'Avengers: Age of Ultron': una película con ánimo adolescente

[Reseña sin 'spoilers'] La segunda entrega de la saga Avengers se estrenó mundialmente y, a pesar del enorme revuelo y expectativa, el resultado apenas logra superar el nivel básico de entretenimiento.

'Avengers: Age of Ultron', la nueva cinta de la saga de Marvel. Marvel

Imaginemos que la saga Avengers, o que el llamado Marvel Cinematic Universe (la serie de películas que hasta ahora forman este proyecto: IronMan I, II y III, Thor I y II, Captain America I y II y The Avengers) es una persona, y para entender (y quizás disfrutar) su actual etapa, hay que entender que llegó a su adolescencia. Y que hay que entrar con un ánimo y exigencias de ese tipo para lograr que la experiencia de esta película sea en algún grado satisfactoria.

Permítanme explicarles el punto. En general, en nuestra etapa de adolescentes o de temprana juventud solemos ser erráticos, buscamos llamar la atención con estridencias o rebeldías poco fundamentadas y no somos precisamente lo más exigentes respecto a lo que nos puede divertir. Además de que hacemos grandes dramas alrededor de nuestras incipientes y muchas veces idealizadas relaciones románticas.

Así se comporta Avengers: Age of Ultron, segunda parte de la saga de los Vengadores. Por una parte (sin echarles a perder las 'sorpresas' o la trama), la película trata de hacer muchas cosas y se pierde en estas intenciones. Lo primero: la trama de la cinta engancha poco a comparación de la de su predecesora y evidencia que es un mero puente hacia su tercer y final acto (que estará dividida en dos películas, como ya se hizo moda en Hollywood).

Por sí misma, el filme no logra mantener una historia atractiva sobre el nuevo peligro que corre la humanidad y se distrae en seguir haciendo guiños a lo que ha sucedido o está por venir, mientras al mismo tiempo trata de presentar en sociedad a un par de nuevos personajes e integrantes del equipo, y de ir escalando un poco la tensión por la posible destrucción del mundo a manos de algún súper villano. Todo esto no encuentra su desenlace aquí (no ahondaré en detalles en este punto para evitar los spoilers), porque precisamente su real desenlace será en las siguientes dos películas.

Cual adolescente, Avengers: Age of Ultron también se obsesiona a ratos con las historias románticas. De nuevo, poco desarrolladas y vistas muy superficialmente, pero que en una visión post-pubertad, parecen ser lo más increíble, grave, importante o tierno. Descubrir las intenciones, fantasmas y realidades románticas y sentimentales de varios personajes es uno de los muchos ingredientes que tiene esta receta.

Y en el fondo, de nuevo como en la adolescencia, no se trata más que de una batalla interna y personal; justamente lo que los Avengers tienen que enfrentar en este filme: un enemigo que ellos mismos crearon y las diferencias y desconfianzas entre los miembros del mundialmente famoso equipo.

En el espíritu lúdico de esa edad, la pasarán bien quienes quieran o busquen batallas llenas de acción disfrazadas de secuencias reales (con una cargada mano de efectos especiales y CGI) casi sacadas de un moderno videojuego, en el que varias veces (la primera en los primeros minutos de la película) acompañamos a una cámara que flota y se mueve sin cortes por un par de minutos entre enemigos y superhéroes para mostrar el caos y las diferentes facetas y acciones de la hora de los buenos trancazos. Un coordinado ballet para que todos luzcan sus habilidades y todos veamos que lo hacen al mismo tiempo y en el mismo lugar... juntos, como equipo. Esto último es el eje central de la película: la importancia de que dejen de ser superhéroes y se conviertan realmente en un equipo si quieren vencer a enemigos cada vez más poderosos.

Es imposible decir que Avengers: Age of Ultron funciona por sí misma, como una película con su propia trama, desarrollo y resolución. Marvel no puede ocultar que que esto es sólo parte de un proyecto mucho más grande que una única película, y parece estar dispuesto al sacrificio de entregar algunos filmes de calidad bastante menor.

Esto se debe a que Marvel está dirigiéndose al espectador que se casó con el ejercicio transmedia que puso en acción en 2008 con Iron Man (como se los contamos en el artículo "El Invencible e Inacabable Universo de Marvel"). El espectador que ya ve estas películas no como tales, sino como capítulos de una amplia serie cinematográfica. Algunos capítulos (este es el caso) dependen demasiado de lo sucedido en episodios anteriores y en las series paralelas y buscan al mismo tiempo ser trampolín de la trama hacia el conflicto mayor y final de sus personajes. Al final de cada película, literalmente hay un guiño a lo que falta. Cada mensaje final de alguno de los superhéroes es una pista a lo que se puede esperar de las próximas entregas de cada saga.

Esto es para ese espectador, que a pesar de salir de la sala de cine con un sentimiento de insatisfacción -- de que algo le faltó a la película -- regresará en unos años por el siguiente capítulo. Y regresará por los capítulos paralelos de personajes como IronMan, Thor, Capitán América, etc. Ese es un espectador de ánimo infinitamente adolescente, aquel que seguirá pagando solo porque en su adolescencia desarrolló una relación cercana con estas historias (una buena parte de la actual generación geek). Ese amor es lo único que puede hacer soportable este episodio de Avengers.

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