de altura en el aire.

Así que, cuando mires a la historia para ver algunas de las reacciones más irracionales, ilógicas y francamente extrañas a este fenómeno natural, trata de no juzgar. Incluso hoy, el mito de que un eclipse es de alguna manera un peligro para las mujeres embarazadas persiste. Y es que cuando la cosa que sostiene toda la vida desaparece repentinamente del cielo, ¿quién puede decir que no podría desencadenar algún instinto primitivo profundo que reemplace las respuestas más racionales de la mente consciente?

Tendrás la oportunidad de descubrir todo esto de primera mano si logras llegar a un lugar en algún lugar en el trayecto del eclipse total solar del 21 de agosto. Afortunadamente, no es demasiado tarde para planear tu viaje. 

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