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Televisión y cine

The Inventor echa luz a ejecutiva que embaucó a Bill Clinton y el caso Theranos

[Reseña] Elizabeth Holmes creó su empresa Theranos con mentiras, pero el fraude revela problemas aún mayores. El documental se estrena el 18 de marzo en HBO.

Sundance

Se vestía como Steve Jobs y hablaba como si fuera a salvar al mundo. No es de extrañar que los hombres ricos cayeran rendidos a sus pies y los inversionistas estuvieran ansiosos por entregarle su dinero. Pero había un solo problema con Theranos, la empresa de Elizabeth Holmes: todo era mentira.

El nuevo documental de HBO, The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley, examina el auge y caída de Theranos, una startup de servicios de salud que prometía una milagrosa prueba de sangre y que resultó en un fraude de varios miles de millones de dólares. A primera vista, esta cinta podría parecer parte de la reciente serie de documentales del Fyre Festival que nos alentaban a burlarnos de los ricos y sus escandalosos errores. Pero The Inventor, que se estrenó en el festival de cine de Sundance en enero y se transmitirá por HBO el 18 de marzo, explora por qué esta extraña historia de la vida real es más que un caso de schadenfreude (alegría por la desgracia ajena) en Silicon Valley.

The Inventor fue dirigida por el documentalista ganador del Oscar Alex Gibney (enlace en inglés), quien anteriormente, con The Smartest Guys in the Room, Taxi to the Dark Side y Going Clear (enlaces en inglés), abordó temas como Enron, Wikileaks y la Iglesia de la Cienciología. Sus documentales a menudo tratan sobre la vinculación entre las influencias y los abusos de poder alimentados por enormes cantidades de dinero. A primera vista, la historia de una empresaria joven e inexperta puede parecer un contraste, pero el documental revela cómo Theranos y Silicon Valley están construidos sobre cimientos de poder, dinero y privilegios arraigados, aunque ellos digan lo contrario.

Elizabeth Holmes en los laboratorios de Theranos, la empresa que fundó con un oscuro secreto.

Sundance

Elizabeth Holmes abandonó sus estudios en la Universidad de Stanford para fundar Theranos, inspirada por el deseo de ayudar a personas como uno de sus tíos que sufría de cáncer. Combinando las palabras "terapia" (therapy) y "diagnóstico" (diagnosis), creó la empresa con la intención de revolucionar la flebotomía, reemplazando exhaustivos y costosos análisis de sangre con una máquina que podía detectar enfermedades a partir de una sola gota de sangre. Y no dejó que la detuvieran nimiedades como el hecho de que lo que proponía era imposible.

Holmes y su socio de negocios Sunny Balwani continuaban haciendo afirmaciones grandilocuentes —e incluso llegaron al punto de hacer demostraciones falsas ante sus inversionistas—, aun cuando su propio personal e ingenieros les repetían que su visión no se podía llevar a cabo. Para ellos no era una mentira, sino simplemente que la tecnología tenía que ponerse al día con su sueño. Reinventaron una mentira como una visión.

El documental destaca cómo esa visión engañó a inversionistas destacados, periodistas y entusiastas, y señala la importancia de las historias, incluso en el frío mundo de los negocios. "Las historias tienen emociones", explica el economista del comportamiento Dan Ariely (enlace en inglés), "y los datos no".

La historia de una joven decidida a hacer el bien y con las habilidades tecnológicas para lograrlo era demasiado perfecta para resistirse a ella. De Larry Ellison a Rupert Murdoch, y de Henry Kissinger a Bill Clinton, una multitud de hombres maduros y ricos cayeron en el engaño y se enamoraron del proyecto. Y, en apariencia, también de Holmes.

El respaldo de estas figuras poderosas, incluida Betsy DeVos, dio legitimidad a Theranos. Estos titanes de la industria y el Gobierno querían ser parte de la historia. Esto protegió a Holmes y Balwani del escrutinio de la prensa y los organismos reguladores, pero no pasaría mucho para que su suerte se terminara y la verdad saliera a la luz.

El expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, fue una de las muchas personas ricas y poderosas que respaldaron a Elizabeth Holmes y Theranos.

JP Yim/Getty Images

Por una parte, la historia de Theranos es como una deliciosa parábola. ¿A quién no le gusta ver cómo los mentirosos y arrogantes reciben su merecido, o cómo millonarios tontos pierden su dinero a la vista de todos? Pero la historia tiene más aristas que simplemente meterse con los hombres ricos y los idiotas de Silicon Valley. El científico principal de la empresa, Ian Gibbons, se quitó la vida como resultado de las mentiras dentro de Theranos. Y la empresa puso en riesgo a personas reales cuando decidió sacar el producto al mercado demasiado pronto.

El caso de Theranos revela la existencia de peligrosas grietas en la base de los negocios modernos, en especial en el sector tecnológico. Muy apropiadamente, el dispositivo de pruebas "todo en uno" de Theranos se llamaba Edison. El documental cita a Edison como el primer hombre de negocios famoso, un genio del marketing tanto como de la tecnología. Edison sabía cómo contar una buena historia, en la que él era el personaje principal, y también prometía más de lo que podía cumplir. Durante cuatro años, hizo demostraciones falsas de la bombilla eléctrica, simulando que la tecnología funcionaba mucho antes de que su equipo de ingenieros descubriera cómo hacerlo realmente.

Al invocar el nombre de uno de los innovadores estadounidenses más venerados, The Inventor traza una línea que va desde la era industrial hasta la actual cultura de empresas startup de Silicon Valley, que se basa en la narración de historias y en la percepción tanto como en la innovación. Junto a los miles de patentes que llevan su nombre, Edison inventó la idea de "fingir hasta lograrlo". Un siglo después, Elizabeth Holmes refinó dicha invención.

El enfoque de Silicon Valley de hacer las cosas con rapidez es una cosa cuando se está creando una aplicación de emojis, pero es algo muy distinto cuando se trata de automóviles sin conductor, medicamentos y atención médica, donde están en juego vidas reales. En esos casos de alto riesgo, son primordiales la diligencia, la seguridad y la responsabilidad. Es decir, cosas que no necesariamente son prioritarias para las empresas startup que están tratando de crecer.

Cuando se trata de poner automóviles sin conductor en carreteras públicas o decir a las personas si tienen cáncer, el conocido adagio de Silicon Valley de "moverse rápido y romper cosas" no parece ser un buen consejo.

"Nadie pone en duda que sus motivaciones sean positivas", dice Dan Ariely sobre Holmes, y describe la situación de Theranos como una "historia de cómo las personas quedan atrapadas". Pero, al margen de cuáles hayan sido sus intenciones, los efectos del fraude no se sienten solo en Silicon Valley.

The Inventor es una advertencia sobre cómo vemos a los llamados visionarios que nos prometen el oro y el moro, desde empresarios hasta políticos. Puede que Silicon Valley se vea a sí mismo como el corazón de nuestra cultura, pero también está bombeando sangre a través de venas y arterias que se extienden por todo el mundo, y no es muy bueno para diagnosticar sus propios problemas.

Al tomar una dosis de The Inventor, se obtiene la satisfacción instantánea de ver a tipos ricos quedar como estúpidos. Pero son los efectos secundarios los que deberían preocuparnos.   

The Inventor se estrena en HBO el 18 de marzo en Estados Unidos y el 19 de marzo España. 

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