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Celulares

¡Cheese! las cámaras de celulares se acercan a las DSLRs, pero aún falta

Este año vimos mejoras notables en lentes, sensores y aplicaciones de fotografía de los teléfonos, aunque todavía no como para estar a la par de las cámaras profesionales.

Josh Miller/CNET

Cuando un deseo se nos concede, más motivación sentimos para pedir más.

Esto es lo que nos sucede con las cámaras de los celulares: mientras más nos ofrecen, más queremos. Este año, Apple, Google, Samsung, LG y Huawei nos ofrecieron dispositivos con cámaras muy superiores, que logran imágenes y videos que solían ser exclusivos de las cámaras profesionales, como las réflex digitales con lente único (DSLR, por sus siglas en inglés).

Algunos de estos "préstamos" son los efectos retrato con fondos borrosos, los videos más estables y las fotos con poca luz, junto con muchas alternativas para manipular los ajustes manuales de los teléfonos y mejorar aún más las fotos. 

Lo que estos intentos demuestran es un interés creciente, tanto de las empresas como de los consumidores, en que los celulares estén dotados con cámaras más potentes, capaces de generar efectos artísticos, capturas más fieles y con una profundidad de campo, definición de colores y contrastes que hace no tanto parecían impensables para un teléfono.

En este momento, todas las posibilidades podrían estar al alcance de la mano y, de hecho, hay indicios de que continuarán los avances en este terreno. Y para aquellos que valoran la simplicidad y comodidad de tener una cámara siempre consigo en su bolso, algunos celulares nos sacan de apuros, con buenos resultados. El público más exigente, esos que aún andan con su trípode, múltiples lentes y accesorios con iluminación extra, serán más difíciles de convencer.

En este artículo, reflexionaremos sobre lo que les falta a las cámaras de celulares para convertirse en artefactos de captura de imagen y video a la par de los aparatos profesionales.

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El tamaño importa: por qué necesitamos sensores más grandes

Una de las falacias más extendidas es que la cantidad de megapixeles es un factor indispensable para la calidad de una cámara. El razonamiento detrás de esta lógica es que mientras más pixeles, mejor definición de imagen.

Aunque el número de pixeles sí importa, son más relevantes los tipos de sensores y sus tamaños a la hora de determinar la fidelidad de una foto. De hecho, hemos probado la cámara de 12 megapixeles de Google Pixel 2 y gracias a sus capacidades especiales, como su captura veloz y su software de optimización de imagen, se desempeña mucho mejor que la cámara de 16 megapixeles del LG V30. Y los sensores más sofisticados de una cámara profesional es el motivo por el que una DSLR de 12 megapixeles toma mejores fotos que una cámara de celular de más megapixeles.

Más allá del número, lo que más interesa es el tamaño de los pixeles, lo cual depende de los sensores, esos registros que se esconden detrás de los lentes para traducir la luz y transformarla en una imagen que queda grabada en el dispositivo.

Mientras más grandes son los sensores (y, por ende, los megapixeles), captan más luz, aumentando así el rango dinámico de una foto (el contraste entre las zonas más brillantes y más oscuras de una composición).

En este escenario, el problema de las cámaras de celulares (y su principal beneficio práctico en la vida cotidiana) es su tamaño. Por un lado, el hecho de que sean tan pequeñas las hace ocupar poco espacio dentro de un celular minúsculo que es sencillo de transportar. Por otra parte, es esta misma característica la que impide a estas mini-cámaras logros más imponentes.

¿Es el tamaño pequeño de las cámaras de celulares una encrucijada sin solución?

Los sensores/lentes/pixeles pequeños son un problema, sobre todo en una industria que se orienta a hacer cada vez celulares más compactos, y más livianos.

Algunas empresas parecen pensar que el camino no es construir dispositivos más grandes que alojen componentes de mayor tamaño, sino integrar en ellos accesorios adicionales que les permitan adquirir destrezas que por si solos carecen.

Es lo que intentó Motorola con el Hasselblad True Zoom, un accesorio de US$250 que se añade al Moto Z, Moto Z Force y Moto Z Play. Este módulo de la colección Moto Mods cuenta con un lente de mayor tamaño que los típicos de celulares. Además de hospedar un sensor más grande en su interior, consigue pixeles más grandes, que permiten una mayor entrada de luz. De todos modos, este añadido se queda corto: le cambia un poco la tonalidad a nuestros objetos, según nuestro análisis.

Ante el desafío de conseguir un lente de un tamaño propicio, sin sacrificar la esencia mini de una cámara de celular, han surgido propuestas creativas.

Otra opción, que no proviene de las compañías sino de fotógrafos amateurs, bloggers, youtubers y consumidores en general, es agregar componentes externos, como lentes adicionales que se pueden añadir al teléfono en el momento propicio cuando uno los necesite.

Existe una inmensa variedad de lentes de este tipo (gran angulares, telefoto, hasta microscópicos; de metal o de plástico, con distintos tipos de enganche, como imán o abrojo) y a todos los precios, incluso los hay económicos, a 10 dólares o incluso por menos precio. No es loco pensar que, tal vez, el día de la mañana sean las mismas empresas las que ofrezcan estos complementos, como ya viene haciendo Motorola con los Moto Mods.

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Si el tamaño falla, la unión hace la fuerza

Una forma alternativa de resolver el conflicto del tamaño de lente es la creencia de algunos fabricantes de que si un lente grande es imposible, habrá que probar qué sucede cuando varios más pequeñitos colaboran en conjunto.

Esta es la apuesta del teléfono L16, una iniciativa de la empresa Light, fundada por Dave Grannan (uno de los creadores del asistente inteligente Siri) y Rajiv Laroia (ex director de tecnología de LTE). La filosofía detrás de este costoso producto (US$1,300 en preventa, US$1,700 con el dispositivo terminado) es que lo que no puede una única cámara pequeña, lo pueden muchas cámaras chiquitas, con esfuerzos combinados.

Como su nombre lo indica, el L16 es un menjurje de 16 cámaras que se dividen el trabajo. Cada una de ellas se especializa en una distancia diferente para obtener gran profundidad de campo y que la imagen esté nítida desde su principio hasta su final. Al disparar, esta multi-cámara captura 10 imágenes en simultáneo, su algoritmo selecciona de forma automática las mejores y combina 5 de ellas para producir una mejor imagen.

Si este método les resulta conocido, es porque es similar al del proceso de "optimización digital" del HDR+ de la cámara Pixel de Google, que dispara 30 fotogramas por segundo y los combina automáticamente para conseguir una mejor imagen.

También es una aproximación similar de varios de celulares recientes con doble cámara: las cámaras principales del iPhone 8 Plus y del iPhone X no funcionan por separado, sino que, en ocasiones especiales, como en los retratos y las tomas con zoom, ambas colaboran para lograr una imagen más nítida. Algo parecido lo que logra el Huawei Mate 10 Pro: una de sus cámaras lee los blancos y negros, la otra los colores RGB y, juntas, componen cuadros con colores más profundos.

Será cuestión de tiempo saber si la tendencia de los doble cámara se transformará en la moda de los múltiples cámaras, o si las fabricantes optarán por aumentar el tamaño de los dispositivos. Entre ambos escenarios, es poco probable que se elija ceder grosor, más cuando los teléfonos están cada vez más ligeros.

El gran dilema: cómo mejorar las fotos de noche

Por la naturaleza pequeña de los celulares, la mayoría de éstos sólo pueden captar con nitidez el espacio más cercano y los detalles se van perdiendo a medida que observamos detalles a lo lejos. Otro motivo por el que los mini-lentes no satisfacen a los más exigentes es porque no permiten una entrada de luz significativa que haga que las fotos en la oscuridad o en interiores con mala iluminación sean lo suficientemente visibles.

En las cámaras de celulares más sofisticadas que probamos, las capturas de noche aún dejan mucho espacio para el perfeccionamiento. Aunque el iPhone X, el Samsung Galaxy Note 8 y los Pixel 2 se destacan muchísimo en este aspecto, con tonos más fuertes, colores nítidos y gran precisión, todavía les falta alcanzar la misma calidad de las imágenes tomadas a plena luz del día. Pueden mejorar su foco, la cantidad de grano visible, y la calidad general de la imagen. 

Las cámaras DSLR, además de contar con sensores más grandes, tienen lentes muy precisos. Pero, claro, una cámara "real" con un lente gran angular, telefoto y un lente estándar de 50 milímetros rondan los miles de dólares.

Una vez más, si se trata de conseguir fotos de noche, el tamaño y los sensores son esenciales. En el futuro, nos gustaría ver más experiencias sofisticadas de combinaciones de varios lentes y sensores que, junto con el software adecuado, nos brinde imágenes más complejas y ricas en contrastes.

Modo automático vs. ajustes manuales

Algunos de los equipos extra que llevan siempre consigo los fotógrafos puede "apaciguar" las debilidades de los fotógrafos de celular, sin solucionar el problema de fondo que es el de los dispositivos físicos. Por ejemplo, hoy en día existen trípodes para celulares, de varios tamaños y estilos, tan asequibles como desde 6 dólares, pero ir con utensilios extras contradice un poco a la esencia espontánea de tomar imágenes con un celular.

Tomar fotos con una DSLR es más ritual y oficio que casualidad: los fotógrafos profesionales llevan una variedad de lentes, disfrutan el acto de enfocar la vista, y siempre están equipados con un trípode y hasta con luces accesorias. Los amateurs de los celulares son una especie de personalidad diferente: disfrutan del "momento justo", en el sitio indicado, y prestan más atención a la composición de la imagen, que a las cuestiones técnicas para lograr una imagen matemáticamente perfecta.

Algunos fotógrafos recomiendan usar cámaras de celulares para no olvidar la necesidad de prestar atención a los detalles de composición de un cuadro, y en saber aprovechar los escenarios naturales, la luz que brinda el paisaje, para lograr, con los recursos creativos propios, la mejor toma posible.

La distinción aquí, además, no es solo sobre gustos sino también sobre técnicas: las cámaras de celular aún confían en un modo de uso más automático, y son pocas las que ofrecen alternativas manuales, que quienes saben de fotos saben apreciar.

Incluso teléfonos de categorías intermedias, como el Blackberry DTEK50, han incorporado modificaciones ajustables en sus cámaras frontales, para aclarar la piel o configurar la luminosidad en las selfies.

En cámaras principales, el LG V30 tiene un modo manual muy completo, que permite cambiar las proporciones de las imágenes, su calidad traducida en megapixeles, entre otros factores. Todos los teléfonos de origen asiático, como los Samsung Galaxy S8, Note 8 y Huawei cuentan con apps de cámara muy completas, con múltiples opciones de edición que, de todos modos, pueden ser aún más completas y permitir corregir contrastes de luz, profundidad, cambiar colores, etcétera.

Si las cámaras de celulares desean acercarse más al mundo de las profesionales, tendrán que agregar posibilidades manuales, para satisfacer a aquellos que desean tener más control sobre las imágenes que toman. Además, dada la tendencia a la sobre-exposición de muchas cámaras de celulares, al menos ajustar la luz es una solución apaciguante. La tendencia hoy en día se muestra en esta dirección: más opciones profesionales básicas al alcance de los celulares.

Si todo lo anterior no resulta, la clave estará en otros factores

Otras de las características de las DSLR que los celulares carecen es la precisión y velocidad de su disparador.

Con la tecnología de la estabilización de imagen óptica (oIS, por sus siglas en inglés), muchas empresas mejoraron de forma notable la nitidez de sus fotos, al emparejar los movimientos no intencionales de nuestras (humanas y falibles) manos. También se mejora esto al acelerar la velocidad de los obturadores, que han mejorado mucho este año. 

Es una combinación entre sensores más inteligentes, de mayor tamaño o en más cantidad, con un hardware que optimice las capturas veloces y un software que las procese de forma rápida y efectiva la forma en que las que las cámaras de teléfono podrían mejorar al punto de (casi) competir con las DRLR.

Otra aspecto importante que no tratamos en este artículo es el tema precio: no es sólo un problema la falta de espacio suficiente pare hospedar componentes más sensibles, sino el costo para producir estos materiales. Algo que las empresas se deben estar preguntando es si el público estaría dispuesto a pagar el extra que representa la inversión adicional en super lentes. Después de todo, si tuviéramos que gastar más de mil dólares, ¿por qué mejor no comprar una excelente cámara profesional?

Y también está la cuestión de las impresiones, ¿que tal lucen las imágenes tomadas con un celular en la "vida real"? Muchos argumentan de que en la realidad física estas reproducciones no se ven tan bien como en su existencia digital.

El desafío será, dentro de los límites de tamaño y precio de los celulares, hasta que punto podrán evolucionar las tecnologías de las cámaras de celulares para que ganemos en complejidad de la imagen, con más control de los elementos ambientales aleatorios y de su resultado final, sin perder en comodidad: para poder seguir llevando cámaras poderosas todo el tiempo, en nuestros bolsillos.

Si no será cuestión de creer en la convicción que el reconocido fotógrafo Ansel Adams solía decir: "el componente único más importante de una cámara se encuentra a doce pulgadas detrás de ella".