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Ciencia

Estos increíbles robots todavía funcionan, 240 años después de ser creados

Los autómatas de Jaquet-Droz del siglo XVIII son representativos de los primeros intentos por fabricar robots con formas humanoides. Y aún funcionan.

Rama

El fabricante suizo de relojes Henri-Louis Jaquet-Droz era un verdadero genio de la relojería. Pero no limitó sus esfuerzos a los relojes, sino que también construyó autómatas, unos robots relojeros. Los más famosos de éstos son tres conocidos como los Jaquet-Droz Automata, que fueron construidos entre 1768 y 1774 en colaboración con su padre, Pierre, quien era el dueño del negocio familiar y quien supervisó el proyecto, y su hermano Jean-Frédéric Leschot.

Sorprendentemente, el propósito de estas maravillas de engranajes y resortes no era la pura invención y el ingenio, o incluso venderlos entre los ricos y excéntricos de la época. Con ellos buscaban demostrar las habilidades de relojería de la familia Jaquet-Droz, una especie de anuncio para vender relojes.

Los tres autómatas, que todavía funcionan hoy en día, más de 240 años más tarde, realizan diferentes tareas.

El músico, la figura de una elegante dama, reproduce música pulsando las teclas de un teclado especial, personalizado con sus dedos. Mueve la cabeza mirando a su alrededor y baja la vista, inclinando su cuerpo hacia adelante a veces con la música. Su pecho se expande y se contrae, como si estuviera respirando. Más de 2,500 piezas se usaron en su construcción y las cinco piezas de música que interpreta fueron compuestas por Henri-Louis Jaquet-Droz, que era algo así como un gran pensador.

El dibujante, la figura de un muchacho joven, hace dibujos "programados" con cuatro diseños. Con su lápiz, se puede dibujar un perro, un retrato de Cupido en un carro, un retrato del rey francés Luis XV y un retrato de la pareja real, Luis XV y su esposa María Antonieta. Consta de 2,000 piezas y su brazo es controlado por levas que dirigen el brazo para sacar las fotos. Un pequeño fuelle en el pecho del autómata le permite soplar el polvo de vez en cuando antes de seguir dibujando.

El escritor es el más complejo de los tres, pues ocupa unas 6,000 piezas. Funciona con un sistema de cámaras que controlan el brazo y la mano sosteniendo una pluma. El niño moja la pluma en un tintero y sacude el exceso de tinta antes de ponerlo en el papel. La razón por la cual el escritor es el más complejo de todos es que puede escribir cualquier texto por encargo de hasta 40 letras. Estas cartas son programadas a través de una rueda, donde se puede introducir una por una, con 40 levas separadas controlando cada letra. Sus ojos se mueven también conforme se mueve su pluma mientras trabaja.

Los autómatas están en exhibición en el Musée d'Art et d'Histoire de Neuchâtel, Suiza. También puedes ver más robots del Siglo XVIII aquí.