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Meow Wolf

Por fuera, la normalidad

Un piano, más normalidad

Miremos bien: aparece lo extraño

De vuelta a lo normal

La entrada al otro mundo

Más puertas

Animales

Más animales, muy coloridos

Más colores

Luces infinitas

Hacia el futuro

Personajes con máscaras

Juegos

Asómate

Un vistazo

Nuevos cielos

Casas de muñeca

Más ventanas

Más objetos para tocar

Pilas de objetos amontonados

Luces

Adiós

El cartel en la parte exterior de la casa contiene el nombre del grupo de artistas que hizo posible esta casa, que parece salida de Alicia en el país de las maravillas. Se trata de un grupo de 75 jóvenes que atraen a cerca de 100,000 visitantes por año, según The Guardian.

El autor de Game of Thrones, George R.R. Martin (que en verdad es originario de New Jersey pero que, según confiesa, se mudó a Santa Fe, Nuevo México, "por la comida") dijo a varios medios que invirtió US$ 2.7 millones en este entretenimiento porque estaba cansado de ver cómo los jóvenes de esta ciudad se mudaban por falta de oportunidades laborales.

Texto de / Foto de Mariana Marcaletti / CNET

Ni bien ingresamos a esta casa, todo parece normal: vemos restos de medicina en el baño, papeles sueltos y fotos de una familia, y hasta podemos comenzar a interpretar su historia mediante una serie de pistas desparramadas a propósito por todos lados. Esta casa-museo demanda un espectador que participe y sea protagonista en la búsqueda de su propio relato.

Texto de / Foto de Mariana Marcaletti / CNET

Encontramos un piano en una de sus salas y, a diferencia de un museo, en donde no podemos tocar nada, aquí se nos invita a manipular todos los objetos: toqué el piano, que sonaba muy bien, y la actitud hiperactiva de los adultos que estábamos presentes era bienvenida. En esta casa se incentiva la exploración y sacar las máscaras de los objetos reales que encontramos para ver qué ocultan detrás.

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Si somos curiosos, notaremos que hasta los objetos más cotidianos, como este inodoro, contienen elementos raros. En el fondo, hay una persona cayendo en un hueco que parece infinito, en una clara referencia a Alicia en el país de las maravillas y su narrativa fantástica.

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Si volvemos al baño, de nuevo nos encontramos con objetos de lo más comunes y corrientes. Es como si esta casa del eterno retorno nos devolviera, todo el tiempo, a dos planos de existencia: la ordinaria, con las cosas de todos los días, y la extraordinaria, donde aparecen detalles mágicos que nos llevarían a otro mundo.

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No hay una única entrada a este otro mundo, sino muchas. Puede ser la heladera, la chimenea, el armario de una habitación o una casa rodante en el patio. La gracia es: abrimos una puerta, y aparece todo un nuevo ecosistema.

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Los puntos de pasaje son variados, y algunos hasta tienen formas cuasi-humanas.

Texto de / Foto de Mariana Marcaletti / CNET

Y los rasgos de normalidad se van perdiendo cada vez más, y aparecen personajes, como este ciervo, que pertenecen al mundo animal y también al universo de lo sobrenatural, con rasgos mitológicos y capacidades particulares.

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Y si a primera vista podemos ver los rasgos exteriores de los animales, Meow Wolf invita a ver lo invisible: sus esqueletos, traducidos a través de luces flúor de colores.

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Y hasta podemos observar las ramas de los árboles en esta variedad de colores fuertes, en un bosque teñido de aventura que invita a los visitantes a correr por sus pasillos.

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Del cielo, que no es único y cuyo techo no parece alcanzarse nunca porque no tiene fin, se desprenden ramas de tonos verdes fuertes, con otros objetos colgados que parecen caer hacia el suelo, pero que se mantienen sostenidos en el aire.

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Como el cielo, la luz tampoco se acaba nunca. Si miramos hacia arriba, muchas líneas paralelas se suceden unas con otras y simulan juntarse hacia el final. La casa del eterno retorno, que no se sabe dónde empieza ni dónde termina, también parece ser infinita.

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Esta casa, que es bastante tradicional en su exterior "normal", es bastante futurista en los escenarios mágicos que gesta en su interior. Esta cápsula espacial funciona como sala de estar para los que andan paseando cerca de ella, y como cohete que te transporta a otros mundos imaginarios.

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Algunos seres que habitan el mundo subterráneo portan máscaras, y los que viven en el "mundo real" también tienen las propias. En la historia familiar de la superficie también hay subrrelatos que, una vez hilvanados (y según la interpretación de la persona que observa), dan pistas de idas y vueltas, verdades y mentiras, y muchos secretos que se esconden.

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En la casa de las semiverdades, lo único constante es el juego. Sea dentro de una habitación "normal" o de una sala "imaginada", el recorrido es lúdico, con el cuerpo que entiende de qué se trata cada etapa. También hay momentos menos activos, con consolas electrónicas que son parte de la misma sección de irrealidad de los cohetes, los animales extraños y las ramas de colores.

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En cada ventana, se arrima una nueva historia. Si nuestra cabeza se atreve, veremos conejillos de indias, personajes convertidos en objetos de una observación ajena, tal vez víctimas de un plan maestro que los contiene, y los atrapa.

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Dentro de las ranuras y ventanas también hay animales míticos, como los unicornios, que pertenecen más al universo de la ficción que al de la realidad.

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Por cada parte que se termina, una nueva y con más facetas está por comenzar.

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Las dimensiones de un mundo y del otro no son comparables: si todo es enorme y espacioso en el lugar de verdad, las proporciones se vuelven más pequeñas e incluso intrincadas en su faceta irreal.

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Y si por algunas espiamos, por otras nos espían.

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Los objetos tienen una razón de ser y, aunque parezca aleatorio, el propósito siempre está presente. En esta instalación, las personas usaban sus manos para recrear sonidos de lo más diversos.

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La circulación por el espacio no está predeterminada, sino que la manera de hacer el recorrido depende de cada uno. En cada sitio hay una serie de elementos desparramados, a veces unos sobre otros, que nos incitan a treparlos o saltarlos como si estuviéramos en una carrera de obstáculos.

Texto de / Foto de Mariana Marcaletti / CNET

Así como cada parte de la casa tiene un motivo particular, también tienen luces de colores especiales. Algunos segmentos están simplemente dedicados a descansar, con luces celestes o rosas, e incluso con pastos verdes, para sentarse o acostarse y relajarse un rato. Es que imaginar, cansa.

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Al salir de este hogar mágico, nos encontramos con un gift shop, como si fuera un museo. En su exterior, un robot gigante señala la existencia de esta casa artística. Si planean visitarla, chequeen antes su sitio web aquí porque cerrarán del 17 de enero hasta el 31 por reformas. Los martes no abren, y la entrada para adultos cuesta US$18, para niños US$12 y para jubilados US$16 (los habitantes de Nuevo México tienen descuentos).

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