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Cultura tecnológica

Una complicada relación con el cerrojo inteligente August

[Usuario promedio] Cómo el cerrojo inteligente August de la autora va a acabar haciendo que se quede encerrada fuera de casa...

'Usuario promedio' es una columna en primera persona sobre los hábitos de una adicta a la tecnología que quiere exponer sus problemas con la modernidad. Ésta es la primera entrega.


El primer ataque de ira que recuerdo haber tenido lo causó una impresora HP hace algunos años. La desalmada se negó a imprimir. No era la primera vez que lo hacía. Cuando conseguí calmarme y que volviera a funcionar, me vengué de ella colocándole un cartel que decía: "I'm a bitch. I printed this myself" (Soy una perra. He imprimido esto yo misma). Aunque el toque de gracia de verdad se lo di retirándola y comprando una impresora del siglo XXI. Una Brother que funciona inalámbricamente. Está asociada a mi red Wi-Fi y he tenido que instalarla una sola vez a pesar de haberme mudado varias veces en los últimos años. Nunca me ha fallado.

Debes pensar que soy una anticuada por tener todavía una impresora. Lo que soy es una miembro orgullosa de la Generación X que prefiere imprimir ciertas cosas. También me considero una usuaria tecnológica exigente. No soy una early adopter, pero voy inmediatamente detrás de ellos. Aunque, a veces, esperar mucho de la tecnología tiene sus inconvenientes.

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Mi cerrojo August manifestando que la puerta está cerrada.

Patricia Puentes/CNET

Por ejemplo, un día me voy a quedar encerrada fuera de casa. ¿Por qué? Por moderna. Hace unos meses instalamos en casa un cerrojo inteligente August. Es muy práctico. Si alguien tiene que venir y no hay nadie en casa, podemos abrir remotamente. Nuestra cámara Dropcam además nos permite ver si la persona ha podido entrar sin problemas. Y nos deja espiar cuándo se va. Gran Hermano a la enésima potencia.

El cerrojo me gusta especialmente para salir a correr. No tener que cargar con las llaves y poder abrir y cerrar la puerta con el teléfono es muy cómodo. Eso hasta el día que todo deja de funcionar perfectamente. Después de varios meses descubrí que es bueno calibrar el August de vez en cuando. Con el uso la parte mecánica del cierre se desajusta un poco, y la posición a la que tenía que rotar el cabezal del August hace unos meses para garantizar que la puerta estuviera abierta cambia con el tiempo. Algo que me acabó obligando, ¡horror!, a tener que usar una llave física para poder entrar en casa. Menos mal que ese día la llevaba encima.

Luego está el tema de la batería. August me envía notificaciones por correo electrónico cuando las cuatro pilas AA que necesita para funcionar están al 20 por ciento de su capacidad. No tengo muy claro cómo calculan ese porcentaje, pero yo he cambiado las pilas diligentemente sólo recibir el mensaje. Como me siento mal tirando unas pilas no del todo gastadas, pero no me quiero arriesgar a que se acaben en el peor de los momentos, he comprado unas Eneloop recargables dedicadas a mi cerrojo inteligente.

El August está programado para que, si la puerta está cerrada pero el cerrojo abierto, tras dos minutos éste gire y se cierre automáticamente asegurando así la puerta. Algo muy práctico. Hasta el día que me quede encerrada fuera de casa con el teléfono dentro, no tenga forma de abrir la puerta y encima no pueda llamar a mi compañero para avisar de mi accidente.

Y es que estar tan enganchado a la tecnología a veces tiene sus inconvenientes...