Facebook: 10 años de crear nuestra identidad digital

Facebook es mucho más que un puntocom. Es una plataforma que busca convertirse en nuestro pasaporte al mundo digital. Como tal, desea que lo usemos en todas partes, sobre todo en los dispositivos móviles que nos acomapañan todo el tiempo.

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Facebook quiere ser tu pasaporte al mundo digital.

Y, como todo pasaporte, Facebook quiere ser la huella de identidad con la que explores y compartas las aventuras de tus seres queridos, tus gustos, tu información, tus anhelos, tus éxitos y tus consumos. Y, por si eso fuera poco, Mark Zuckerberg y sus inversionistas quieren que lo uses durante todos tus viajes digitales, incluso sin que te des cuenta.

Nos guste o no, el coloso de las redes sociales es un pulpo que tiene extendidos sus tentáculos por todo el mundo. He aquí algunas cifras:

  • 1,230 millones de usuarios
  • US$7,872 millones en ingresos en 2013
  • Ganancias netas de US$1,500 millones en el mismo periodo
  • 6,337 empleados
  • 945 millones de usuarios activos en plataformas móviles por mes
  • 757 millones de usuarios activos diariamente, en promedio
  • 81 por ciento de sus usuarios afuera de Estados Unidos y Canadá

Lo cierto es que a diez años de su nacimiento, todos tenemos una historia que contar relacionada a Facebook – la mía, curiosamente, nada tiene que ver con el mundo digital: una noche estuve cerca de atropellar a su fundador, Mark Zuckerberg, y a su perro blanco Beast cuando trotaban por la calle en Palo Alto, California, pero no pasó nada -afortunadamente para todos.

Para millones de personas – incluyéndome a mí – Facebook se ha vuelto una herramienta omnipresente con la que tenemos una relación complicada. Como con el proveedor de TV por cable o las telefónicas que están ahí a pesar de nosotros.

Una historia complicada

El mantra que he escuchado a Mark Zuckerberg repetir en muchas ocasiones es que la misión de Facebook es “conectar al mundo”, una visión que inició hace una década en los dormitorios de la prestigiosa Universidad de Harvard.


En ese entonces, recordarán, YouTube era el amo y señor de las incipientes redes sociales. Y, de cierta forma, Facebook es resultado de esa época: el anti-YouTube. Con un diseño limpio, ordenado y un halo de exclusividad – al principio solo estuvo disponible para los alumnos de las universidades Ivy League – la estrategia detrás de Facebook fue abrirse camino poco a poco hasta que la inercia y la enorme demanda lo obligó a abrirse a todo el mundo. En el camino no solo dejó a YouTube, sino que también quedaron ahí tirados Hi5, Friendster, Orkut, Tribe y muchas más. Más que otra cosa, Facebook es el superviviente de una categoría y, hoy en día, el líder absoluto.

Más allá de los tropezones humanos – si el fundador robó o no la idea a los gemelos Winklevoss o si recompensó apropiadamente al brasileño Eduardo Saverín, su primer inversionista – la red social ha tenido la fortuna de lograr recuperarse de graves erratas. Entre ellas, el desastre del lanzamiento de su plataforma de publicidad Beacon y las incontables veces que ha sido acusada de violar el derecho a la privacidad de sus usuarios. Y no se diga los múltiples rediseños de su página web, que fueron cuestión de desdén y mofa durante sus primeros años de vida, y una atropellada salida a bolsa en donde se le acusó de manipular el precio inicial de su acción.

 

Facebook y Zuckerberg han sido capaces de levantarse de estos resbalones una y otra vez. Y han sido capaces de seguir creciendo, ya sea a través de una expansión orgánica y rampante por todo el mundo o a raíz de adquisiciones de talento y startups como Instagram, Gowalla, Friendfeed y Branch. Más recientemente y tras acusaciones de estar perdiendo al público adolescente, también hizo una puja por Snapchat, el app del momento, por la que ofreció hasta US$3,000 millones.

¿Cómo será el Facebook del futuro?

Facebook tiene clarísimo que su futuro radica en las plataformas móviles. Por eso la compra de Instagram fue tan acertada. Con el lanzamiento de Paper, se distancia de una estrategia de plataforma – en donde todos los servicios se encuentran bajo el paraguas de una misma página web – a favor de una estrategia móvil vertical, en donde cada posibilidad de punto de encuentro con los usuarios – mensajería, servicios de información, fotografía – recibe su propia aplicación y su propia identidad móvil. Todo, con tal que encontrar a la audiencia donde ésta se encuentra, y poder mostrarle anuncios.

Hoy en día, Facebook ocupa ya el segundo puesto en publicidad digital en Estados Unidos gracias, en parte, a su presencia en esas plataformas móviles. En el cuarto trimestre de 2013, la publicidad móvil representó un 53 por ciento del total de US$2,340 millones de ingresos de Facebook en el periodo.

El pulpo que controla nuestra experiencia en línea

En 2010, un profesor de Stanford me dijo que Facebook.com iba a desaparecer en menos de cinco años. A diferencia de otros, como los investigadores de Princeton que hace poco anunciaban la muerte de la empresa, él se refería a que su presencia web (el .com) iba a perder importancia, porque Facebook se convertiría en un pulpo que estaría por todos lados, sin que nos percatemos.

Y eso ya sucede cuando usamos nuestra cuenta de Facebook para registrarnos a ciertas apps o cuando entramos a algunos sitios web.

Al igual que las empresas telefónicas o de TV por cable, como dije al principio, hoy en día usamos Facebook sin percatarnos. Lo usamos porque está ahí, nada más. Lo usamos casi sin esfuerzo y sin preguntarnos. Lo revisamos durante los pocos segundos que tenemos libres. Lo checamos en la fila del banco, en la caja del súper. Entramos a ver qué novedades hay durante esos segundos entre junta y junta. O lo tenemos abierto, de fondo, todo el día, por si pasa algo, por si acaso. Quizá, de pasada, veremos un anuncio que nos interesa y le haremos clic, ya sea en nuestro teléfono o computadora.

Y, eso, para Mark Zuckerberg y sus inversionistas, significa que han alcanzado el éxito.