Andrés Martínez: de Jojutla al espacio sideral de la mano de la NASA

[Latinos en tech 2015] Este mexicano llegó a EE.UU. a los 9 años sin imaginarse que su famoso 'sueño americano' lo llevaría a encabezar el departamento de desarrollo de tecnología de naves espaciales pequeñas en la NASA.

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Andrés Martínez nació en 1964 en un pequeño pueblo de Morelos, México: Jojutla, que en náhuatl significa "lugar donde abunda el color azul del cielo". Hoy, a sus 51 años, Martínez dirige un equipo de desarrollo de tecnología para naves espaciales pequeñas de la NASA y puede presumir de estar más cerca de ese azul del cielo que muchos otros seres humanos en el planeta.

Desde hace ocho años, este ingeniero mexicano trabaja en el programa Small Spacecraft Technology Program (SSTP), un programa dedicado al desarrollo y la demostración de las habilidades de las naves espaciales pequeñas en la prestigiosa agencia espacial de EE.UU.

Pero su llegada hasta ahí no fue para nada fácil.

Andrés Martínez en el centro de investigación Ames de la NASA. Tania González/CNET

Cuando tenía apenas 9 años de edad, Martínez llegó a Los Ángeles, California a reunirse con sus padres, que habían llegado antes a abrirse camino en EE.UU. El proceso de adaptación no fue sencillo pues, como otros inmigrantes, tuvo que despedirse de todo lo que conocía. "Vivir en un apartamento pequeño, no hablar el idioma y no tener las mismas libertades que tienes cuando vives en un pueblito pequeño... es muy difícil para un niño", recuerda.

Su padre, quien tenía su propio taller de soldaduras de alta precisión en California, no le quiso enseñar su profesión para que no se dedicara a ella. "Su visión era que yo fuera un ingeniero, un doctor porque él no tuvo las mismas oportunidades".

Y así fue. Martínez se matriculó en el Colegio Comunitario del Este de Los Ángeles para después transferirse al Politécnico de la Universidad del Estado de California (también conocida como Cal Poly) para estudiar ingeniería. Allí, recuerda, algunos compañeros lo hicieron sentir que no pertenecía a ese lugar por ser latino, pero muchos acabaron pidiéndole a él ayuda con sus estudios, "al único latino en esa clase", recuerda.

Martínez inició su carrera en 1992 en Xerox, donde hizo de todo, desde trabajos de sistemas de ingeniería hasta desarrollo de plataformas. Más tarde, en 2003, se unió al Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, un centro de investigación federal enfocado en las ciencias básicas y la seguridad nuclear.

Tras un paso por Motorola de año y medio, empresa en la que estuvo a cargo del desarrollo de la nueva generación de decodificadores de alta definición, fue contratado por la NASA en 2007 como Constellation Program Data Systems Lead, donde se hizo cargo de los equipos de desarrollo de software y sistemas.

Pero Martínez tenía sus ojos puestos en retos más allá del firmamento. Una de sus obsesiones era colocar un satélite hecho por su equipo en el espacio sideral. Después de que le cancelaron su primer proyecto, la NASA lo asignó hace ocho años como gerente de SSTP, que desarrolla naves pequeñas para explorar su importancia en la ciencia y la exploración espacial.

Dentro de SSTP, Martínez supervisa varios proyectos, que van desde el desarrollo de nueva tecnología en el ámbito de la propulsión, hasta misiones dedicadas a estudiar biología en el espacio utilizando satélites pequeños diseñados por su equipo.

En los próximos doce meses, Martínez estará a cargo de 16 lanzamientos de satélites pequeños en la órbita baja terrestre que servirán para probar nuevas tecnologías, además de ser el punto de contacto técnico entre Latinoamérica y el Centro de Investigaciones AMES en California. Además, de haber participado como gerente del programa SPHERES (lee aquí más sobre el programa), entre otros proyectos.

En el futuro, Martínez quiere seguir apoyando a las agencias espaciales de México, Ecuador, Colombia y Brasil, guiándoles en cuestiones técnicas para que tengan éxito en sus respectivas misiones.

Pero, más que nada, Martínez se imagina encabezar una misión que vaya más allá de la órbita terrestre, una misión que sobrepase ese azul del cielo que conoció en Jojutla para alcanzar la estrellada negrura del espacio sideral.