Es fácil hacer que tu cerebro piense estar en el cuerpo de otro

Tras alterar el sentido de ubicación del cerebro, científicos suecos determinan cómo hacer que las personas piensen que están en el cuerpo de otro.

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Las personas en esta máquina de resonancia magnética (MRI) sintieron como si fueran aquellas acostadas fuera de la máquina, viendo de lejos sus respectivos cuerpos. Arvid Guterstam

Algunos científicos simplemente no pueden dejar de amenazar a la gente con cuchillos y martillos de goma. Pero no es por sadismo (esperamos). El miedo puede ser un indicador claro de quién eres o, mejor dicho, dónde crees que estás.

Un equipo de investigadores del Instituto Karolinska en Suecia ha estado investigando cómo nuestros cerebros nos orientan en el espacio y nos ayudan a navegar por el mundo, con implicaciones fascinantes para cuestiones de identidad y empatía. Primero dieron a los participantes la ilusión de habitar un cuerpo invisible de modo que la gente tuviera una sensación física real cuando se tocaba en un espacio vacío y respondían con miedo cuando ese espacio vacío era amenazado. Ahora, en un estudio publicado esta semana en la publicación especializada Current Biology, los investigadores se han dado a la tarea de cambiar los cuerpos.

Para crear la ilusión de habitar el cuerpo de otra persona, los investigadores hicieron que los sujetos de prueba se acostaran en una máquina de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) funcional, llevando puesta una pantalla montada en la cabeza que mostraba la perspectiva de una persona acostada en una mesa en otra parte de la habitación, desde la cual esa persona podía ver al sujeto de prueba. Sería como mirar una pantalla de TV muy de cerca con alguien sentado en una silla en tu sala de estar viéndote a ti acostado en el sofá. La máquina de resonancia magnética monitorizaba la actividad cerebral de los sujetos.

Para evocar la sensación de que la persona dentro de la máquina estaba en el cuerpo de la otra persona, los científicos entonces tocaron los dos cuerpos al mismo tiempo, en los mismos lugares exactos.

"En cuestión de segundos, el cerebro fusiona la sensación del tacto y de la información visual desde la nueva perspectiva, lo que resulta en la ilusión de poseer el cuerpo del desconocido y estar situado en la posición de ese cuerpo en la sala, fuera del cuerpo físico del participante," dijo el científico Arvid Guterstam, autor principal del artículo, en un comunicado.

En otras palabras, cuando se tocaron ambos cuerpos, la persona en la máquina de resonancia magnética sentía que él estaba en el cuerpo que él podía ver siendo tocado y que era el que se encontraba fuera de la máquina (no de él).

A fin de probar la ilusión, los investigadores hicieron lo mismo que hicieron en el experimento de la invisibilidad -- amenazaron al cuerpo de afuera de la máquina con un cuchillo.

La amenaza con cuchillo condujo a un aumento de la sudoración y a una mayor actividad neuronal en los centros del cerebro relacionados con el miedo durante los períodos en que se experimentó la ilusión en comparación a cuando se rompió, "eso sugiere que el cerebro interpreta el cuerpo del extraño como propio", dicen los investigadores en los comentarios sobre un video de YouTube que muestra una simulación del experimento.

Cuando luego pretendieron atacar a la persona en la máquina con un martillo de goma, los resultados mostraron una reacción más tranquila, lo que llevó a los investigadores a concluir que el sujeto tuvo la sensación de que el ataque le estaba sucediendo a otra persona en la habitación, aunque era, de hecho, algo que le estaba ocurriendo a él.

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Cuando los cuerpos fuera de la máquina se movían hacia una posición distinta en la habitación, podían ver las sensaciones del otro cuerpo al monitorizar el cerebro en una máquina de resonancia magnética funcional. Malin Björnsdotter/Arvid Guterstam

¿Por qué ocurre esto? Si bien el proceso por el cual nuestros cerebros actúan como sistemas GPS superavanzados todavía no se comprende del todo, en 2014 un grupo distinto de investigadores recibió el Premio Nobel por descubrir el rol que juegan ciertas neuronas conocidas como "las neuronas de lugar" (place cells, en inglés) a la hora de guiarnos (PDF).

Guterstam y su equipo fueron capaces de dar a sus sujetos de prueba la ilusión de estar situados en varios lugares diferentes en una habitación, y utilizaron la resonancia magnética para ver cómo diferentes áreas del cerebro se iluminaban según la ubicación en donde se hallaba el otro cuerpo. El equipo descubrió que ciertas secciones del cerebro -- incluyendo el hipocampo, donde habitan las neuronas de lugar -- eran responsables del sentido de autoubicación, mientras que las otras secciones controlaban el sentido de propiedad del cuerpo. Se encontró que la interacción entre las áreas era manipulada por una parte del cerebro conocida como la corteza cingulada posterior.

"Este hallazgo es particularmente interesante porque indica que las células de lugar no sólo están involucradas en la navegación y la codificación de la memoria, sino que también son importantes para la generación de la experiencia consciente del propio cuerpo en el espacio", dijo el investigador principal Henrik Ehrsson, profesor en el Departamento del Instituto Karolinska de Neurociencia.

También es importante porque, ahem, podría conducir al juego más divertido del mundo, ¿no lo creen?

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