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Ciencia

Las algas están acabando con las playas mexicanas

El sargazo, un alga marrón, es peligrosa para los ecosistemas costeros y para los seres humanos.

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Cristina Mittermeier, bióloga marina, fotógrafa y cofundadora de SeaLegacy, de pie en el sargazo amontonado sobre la arena en una playa en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an.

Sarah Tew/CNET

Un alga marina llamada sargazo está invadiendo la costa de México, y los científicos no saben por qué. "Es complicado", dice Mengqiu Wang, investigadora posdoctoral en la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad del Sur de Florida.

El sargazo es un "hábitat marino crucial" en el océano abierto, pues proporciona refugio y alimento a la vida marina, pero representa riesgos para la salud de los ecosistemas costeros, incluidos los seres humanos, dice Wang. Desde 2011, el sargazo ha venido inundando las costas del Golfo de México y el Mar Caribe, lo que confunde a los investigadores porque estas macroalgas marrones solían florecer —y permanecer— en el medio del océano. Pero ese ya no es el caso.

Wang y su equipo mantienen un sistema satelital de monitorización de sargazo (enlace en inglés), que muestra cómo se dispersa el alga por el Caribe gracias a imágenes de la NASA. Su objetivo es desarrollar más algoritmos predictivos que permitan determinar si el sargazo seguirá siendo un problema para las comunidades costeras en los próximos años.

A finales de julio, viajé a Akumal y Tulum, en la península de Yucatán, México, con Cristina Mittermeier, bióloga marina, fotógrafa y cofundadora de SeaLegacy. Mi objetivo era escribir un perfil sobre ella, su vida y su trabajo, que están estrechamente vinculados. Durante el viaje, nos encontramos con grandes cantidades de sargazo.

Decidí entonces conocer más sobre esta alga maloliente y por qué estaba causando estragos en la costa de México.

El sargazo es bueno, pero no en la costa

En tierra, el sargazo huele a huevos podridos y resta belleza a las playas. En algunos casos, como en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an (en la foto superior), las algas cubren la arena casi por completo. A ese nivel, pueden evitar que las tortugas aniden, ya que estas pueden enredarse y atascarse en las algas, o incluso tener problemas para llegar hasta la playa.

Un estudio sugiere que el sargazo en las playas puede agudizar condiciones de salud preexistentes en los seres humanos o provocar otras nuevas. La investigación menciona desde dolencias respiratorias, como asma, y dolores de cabeza hasta pérdida de la memoria, todo ello atribuido a gases tóxicos que se producen a medida que las algas mueren, como el sulfuro de hidrógeno y el amoníaco.

A medida que el sargazo se acerca a la costa y comienza a descomponerse, consume más oxígeno, creando lo que Wang llama una "zona baja en oxígeno". Eso significa que los arrecifes de coral, el pasto marino, los peces, las tortugas y otras especies marinas pueden sufrir carencias de oxígeno debido al sargazo en aguas costeras.

En la ciudad costera de Akumal, en México, Mittermeier y yo nos encontramos con equipos de personas que, con horquillas en la mano, se encargaban de apilar el sargazo en remolques para alejarlo de los turistas. "La gente no está viniendo [debido a las algas]", nos dijo un empleado. Puedo confirmar que el sargazo podrido huele horrible, incluso desde lejos, y es una molestia visual para los visitantes que esperan playas de arena blanca.

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Un equipo en Akumal, México, recolecta algas de sargazo muertas y las apila en camiones para ser transportadas. El olor es horrible.

Sarah Tew/CNET

¿Qué lo causa?

El derretimiento del hielo polar mezclado con agua salada podría estar causando que el sargazo crezca y se extienda más que en años anteriores, dice Mittermeier. También menciona la deforestación en la Amazonía y un aumento en el uso de fertilizantes, que van a dar al río Amazonas y luego llegan al océano, como otra de las causas posibles.

La investigación de Wang apoya la hipótesis de que la deforestación en la Amazonía es una causa potencial, lo que detalló en un estudio reciente publicado por ella y sus colegas en la revista Science. A medida que el fertilizante utilizado en la región amazónica va a dar al río Amazonas y, finalmente, al océano, crea "un aumento en las condiciones de los nutrientes que estimula el [crecimiento del] sargazo", dice Wang. En el medio del océano, el sargazo por lo general no cuenta con muchos nutrientes que estimulen su crecimiento, pero la escorrentía de fertilizantes podría estarlo alimentando y ayudándolo a crecer.

A medida que más sargazo florece, hay una mayor probabilidad de que llegue a la costa y perjudique a las comunidades locales, tanto en términos de turismo como de salud, por la exposición repetida a los gases tóxicos.

También hay teorías de que el polvo del desierto del Sahara y el desplazamiento de las aguas superficiales de la costa de África occidental contribuyen al aumento del crecimiento del sargazo.

La 'nueva normalidad'

El sargazo no es algo nuevo. Cristóbal Colón escribió sobre él en el siglo XV, dice Wang.

Sin embargo, ella y otros científicos de la Universidad del Sur de Florida se encuentran estudiando el "gran cinturón de sargazo del Atlántico", una franja continua de sargazo que se extiende desde África occidental hasta el Golfo de México, una distancia de aproximadamente 5,500 millas (8,850 kilómetros), a la que llaman "la más grande floración de microalgas del mundo". Esto no es algo típico.

Pero independientemente de la causa o causas específicas del crecimiento del sargazo, hay algo que todas estas teorías tienen en común: un factor lejano está contribuyendo a cambiar las condiciones en estas playas en México, perjudicando el turismo y haciendo que el área sea menos hospitalaria para los seres humanos, los animales y las plantas.

Wang está fascinada con el sargazo y planea continuar investigándolo para comprender mejor por qué ha crecido tanto desde 2011. También está trabajando en algoritmos que ayuden a predecir mejor el tamaño y la ubicación de las floraciones de sargazo del próximo año. En cualquier caso, su investigación sugiere que el sargazo que obstruye las aguas costeras podría convertirse en la "nueva normalidad".