'Doctor Strange' rinde honor a la exuberancia de los cómics

[Reseña sin 'spoilers'] Benedict Cumberbatch es perfecto como el hechicero supremo de Marvel en una película que recrea, con asombrosos efectos visuales y sumo detalle, el mundo de las historietas.

Benedict Cumberbatch como el hechicero supremo en 'Doctor Strange'

Jay Maidment/Marvel Studios

Cuesta comparar a Doctor Strange con otras películas basadas en superhéroes de Marvel, pues es la primera que recrea con total éxito en pantalla la desmesura colorida de las historietas.

Ojo, no es que sea la primera película que lo intenta. Hay varios ejemplos notables: Dick Tracy (1990) -- con la dirección de fotografía de Vittorio Storaro -- pintó de tonos irreales los escenarios para reproducir los colores típicos de un cómic.

Luego vino Hulk (2003), dirigida por Ang Lee, que se propuso reproducir la estructura de paneles de una historieta, con sus transiciones de escenas y silueteado de personajes con líneas negras, como un dibujo.

Y, si bien se basó en una serie animada y no en un manga, Speed Racer (2008) empleó encuadres en los que todos los elementos en pantalla estaban siempre bien enfocados, como en un dibujo.

Doctor Strange -- dirigida con notable habilidad visual por Scott Derrickson -- es una película con dos intenciones: por un lado, es una historia de origen, que cuenta cómo el egocéntrico neurocirujano Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) se convierte en el hechicero Doctor Strange.

Pero también es el primer filme de Marvel que intenta reproducir el estilo visual de un artista de historietas. En esta caso, Steve Ditko, quien creó y dibujó al personaje cuando fue introducido en el cómic Strange Tales #110 en julio de 1963.

Ditko concibió al personaje -- un hechicero que emplea poderes místicos y magia para abrir portales a otras dimensiones y vencer amenazas de otros planos astrales -- como una respuesta a la era de la psicodelia, que entonces empezaba a copar el interés de los jóvenes.

Los dibujos de Ditko son delirios de formas y colores, como un sueño producido por sustancias alucinógenas o las ilustraciones de los carteles de las bandas de rock que daban conciertos en Haight Ashbury, en la ciudad de San Francisco, en los años 60.

Esta misma exuberancia visual es la que domina las escenas de acción de Doctor Strange, el filme, con edificios que se pliegan sobre sí mismos, personajes que corren por techos y paredes, y paisajes que terminan pareciendo laberintos geométricos, como en un grabado del artista neerlandés M.C. Escher.

En Doctor Strange, la forma -- la propuesta visual -- es el fondo y constituye el gancho para ver la película.

Su trama, al ser una historia de origen, es más convencional y menos inspirada en comparación; quizás bajo la premisa de no confundir de más a los espectadores.

Al fin y al cabo, Doctor Strange no es un personaje tan popular como pudiera serlo Spider-Man o Iron Man. Y todo el tema de la magia y los saltos entre dimensiones paralelas exige ciertos diálogos que exponen las reglas en las operan estos personajes de Marvel.

De allí que los guionistas Jon Spaihts y C. Robert Cargill -- junto con el director y co-guionista Derrickson -- hayan introducido ciertas dosis de humor, que resultan bienvenidas.

Otra fortaleza de Doctor Strange es su protagonista Benedict Cumberbatch, quien posee las dosis exactas de fría inteligencia, carisma y regia presencia para encarnar al Hechicero Supremo de Marvel.

Sin suscitar la euforia de la Iron Man original (2008) o Captain America: Civil War (2016), Doctor Strange es un filme que cumple su cometido, que no es otro que el de introducir la magia en la llamada Fase 3 del Universo Cinematográfico Marvel.

Doctor Strange se estrena el 4 de noviembre en Estados Unidos.


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