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Cultura tecnológica

Entre #FakeNews y el movimiento #MeToo, Twitter fue difícil de contener en 2017

Una oleada que comenzó con disputas políticas y terminó con denuncias masivas por acoso sexual se apoderó de Twitter en el año que termina.

Activist Alan Marling projects a message -- "Trump's dog whistle" -- onto Twitter's headquarters building.

El activista Alan Marling utiliza un proyector para decir lo que piensa sobre la relación del presidente de EE.UU. y Twitter, afuera de la sede de la compañía, en San Francisco.

Foto cortesía de Alan Marling

Alan Marling tomó las calles para poner los reflectores ––de forma literal y figurada–– sobre las acciones de Twitter.

El artista y escritor de 34 años ––que tiene más de 16,000 seguidores en esa red social–– dedicó más de una docena de noches de este año a transmitir, con un proyector y luces de colores, sus comentarios sobre las paredes exteriores de la sede de Twitter en San Francisco.

Twitter "valida a los nazis", escribió en una de sus proyecciones más recientes que, según Marling, quería exponer la "hipocresía" de Twitter. La proyección la acompañó de una marca azul como las que usa la red social para verificar a los usuarios de alto perfil.

Otro mensaje exigió a Twitter lo siguiente: "Prohiban la cuenta @realDonaldTrump". El activista argumentó que el presidente de Estados Unidos usa el servicio para crear divisiones y conflictos. Marling también proyectó el mensaje "El portavoz de Trump" ("Trump's Dog Whistle"), con una flecha que apuntaba al cartel principal de Twitter en la fachada del edificio. Y, después de que Trump tuiteó una serie de controvertidos videos antimusulmanes, Marling proyectó un mensaje en el que exigía la dimisión del presidente ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey.

El activismo de Marling ––sobre el cual Twitter no quiso hacer comentarios––, es sólo un ejemplo de los movimientos que han nacido por los mensajes que se vieron en la red social este año.

Desde los miedos que despertó la idea de que Rusia manipuló la opinión pública de Estados Unidos, hasta la etiqueta #MeToo que animó a mujeres de todos los rincones de EE.UU. a hablar sobre las agresiones sexuales sufridas, Twitter ha sido el centro de los memes y movimientos que sacudieron a la sociedad en 2017.

Sin embargo, las revelaciones de que millones de mensajes fueron generados por bots y cuentas falsas nos han llevado a cuestionarnos qué es lo que realmente estamos leyendo. Y, toda vez que es la plataforma preferida del presidente Donald Trump, Twitter se convirtió en un facilitador de la división que está experimentando el país.

"Cuando lees Twitter te subes a una montaña rusa emocional", explica Jeff Hancock, director del Laboratorio de Redes Sociales de la Universidad de Stanford. "Las redes sociales han cambiado la forma en que procesamos y divulgamos la información. Todo se trata de si crees todo lo que ves y lees".

Hancock asegura que nuestra creciente desconfianza en Twitter se amplificó por las noticias falsas que circulan en la red, así como la conclusión a la que llegó el Congreso sobre cómo los operadores rusos usaron esta red social para intervenir en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Y, lamentablemente, este incesante ritmo de negatividad tiene sus consecuencias.

"Comenzamos por sentir dudas o sospechas naturales" sobre lo que se publica en Twitter, dice Hancock. "Si bien siempre hemos desconfiado de las nuevas tecnologías, ahora nos damos cuenta de que hay más desinformación en estos medios [y] eso nos ha hecho más conscientes".

Aquí compartimos sólo algunos de los movimientos sociales que nacieron en Twitter el año pasado.

#MeToo desata un movimiento global

El 15 de octubre pasado, activistas, actores y mujeres a lo largo y ancho de Estados Unidos comenzaron a twittear con un hashtag de dos palabras: #MeToo. Se inspiraron en acusaciones de acoso sexual contra el magnate de Hollywood, Harvey Weinstein, publicadas con todo detalle en The New York Times y The New Yorker. En 24 horas, el hashtag tenía una tendencia global y había sido tuiteado casi medio millón de veces. Hasta ahora, los tweets con este hashtag se han visto más de 15,000 millones de veces, según el analista de redes sociales Brandwatch.

La tendencia comenzó con la actriz Alyssa Milano, quien alentó a millones de personas a hablar sobre el abuso que han sufrido. El movimiento obligó a muchos a enfrentar la realidad sobre el continuo acoso y abuso sexual.

El movimiento #MeToo cambió la conversación nacional de forma tan rápida y dramática que la revista Time nombró a las mujeres y hombres que decidieron hablar sobre el abuso que sufrieron ("The Silence Breakers") como la Persona del Año.

"#MeToo demostró que ya no hay nadie intocable y protegido cuando se trata de acoso sexual", dijo Jennifer Grygiel, profesora de Comunicaciones de la Universidad de Syracuse. "Las mujeres ahora se están dando cuenta de que tienen el poder de hablar sin miedo, de ser fuertes y de ayudarse mutuamente".

Desde Hollywood hasta Silicon Valley y Capitol Hill, prácticamente ninguna industria ha pasado inadvertida. El ganador del premio Óscar, Kevin Spacey y el jefe de Pixar, John Lasseter; el evangelista tecnológico Robert Scoble y los políticos Al Franken, John Conyers y Roy Moore han sido castigados por su presunta conducta sexual inapropiada. Los presentadores del programa matutino Charlie Rose y Matt Lauer tampoco se salvaron.

Aún así, hay muchas más mujeres cuyas historias aún no se han contado.

"¿Qué pasa con el acoso que sufre a diario el empleado común de oficina? ¿Qué pasa con la señora de la limpieza y la conductora de autobús que no hace 'favores'?", preguntó la economista y activista Julianne Malveaux. "Siento dolor por esas mujeres cuyas historias aún no se cuentan".

#MeToo ya está más allá del hashtag. Ha llevado a protestas y discursos en todo el mundo, y le ha costado a algunos hombres prominentes su sustento.

Otros países ya están copiando esta tendencia #MeToo, incluyendo Francia con #BalanceTonPorc (#ExhibeATuCerdo), Italia con #QuellaVoltaChe (#AquellaOcasiónCuando) y España con #YoTambién.

Desde Rusia, con [des]amor

Durante las elecciones presidenciales del año pasado, muchos usuarios de Twitter sintieron la influencia de los bots rusos, o de los software automatizados que se hacía pasar por usuarios reales.

Por ejemplo, Twitter contó 36,000 cuentas falsas entre septiembre y noviembre de 2016 que generaron 1.4 millones de tweets automáticos relacionados con las elecciones y recibieron 288 millones de visitas. Un estudio publicado en marzo detalló que los bots componen alrededor de 48 millones de cuentas de Twitter, o el 15 por ciento de los usuarios mensuales de la red social. Mientras tanto, Twitter asegura que sólo 27 millones de sus cuentas son bots.

No todos estos bots son malos. Algunos simplemente comparten artículos de sitios de noticias o publican el clima. Pero difundir desinformación y contenido reactivo es el objetivo de los otros, como los cientos de bots vinculados con Rusia que incentivan ambos lados del debate nacional sobre el himno nacional durante los juegos de la NFL, utilizando los hashtags #standforouranthem (#levántatedurantenuestrohimno) y #takeaknee (#arrodíllate).

Antes era fácil detectar que un programa de computadora estaba detrás de un tweet porque el lenguaje era muy forzado. Sin embargo, ya no es así. En el último año, los genios de los bots han enseñado a sus programas a sonar más humanos. Ya descubrieron que usar humanos y bots de forma paralela puede difundir el mensaje de forma aún más eficaz.

"Eso hace que sea más difícil saber si una cuenta es un bot y, por lo tanto, eliminarla", dijo Samantha Bradshaw, investigadora de la Universidad de Oxford, al Frontline de PBS el mes pasado. Y eso significa, una vez más, que no siempre puedes confiar en lo que estás leyendo en Twitter.

Lo que es más frustrante es que es "altamente improbable" que podamos vivir completamente libres de bots maliciosos en Twitter, dijo Adam Sharp, ex Jefe de Noticias, Gobierno y Elecciones de la compañía. Twitter ofrece a sus usuarios la opción de ser completamente anónimos, lo que hace más difícil rastrear quién está detrás de un tweet.

"Puede terminar siendo una carrera armamentista sin final, pues estos actores extranjeros han ganado bastante ventaja en el camino", explicó Sharp.

Nuestra nueva arena política

Un elemento que marcó las elecciones de 2016 fue el volumen de información tóxica en línea que acompañó a la política moderna. Durante ese tiempo, trolls que operan desde la parte más oscura de internet se unieron a activistas políticos y extremistas para difundir teorías de conspiración, desinformación y noticias falsas en las redes sociales.

En el centro de muchos de estos movimientos está el presidente Trump, quien había dicho ––antes de prestar juramento el pasado 20 de enero–– que planeaba recortar su actividad en Twitter. Sin embargo, desde entonces, ha recurrido a esta plataforma para atacar a los jugadores de fútbol de la NFL, a Corea del Norte, al FBI y cualquier otra persona con la que esté enemistado.

El mensaje está muy claro: la política ahora se peleará y ganará en las redes sociales.

"Twitter en particular, es la nueva arena política", dijo el estratega político republicano Rick Wilson, quien también es crítico de Trump. "Si no estás luchando en las redes sociales, no estás luchando de manera efectiva".

Esta forma de pensar quedó totalmente expuesta cuando los demócratas del Senado de Estados Unidos hicieron videotransmisiones en vivo para protestar contra lo que dijeron fue un proceso apresurado para votar la nueva legislación fiscal.

Es también la razón por la que Marling continúa sus protestas frente a la sede de Twitter. En la noche del pasado 29 de noviembre, proyectó el hashtag #cómplice justo encima del logotipo de Twitter.

La palabra, dijo, es "un signo de nuestros tiempos".