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Los Dreamers en STEM: ¿Qué tanto los necesita EE.UU.?

[Segunda de dos partes] Ante las inciertas medidas migratorias del gobierno de Trump, no está claro qué pasará con los llamados Dreamers. Pero muchos de ellos trabajan o estudian áreas STEM, disciplinas que son clave para el desarrollo a futuro de EE.UU.

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Protestas a favor de DACA en febrero de 2017 en la ciudad de Portland.

Icon Sportswire /Getty Images

Felipe Salazar llegó a Miami con su familia huyendo de la violencia en Colombia cuando tenía 10 años. Dieciséis años después, trabaja como ingeniero para Doppler Labs, una startup en San Francisco que desarrolla audífonos inteligentes. Tiene un permiso de trabajo, pero todavía es indocumentado.

Es "estresante", dice, pero "así ha sido los últimos 15 años". Su caso es algo particular, porque confía en poder lograr la residencia permanente a través de miembros de su familia, lo que no evita que se haya planteado los peores escenarios posibles. "Idealmente debería ser capaz de mantener mi permiso hasta obtener la green card, pero estos días ya no sabemos".

La Consideración de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, según sus siglas en inglés) es una iniciativa puesta en marcha en 2012 por el expresidente Barack Obama por la que algunos inmigrantes indocumentados han podido recibir permisos de trabajo y verse a salvo de la deportación. Este programa protege en cierta manera a estas personas, pero no legaliza su situación completamente. Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, estos jóvenes se preguntan qué va a pasar con su futuro.

Entre los afectados hay muchos estudiantes y trabajadores en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, conocidas como STEM por sus siglas en inglés.

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Felipe Salazar, un Dreamer que trabaja como ingeniero para Doppler Labs.

Cortesía de Felipe Salazar

Según un informe del Instituto de Inmigración, Globalización y Educación de la Universidad de California en Los Ángeles de 2015, basado en las respuestas de 909 jóvenes indocumentados, el 85 por ciento de los estudiantes con DACA respondieron que el programa había tenido un impacto positivo en su educación. Los beneficiarios reportaron mayores cifras de trabajo, recepción de becas y participación en programas de prácticas, aunque la naturaleza provisional de la medida, los problemas de acceso a ayudas económicas para estudiar y el miedo a la detención de familiares y amigos indocumentados siguen apareciendo entre las limitaciones.

Según este mismo informe, casi un tercio de los participantes estudiaban STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés). Aunque el término engloba disciplinas muy diferentes con distintas particularidades, la industria lleva años alertando de la falta de trabajadores preparados en estos campos. En 2012, el Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología de la oficina del presidente Obama apuntaba que en una década el país necesitaría un millón más de profesionales de ciencia y tecnología de los que podía esperar tener.

"Desde cualquier punto de vista, el programa DACA ha sido un gran éxito para toda la economía americana, incluyendo Silicon Valley. DACA ha permitido que los Dreamers trabajen en cualquier industria y en casi cualquier gran compañía en Estados Unidos", dijo a través de un correo electrónico Todd Schulte, presidente de la organización FWD.us. FWD.us es una entidad respaldada por líderes de la industria de la tecnología que defiende una reforma migratoria -- no sólo para los inmigrantes indocumentados, sino también, por ejemplo, para los portadores de visas H1B -- y la idea de que políticas favorables a la inmigración y la legalización de los inmigrantes indocumentados supondrían la creación de empleo y la mejora de la economía.

Los críticos de FWD.us acusan a la organización de querer conseguir mano de obra barata para la industria, aunque su postura respecto a DACA es compartida por otros grupos de distinta ideología. Tanto la organización liberal Center for American Progress como el centro de investigación libertario Cato Institute citan distintos estudios para llegar a conclusiones similares: DACA ha permitido que los beneficiarios accedan a mejores puestos de trabajo y aumenten sus ingresos, lo que supone una mayor recaudación de impuestos y una mayor participación de estas personas en la economía. Por otra parte, los proyectos de ley conocidos como Bridge Act y RAC Act, que buscan proteger a estos jóvenes indocumentados, han contado con el apoyo de algunos representantes demócratas y algunos republicanos.


La doctora Yuriana Aguilar, investigadora cardiovascular, o Felipe Salazar, que antes de Doppler Labs pasó por Microsoft, son sólo dos ejemplos de jóvenes indocumentados en la industria que dependen de sus permisos de trabajo para continuar sus carreras.

"[El presidente Trump] está mandando mensajes contradictorios, así que no sé qué esperar. Tengo mucha ansiedad y muchos '¿y si? ¿Y si pasa esto? ¿Y si lo quitan?'. Ya tienen mi información", así se expresa Aguilar, quien llegó EE.UU. desde México cuando tenía 5 años y ahora desarrolla su investigación en Chicago, tras lograr su doctorado en la Universidad de California Merced.

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Yuriana Aguilar, Dreamer e investigadora cardiovascular.

Cortesía de Yuriana Aguilar

Incluso sin el fantasma de la deportación, la diferencia entre tener o no tener DACA se extiende a todos los aspectos de la vida diaria de los beneficiarios.

Felipe Salazar pudo pagar por sus estudios en el Instituto de Tecnología de Georgia, la reputada universidad conocida como Georgia Tech, gracias a los ahorros de sus abuelos en Colombia. Se trata de una institución pública, pero él tenía que pagar como estudiante internacional y no podía acceder a las ayudas financieras disponibles para los estadounidenses.

Lee la primera parte:

Los Dreamers en la era de Donald Trump

Ahora es él quien ayuda a su hermana económicamente a pagar por sus estudios, algo que no podría hacer sin su permiso de trabajo.

Este es un problema frecuente entre estos jóvenes. Las normas referentes a la matriculación y las tasas que hay que pagar varían según los centros educativos, que cuentan con diferentes políticas. Algunos estados han aprobado leyes que permiten a estos estudiantes pagar lo mismo que sus compañeros estadounidenses residentes en las universidades públicas, y existen becas a las que los Dreamers pueden acceder.

Sarahi Espinoza Salamanca, que también fue indocumentada hasta que logró legalizar su situación al casarse con su esposo, está detrás de DREAMer's Roadmap, un sitio Web y aplicación que recopila oportunidades académicas. Espinoza fue la ganadora del Voto Latino Innovators Challenge, una competencia que cuenta con el apoyo de la MacArthur Foundation y Google, entre otros socios. La beca de Great Minds in STEM, por ejemplo, apoya específicamente a hispanos interesados en ciencia y tecnología. Pero la situación a la hora de acceder a la universidad cambia de estado a estado, de centro a centro, y en algunos casos, simplemente, el personal de los centros educativos no está seguro de cómo hacer frente a estas solicitudes. Si el estatus migratorio del estudiante es precario, simplemente pedir información puede ser un reto.

"Fue una situación muy estresante, porque entonces casi ni oías si era siquiera legal que los estudiantes indocumentados fueran a la universidad", recuerda Salazar. "Tuve que llamar a mucha gente".

El problema se extiende más allá de los estudios. Salazar recuerda el tiempo en el que estudiaba ingeniería y no podía hacer las entrevistas y prácticas en la industria de la tecnología a los que sus compañeros sí tenían acceso.

Consulta: Cómo tramitar o renovar tu DACA y permiso de trabajo

En cuanto logró su permiso de trabajo, recibió una oferta de Microsoft. "En 2013 me trasladé al Área de la Bahía [norte de California] y por fin pude poner mis habilidades en práctica y tener un salario estable", explica. "Y finalmente pude conducir e ir al aeropuerto. Porque todo el tiempo que estuve estudiando, mi papá me llevaba en carro de Atlanta a Miami [unas 10 horas de viaje] porque no queríamos ir al aeropuerto y que nos pidieran la documentación".

En el caso de Aguilar, su doctorado no habría sido posible sin el permiso de trabajo que le proporcionó DACA. En Estados Unidos, es habitual que los estudiantes de doctorado no sólo financien el costo de estos estudios, sino que reciban una compensación por el trabajo que desempeñan mientras se forman. Pero, al no poder trabajar, Aguilar iba a tener que cubrir todos los gastos. "Somos cinco hermanos, y un par de ellos se estaban preparando para entrar en la universidad también, y yo sabía que teniendo ya un título iba a ser muy egoísta y poner a mis papás en una situación difícil". Como alternativa, continuó trabajando de manera voluntaria en UC Merced, hasta que la llegada de DACA le permitió continuar sus estudios. "Por primera vez supe lo que era sentirse legal como el resto de la gente", ríe.

Irónicamente, algunos de estos jóvenes se plantean la posibilidad de trasladarse a otros países si DACA termina.

"Yo soy muy afortunada porque tengo muchas opciones para trabajar, y en otros países", dice la doctora Aguilar. "Pero la verdad es que quiero quedarme aquí. Este es el país que conozco, es el país en el que he crecido y este es en el que quiero ser una profesional".


Primera parte: Los Dreamers en la era de Donald Trump

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