Carlos Domínguez: Creando magia para dar vida a los juguetes inteligentes

[Latinos en tech 2016] La pasión por las interfaces inteligentes de este ingeniero electrónico en Hasbro, nació en Caracas, con una Apple II Plus.

Poco tiempo después del lanzamiento de la Apple II Plus a principios de los años 80, la abuela de Carlos Domínguez llamó a uno de sus hijos, quien viajaba constantemente desde Caracas, Venezuela, a Miami por cuestiones de negocios, y le encargó que, durante su próxima visita a Florida, le comprara uno de esos nuevos y enigmáticos aparatejos.

"Mi abuela se dio cuenta de que la computadora personal era el futuro, y decidió que sus nietos tenían que aprender a usarla", cuenta Domínguez vía telefónica desde Providence, Rhode Island, donde trabaja como director de desarrollo técnico de juego integrado y videojuegos móviles para Hasbro, la gigante de juguetes detrás de marcas como Play-Doh, Twister o Scrabble. "Mi hermano y yo éramos los nietos mayores; juntos aprendimos a usarla".

Poco después, Domínguez se enfrentó a una experiencia que tendría profundas repercusiones en su carrera profesional: jugó por primera vez con el que sigue siendo su videojuego favorito: la versión original de Prince of Persia.

Carlos Domínguez es el director de desarrollo técnico de juego integrado y videojuegos móviles de Hasbro.

Cortesía de Hasbro Inc.

"El personaje (principal), cuando corría de un lado al otro, parecía como que tenía que agarrar vuelo para cambiar de dirección; era la primera vez que veía eso", dice. "Me hacía sentir que el juego era real, a diferencia de otros juegos, que estaban bien, pero cuyos movimientos eran muy robotizados".

Décadas más tarde, el grupo que comanda este caraqueño amante del fútbol y el béisbol, se encarga de desarrollar juegos y juguetes que reproducen, precisamente, esa sensación. Además de ser responsable de la producción de aplicaciones y juegos móviles, su trabajo consiste en asegurarse de que Hasbro, ya sea mediante la aplicación innovadora de viejas tecnologías, o de nuevas tecnologías, desarrolle "experiencias maravillosas asegurándonos de que la tecnología se sienta como magia para los usuarios".


Para muestra, un botón... peludo y parlanchín: Furby Connect, la más reciente versión de este juguete que nació en los noventas y que apareció este verano. Esta pequeña bestia inteligente ronronea cuando le haces mimos, se ríe si la agitas, baila y conversa con otro Furby si los colocas frente a frente, va al baño (virtualmente) si la acercas a la pantalla de una tableta, y se enfurruña si ya no tiene hambre e insistes en seguir alimentándola.

Por lo que toca a la parte técnica Furby Connect se conecta vía Bluetooth a un app disponible para iOS, Amazon Fire y Android y, según los expertos de CNET, tiene "el potencial de obtener marcadores de partidos y noticias". Para Domínguez, sin embargo, todo eso es irrelevante. Lo importante es que el consumidor sienta que está jugando con un ser con vida propia (y si lo dudas, mira este video).

"La tecnología tiene que estar en el fondo, dotando de alma y chispa a los juguetes," dice Domínguez. "La belleza del reto que enfrento en mi trabajo es cómo crear y usar tecnología de forma innovadora, de manera que no puedas verla, que no puedas determinar cómo funciona".

De Caracas a San Diego

Nacido en Caracas en 1975, Domínguez creció en un ambiente internacional. Fue a la escuela con niños alemanes, portugueses, italianos y españoles. Su madre y su abuela hablaban francés entre ellas, mientras él aprendía a descifrar sus conversaciones. Esa habilidad le ayudó "en la universidad para entender otros lenguajes como matemáticas, física, química y biología".

Cuando estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Simón Bolívar, surgió la opción de transferir sus estudios a la Universidad de San Diego, a donde llegó en 1999. Ahí formó parte del comité de selección de un nuevo sistema digital de gestión para estudiantes, entrevistando a empresas como Oracle. Esa oportunidad se transformó en un trabajo de tiempo completo. Domínguez aprendió a desarrollar interfaces que facilitaran la interacción entre hombre y máquina y el desempeño de ciertas tareas específicas sin que la tecnología detrás fuera evidente.


Poco después, gracias a una beca, estudió videojuegos, arte y diseño en el Art Institute de California en San Diego. "Comencé a explotar la parte artística, pese a que siempre había explotado mi parte más técnica", dice Domínguez sobre esa experiencia.

Cuando estaba a la mitad de esos estudios, asistió a una reunión de desarrolladores de juegos en la sede de High Moon Studios. "Conocí a varias personas maravillosas (de esa productora). Les pareció interesante tener a alguien con mis conocimientos y mi pasión, así que fui a mi carro por un currículum - siempre llevo uno conmigo - y se los di. Me entrevistaron y dos meses después me contrataron como artista técnico".

Más Optimus Prime que Megatron

Tras su paso por High Moon Studios, en donde trabajó desarrollando títulos triple AAA de sagas como Transformers, y de una breve temporada en 38 Studios, en Rhode Island, Domínguez desembarcó en Hasbro hace cuatro años para comandar la división que dirige ahora y que está a cargo de desarrollar experiencias interactivas para líneas como Transformers, My Little Pony, Baby Alive y Furby.

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Furby Connect, el proyecto que le ha dado más satisfacciones en su carrera, "es un juguete revolucionario. Nuestra audiencia juega de manera física y digital; no distingue entre un juguete tangible y un app. Furby... personifica ese nuevo espacio de integración perfecta de juguetes tangibles que son dinámicos y tienen razonamiento".

Domínguez es un optimista irredento - "como fanático de Transformers, diría que soy un Optimus Prime más que un Megatron" - quien disfruta enormemente de su trabajo, pero también pasa su tiempo libre desconectado de la tecnología. No es asiduo a las redes sociales; tiene dos hijos, de cuatro y seis años de edad con quienes lo mismo juega juegos de mesa que videojuegos.

"Una camiseta que tenía un compañero mío de trabajo decía: 'madurar es obligatorio; hacerse viejo es opcional'", dice Domínguez. "Yo creo en eso. Seguiré creciendo, espero volverme más sabio, pero siempre seré como un niño con todo lo que hago".

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