'Everest', drama y acción a 8,000 metros de altura

[Reseña con pocos 'spoilers'] La película, cuyo estreno general es el viernes 25 de septiembre, recrea como nunca antes la experiencia de ascender a la montaña más alta del mundo, aunque no logra superar algunos lugares comunes del 'cine de desastres'.

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Jason Clarke interpreta a Rob Hall, líder de la expedición al Everest en 1996 Jasin Boland / Universal Pictures

La tecnología actual permite recrear un ascenso a la montaña más alta del mundo de manera verosímil. Y eso es justamente lo que consigue la película Everest, que esta semana vio su estreno solo en salas Imax, pero que llegará de manera general a las salas de EE.UU. el viernes 25 de septiembre. Nunca antes un filme de ficción había recreado de manera tan realista la experiencia de ascender a la montaña más alta del mundo, pero algunos lugares comunes del "cine de desastres" restan impacto a su historia.

El filme, dirigido por el cineasta islandés Baltasar Karmákur, busca replicar lo que logró Gravity (2013): dar al espectador la sensación de cómo es estar en un escenario al que al que solo muy pocas personas en el mundo pueden llegar.

Everest está basada parcialmente en el libro Left for Dead: My Journey Home from Everest, de Beck Weathers, que narra la historia real de una expedición de 1996 en la que murieron ocho escaladores. La película es una reconstrucción minuciosa de esa tragedia y dedica buena parte de su historia a dar a conocer quiénes son los escaladores y sus motivos para subir al Everest. Por eso, quienes esperan un filme de acción sobre montañistas, al estilo Cliffhanger (1993) o Vertical Limit (2000) quizás salgan decepcionados.

El director insistió en filmar a los actores en escenarios reales, por ello la película se filmó en tres países: Nepal, Italia e Inglaterra. El elenco principal -- integrado por los actores Josh Brolin (No Country for Old Men), Jason Clarke (Terminator Genysis), Jake Gyllenhaal (Prince of Persia), entre otros -- viajó a Katmandú, para filmar las escenas del viaje de la expedición al campamento base, ubicado a 4,800 metros de altura. El uso de cámaras digitales, de 8K de resolución, permitió hacer tomas que, con los equipos pesados de hace dos décadas -una cámara 3D de Imax pesa 18 kilogramos, por ejemplo-, resultaban difíciles y lentas.

El grueso de las escenas de montaña con el elenco se filmó en el glaciar Senales, en las montañas Dolomitas de los Alpes italianos. Las condiciones climáticas eran adversas, con vientos persistentes y temperaturas que llegaron a descender a -30 grados centígrados.

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Esta escena fue filmada en los estudios Pinewood (Inglaterra), con tomas de apoyo hechas en Nepal Universal Pictures

El Campamento Base, desde el que monitoreaba el ascenso de los escaladores a la cumbre, fue recreado en los estudios Cinecittá, en Roma; y las escenas de la cumbre, como las que tienen lugar en los llamados Escalones Hillary, se filmaron en los famosos estudios 007 en Pinewood (Inglaterra).

Por eso una segunda unidad de filmación, liderada por el director Kent Harvey, pasó dos semanas en 2014 en el verdadero campamento base en el Himalaya para hacer tomas de apoyo de todo el lugar así como de puntos de mayor altitud, incluso no estaba descartado que ascendiera a la cima del Everest. Pero entonces ocurrió la tragedia de la muerte de 16 escaladores sherpas que fallecieron sepultados por una avalancha, lo que recordó a todo el equipo de producción de Everest los peligros que acechan en la cumbre más alta del mundo y en la relevancia de la historia que perseguían contar.

Pero mucho tiempo del filme se invierte en el ascenso, así como en mostrar el lado humano de los escaladores. Han transcurrido casi dos tercios de la película cuando la expedición inicia el ascenso final a la cumbre del Everest.

El espectador espera que cuando se desata la tormenta, la película esté a la altura de las escenas previas. Y lo cierto es que Everest recurre entonces a algunos clichés y a soluciones dramáticas ya vistas en decenas de películas, que lucen algo apresuradas y convencionales, lo que reduce lo emocionante de la historia.

Este desequilibrio impide que Everest alcance el impacto de películas que también recrean tragedias reales, como Titanic (por ejemplo), pero no deja de ser un prodigio técnico y un tributo a los escaladores que protagonizaron uno de los episodios más dramáticos del montañismo mundial.

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