El hermoso 'fantasma' de una estrella convaleciente

Como una enana blanca en los últimos instantes de su vida, una estrella que en proceso de morir dispara una nebulosa que se conoce como 'El fantasma de Júpiter'.

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ESA/XMM-Newton & Y.-H. Chu/R.A. Gruendl/M.A. Guerrero/N. Ruiz (rayos X); NASA/ESA Hubble Space Telescope & A. Hajian/B. Balick (óptico)

En la antigüedad, se veían muchas cosas en el espacio que no se podían distinguir lo suficiente como para saber qué eran. Por ello, es común que muchas tengan nombres que realmente no son nada precisos.

Un ejemplo de ello: las nebulosas planetarias. Ciertamente son nebulosas, pero no tienen nada que ver con los planetas. Cuando el astrónomo William Herschel las descubrió en 1780, la forma redonda de las nebulosas le pareció similar a la de los planetas, y el nombre que les dio nunca ha sido corregido para reflejar lo que realmente son: la exhalación de una estrella que está muriendo.

La mayoría de las estrellas medianas y pequeñas no explotan, ni se convierten en supernovas al morir. En lugar de eso, sutilmente exhalan material en una corriente expansiva de gas ionizado impulsado por viento estelar en lo que la estrella colapsa. Las nebulosas de Huevo, Ojo de gato, Anillo y Burbuja de jabón son todas ejemplos impresionantes de nebulosas planetarias.

La nebulosa planetaria NGC 3242, ubicada en la constelación de Hidra a unos 3,000 años luz de la Tierra, fue descubierta por Herschel hace 230 años el 7 de febrero de 1785. Y, ya que ocupa un lugar en el cielo más o menos del mismo tamaño de Júpiter, ha recibido el nombre de "El fantasma de Júpiter".

Sin embargo, el fantasma de Júpiter es bastante más grande que el planeta que le da su nombre. La burbuja de gas color verde y azul mide cerca de dos años luz de punta a punta, comparado los 69,911 kilómetros de radio de Júpiter. En su interior se halla el último rezago en el ciclo de vida de una estrella: una enana blanca.

Las enanas blancas son muy pequeñas -- cerca del tamaño de la Tierra, en volumen -- y extremadamente densas, con una masa comparable a la del Sol. Despliegan fuertes vientos solares -- a unos 2,400 kilómetros por segundo -- que impulsan el gas hacia afuera en forma de burbuja.

Los colores en la imagen representan distintas capas. Azul son las emisiones de rayos X, tomadas por el telescopio XMM-Newton y representan gas calentado a más de 2 millones de grados Celsius a través de impactos causados por el viento solar. El brillo verde, tomado por Hubble, es gas menos caliente visto por la luz óptica -- en la capa interna y externa de la nebulosa.

Las dos manchas rojas son conocidas como Fast Low-Ionisation Emission Regions (FLIERs, por sus siglas en inglés, que se traduce libremente como Regiones de Emisión Rápida de Baja Ionización). Estos son de gases de baja ionización a distintos volúmenes en o cerca del eje simétrico de una estrella que está muriendo, saliendo disparado de los polos a velocidades supersónicas significativamente más altas que las de la nebulosa que los rodea.

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