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Televisión y cine

Glass: Más forma que contenido en la última de M. Night Shyamalan

[Reseña] La nueva de Bruce Willis y Samuel L. Jackson cierra la trilogía de superhéroes del director de El sexto sentido con un título demasiado largo y poco afinado.

Glass

Samuel L. Jackson, James McAvoy y Bruce Willis en Glass

Universal Pictures/Jessica Kourkounis

No es ningún secreto que M. Night Shyamalan es un cineasta irregular. El director de The Sixth Sense y Unbreakable hizo esas dos películas (la primera con un enorme éxito en la taquilla) y desde entonces no han dejado de sumarse los intentos de otras obras suyas con ingredientes paranormales y fórmulas llamativas pero que han dejado indiferentes a muchos en mayor o menor medida.

Glass (Cristal) está también en la línea de la indiferencia. Esta tercera parte de la trilogía de superhéroes empezada por Shyamalan en 2000 con Unbreakable y reanudada en 2016 con la secuela encubierta Split reúne a sus tres personajes superhumanos: El Unbreakable de Bruce Willis, el Split de James McAvoy y el Glass de Samuel L. Jackson.

No deja de ser paradójico que de hecho el personaje que da título a esta película sea de los que menos se ve en pantalla y, desde luego, de los que menos palabras urde. Y es que Mr. Glass aparece en un estado casi catatónico durante buena parte del filme. Es un paciente de una institución mental (donde el sistema de seguridad es más que dudoso) y donde lo mantienen bajo una fuerte medicación todo el tiempo.

La película arranca con cuatro jóvenes animadoras vestidas de rojo, secuestradas y víctimas de las muchas personalidades de Dennis/Kevin/The Horde -- McAvoy interpreta a este cúmulo de personajes con gusto. Pero pese a que nos haga reír con una Patricia remilgada y un Hedwig que cecea, y a que una de sus personalidades hable de hecho castellano con un acento casi impecable, no pude evitar pensar que los muchos talentos interpretativos de McAvoy están un poco desperdiciados en este título.

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Ellie Staple (Sarah Paulson) en Glass.

Jessica Kourkounis

En parte también lo están los de Willis, y eso que en realidad el actor nunca tuvo tantos. Nos reencontramos con su David Dunn cuando el especialista en seguridad sigue haciendo de justiciero en Filadelfia, ayudado por su hijo Joseph (el mismo Spencer Treat Clark de la Unbreakable original). Pero nuestro héroe, que sigue vistiendo ese impermeable verde que oculta su identidad y lo protege del agua, está obsesionado por tratar de encontrar a The Horde.

Tengo la sensación de que la verdadera protagonista de Glass no es ninguno de sus tres superhumanos, sino la doctora encargada de estudiar a estos seres: la doctora Ellie Staple (Sarah Paulson). En una secuencia que sintetiza la esencia de esta película, una doctora Staple ataviada de color rosa pastel y a juego con las paredes de la sala del hospital donde se encuentran hace una sesión conjunta de terapia con sus tres individuos de estudio: Unbreakable, Glass y Split. Hasta ahí todo bien. Hasta que la secuencia se alarga mucho más de la cuenta y nos damos cuenta de que no era más que eso: la ejecución de una idea que sonaba muy bien sobre el papel, sobre el storyboard, y no ha acabado de concretarse de la mejor manera posible, sobre el guión.

Uno de mis problemas habituales con las películas de superhéroes es que hay demasiadas secuencias de lucha y acción y queda poco tiempo para el desarrollo de personajes, los chistes y los diálogos. Y sin embargo, con Glass me faltó la acción y quedé harta de tanto diálogo. Tal vez no me apetecía pasar tanto tiempo con esos personajes. Tal vez es que la película se hubiera beneficiado simplemente de los tijeretazos de un editor despiadado.

Y es que todo en Glass se alarga y dilata más de la cuenta. También un cameo de Shyamalan, comprando en la tienda de seguridad de los Dunn, que empieza como un chiste divertido y acaba demostrándonos que el cineasta ha acertado limitándose a tener una carrera detrás de las cámaras y no delante.

Glass

Samuel L. Jackson caracteriza a Mr. Glass.

Jessica Kourkounis/Universal Pictures

A ver, Glass también tiene cualidades muy positivas. Shyamalan es un cineasta que cuida hasta los más pequeños detalles. Como cuando David Dunn llega a su casa por primera vez en la película y cuelga su chaqueta sobre un colgador completamente vacío. Ese vacío explica una historia.

El uso del color en la película es impecable. Sarah Paulson está caracterizada -- y perfectamente vestida para ello -- por los colores pastel, sobre todo malvas y rosados. Split se manifiesta en amarillos. Mr. Glass favorece los morados. Y el color de Dunn es el verde. No es casual que la película nos muestre el interior de una tienda de cómics con dos secciones muy bien delimitadas por sus carteles de neón: una de Heroes (héroes) en letras verdes y otra de Villains (villanos) en letras moradas.

Y sí, Shyamalan está tratando de decir muchas cosas sobre los superhéroes y los cómics y sobre su amor hacia este tipo de historietas con esta película. Es sólo que esta carta de amor hacia los tebeos le hubiera quedado mucho más rematada si la película fuera bastante más corta y dinámica. Si esto no fuera sólo forma, sino también contenido.

Como en el caso de Split, Shyamalan ha preferido optar por hacer Glass con un presupuesto reducido, US$20 millones según Box Office Mojo. En Split fueron US$9 millones. Esta economía puede resultarle beneficiosa a la película incluso si no se convierte en un éxito absoluto de taquilla. Y es que es mucho más fácil conseguir beneficios si tu presupuesto es de US$20 millones, que si lo es de US$130 millones como en el caso de aquella After Earth con Will Smith que todos hemos olvidado ya.

Glass (Cristal) se estrena en Estados Unidos, México y España el 18 de enero. No te pierdas nuestra entrevista con el director de vestuario de la película, Paco Delgado.

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